De la misma manera que a los
padres les cuesta asumir las nuevas formas de entender la vida de sus hijos, a
estos les pasará lo mismo con los suyos: la sempiterna lucha generacional...Los
políticos que vienen detentando el poder desde hace tiempo aventuran que los
emergentes nos llevarán al caos...El deseo de mantener lo establecido se
enfrenta con el de no aceptarlo y tratar de cambiarlo. La eterna lucha
entre los ocupantes de la poltrona y la de los nuevos aspirantes...Dicen que a los
jóvenes les gusta heredar cosas, pero no ideas. Y en estos tiempos, todo esto
todavía es más palpable.
La experiencia de saber por haber
vivido más y que en otros tiempos tenía un valor incuestionable, hoy está
siendo sepultada por las ciencias y los cambios tecnológicos que multiplican la
capacidad del cerebro y aceleran de manera vertiginosa la evolución de todo, incluso de las ideas...
Nadie duda de que los mayores
hemos quedado epatados por todos estos cambios tecnológicos y que estas
herramientas están en manos de los jóvenes. No es aventurado pensar que, dada
la crisis económica actual y las desigualdades que genera, los jóvenes
inventarán no sé qué, pero que supondrá cambios de una insospechada trascendencia
en todos los ámbitos: social, científico, humanístico, artístico, económico, político...
Es evidente que se avecina una
nueva etapa apasionante, aunque plena de incertidumbres y que a más de uno le
provocará lógicas inquietudes. Lo mejor que podemos hacer los que estamos en la fase de pasar el testigo a los más
jóvenes, si es que no lo hemos pasado ya, es no pensar como nuestros bisabuelos...