Patricia es una mujer mexicana afincada en Cataluña desde hace años. En su persona se sintetizan varías culturas: la mesoamericana, la mexicana moderna, la castellana, la catalana y también, me consta, la anglosajona. Tuve la suerte de gozar de su colaboración en cuestiones del ámbito docente durante unos cursos. Sé que sigue mis crónicas sobre su país y los comentarios que me adjunta por e-mail son tan jugosos que no resisto la tentación de plasmarlos en esta entrada como complemento de mis modestas apreciaciones. No la podré complacer en la petición que me hace sobre el Museo de Antropología porque cometí, una vez más, un error imperdonable: intentar recorrerlo todo en no más de tres horas. Habría sido más inteligente hacer una selección de salas y profundizar en ellas. Todo requiere muchísimo tiempo....
Aunque no es mía, he elegido la imagen de la Plaza de las Tres Culturas como la más adecuada para ilustrar estos textos de Patricia.
"Luis: no sabes cuánto estoy disfrutando tus crónicas mexicanas, eres un viajero con mayúsculas. Creo que si un día me tocara la lotería me haría con un avión privado para ir de conciertos, operas y museos y demás, ahí donde me apeteciera, tú serías la compañía ideal en estos viajes soñados que seguramente se quedarán en eso: marihuanadas o viajes de indio yaqui peyotero.
Tus relatos tienen mucho significado para esta mexicana con casi 30 años de exilio.
Tanto Chiapas como Oaxaca son parte importante de mi infancia.
Chiapas lo viví cada verano hasta los 11 años pues mi abuelo materno era farmacéutico y paramédico en Salto de Agua, Chiapas en el río Tulijá y a su consulta acudían chamulas que no tenían conciencia de que Guatemala y México eran dos estados distintos pues la supuesta frontera estaba tan cerca como el patio trasero, este abuelo mío hablaba el dialecto chamula con la misma soltura que bailaba cumbias y nos entretenía por la noche con unos relatos mágicos que solo se pueden comparar con los de Gabo.
Oaxaca es para mi la tata Lola con sus altares de muertos que ya antes te comenté, ese tabú que es la muerte me fue dulcificado gracias a estas experiencias, creo que Octavio Paz lo describe mejor que nadie, aunque me temo que de tanto jugar a los muertitos se ha acabado por trivializar tan grave tránsito.
Tu niña guía Rosarito es una privilegiada como habrás podido ver por los trabajos que tienen otros niños en México, hacen falta dos generaciones que hayan ido a la escuela previo desayuno y bien calzados para que en mi país empiecen a cambiar realmente las cosas.
Es muy curiosa la anécdota del guía de Teotihuacán, hace 30 años era muy difícil oír a un mexicano hablar con orgullo de su raza, indio sigue siendo peyorativo en muchos sitios del país, hay un racismo tan sutil como grados de coloración de la piel y clases sociales, aunque todo el mundo se siente orgullosísimo de lo chingones que eran los aztecas con su Moctezuma polígamo y obeso, y de que dimos al mundo el maíz, el tomate, la vainilla, el chocolate, las flores de muertos y de pascua y no me acuerdo de cuántas cosas más, ay sí, la mordida.
Espero con ilusión el resto de estas crónicas, una del Museo Etnográfico puede ser? es la planta segunda del de Antropología de Chapultepec, a mi modo de ver mucho más interesante cuando ya estás un poco saturado de piedras y penachos.
En mis tiempos de estudiante ahí también estaba la Escuela Nacional de Antropología con una biblioteca maravillosa.
Cordialmente,
Patricia"