En su día leí Otelo de Shakespeare y ayer por la noche, gracias a una invitación, asistí al
estreno de la ópera Otelo de Verdi en
el Liceo. No tengo formación operística para opinar con criterio, pero la fría,
muy fría, reacción del público no dejó lugar a dudas: la desilusión fue muy
generalizada. Incluso me pareció escuchar desde el cuarto piso, donde me
hallaba, algún tímido abucheo dirigido a algunos de los protagonistas. Creo que la actuación de Marc Heller fue un tanto cuestionada. Si tuviera que destacar algo positivo, desde
mi ignorancia sobre este género, serían las interpretaciones de los coros, de
la orquesta y de la "Canción del
sauce" que sonó mucho más íntima al reducirse la caja escénica a un simple dormitorio. La idea de recrear la historia en un campo de refugiados con
vigilantes que lucen abrigos de la Wehrmacht nazi me desconcertó un poco. No sé
hasta qué punto la estructura de los nichos con jergones, donde se hallan
desconexionados los componentes del coro (refugiados), ayudan o dificultan la
actuación del mismo...
Como es bien sabido, los celos se erigen en
protagonistas tanto en la obra original
como en las versiones posteriores,
incluyendo las óperas de Verdi y Rossini.
Que Shakespeare decidiera que el personaje de Otelo fuese de raza negra
no es gratuito. Los hay bien o mal pensados que consideran que este mítico
escritor elige intencionadamente a un protagonista de "color" para
que quede de manifiesto su debilidad mental y la inferioridad de su raza ante
la sospecha de los celos. El racismo, como se evidencia en esta obra, viene de
lejos...
El argumento de la obra en pocas palabras: Otelo, prestigioso militar, y
Desdémona, hija del senador Brabancio, se enamoran y se casan en secreto. Yago,
uno de los alféreces del Otelo, movido por el odio que siente hacia él, trata
de provocar los celos de éste haciéndole creer que su esposa le es infiel con
Casio, su más leal teniente. Víctima de sus terribles celos, Otelo, antes
hombre sensato y seguro de sí mismo, evoluciona psicológicamente hasta
convertirse en un ser amargado y con evidente flaqueza mental. Tanto es así que
acabará dando muerte a Desdémona, que representa la bondad y dulzuras
personificadas y la aceptación resignada de la violencia de género: Después, al descubrir que todo ha sido un
engaño del malvado Yago y que ha cometido un error de consecuencias trágicas,
se suicida.
Ahora vendría a colación hacer
referencia a Freud y sus archiconocidas teorías sobre los celos. Freud dice que
en los celos se combinan diversos elementos: duelo por la pérdida real o no del
amor de un ser querido, hostilidad hacia rivales que compiten, autocrítica, etc.
También es muy conocida la clasificación que hace de los celos: normales o frecuentes, proyectados (se refiere a depositar en el exterior procesos inconscientes
propios) y delirantes
(el delirio es de tal magnitud, que el paciente celoso lo
experimenta creyendo estar viviendo en carne propia la infidelidad de su ser
querido, como si pudiera meter su mente en el cuerpo de su pareja, lo que le
permite "comprobar" el acto desleal).
Es evidente que los celos,
sean de uno u otro diagnóstico o categoría, hacen muy infelices a las personas que los
sufren. En los casos más graves (proyectados y delirantes) es necesario buscar
ayuda profesional.
Otelo sufre una patología
de celos delirantes y, aunque son totalmente infundados, pierde el control de
sí mismo y comete el peor de los actos: asesina a Desdémona, mujer que lo ama
incondicionalmente, y se suicida, al tener conciencia de su tremendo error.
Y ahora viene la duda que
tengo desde siempre sobre este asunto: creo que la inmensa mayoría de los celos
obedecen a causas infundadas, irreales, imaginadas...


