Hace
un año aproximadamente me manifestaba con estos términos en esta misma bitácora
y, a raíz del último episodio que ha sido noticia estos días, sigo pensando lo
mismo:
"Me solidarizo con Gerard Piqué, dadas las
muestras de desafecto - valga el eufemismo - que está recibiendo por esos
aficionados de diferentes estadios de fútbol que no tienen idea de qué es la
democracia. Me solidarizo con él, insisto, porque lo que manifestó fue
simplemente mostrarse favorable a una consulta, "algo democrático que tiene que suceder". Parece ser
que para muchos eso está reñido con vestir la camiseta de la Selección Española
de Fútbol...Y por supuesto, está en su derecho de asistir a la manifestación de
la Diada o de
simpatizar o no con la independencia..."
Gerard
Piqué juega en las distintas categorías con la Selección Española desde los 16
años. El balance de esta larga trayectoria - 85 veces internacional - es muy
positivo. Nadie que entienda de fútbol lo cuestiona. Sin embargo, asuntos
irrelevantes a los que se ha dado una trascendencia inusitada han empozoñado
su carrera con la Selección Española de Fútbol hasta el extremo de que
haya anunciado su retirada tras el Mundial de 2018. La gota que ha colmado el
vaso ha sido la polémica desatada en las redes a raíz del encuentro con
Albania, disputado el domingo pasado, en el que jugó con una camiseta a la que
había recortado las mangas. En las redes se interpretó que lo hizo para
librarse de un ribete rojigualdo. Posteriormente se ha demostrado que tal
interpretación no tenía fundamento alguno porque dicha camiseta no llevaba tal
ribete.
El
conflicto con Piqué viene a partir de
que se hicieran públicas sus celebraciones de algunas victorias del Barça sobre
el Real Madrid y tras publicar tuits reflejando su participación en las
manifestaciones de la Diada. Ambos episodios lo han convertido casi en el enemigo público nº 1. Sus
detractores ignoran la trayectoria exitosa de Piqué con la Selección - un
Mundial y una Eurocopa - y miran hacia otro lado cuando, para calmar la
tormenta, no tiene inconveniente en fotografiarse junto a su hijo vistiendo la
camiseta de la Selección Española tras la victoria de la Selección en Toulouse
ante la República Checa el verano
pasado. Supongo que este gesto no
le habrá granjeado adhesiones entre sus acompañantes en la Diada...
Lo
más lamentable de este episodio es que las críticas de las redes, que amparan
el anonimato, han encontrado eco en tertulias de radio o televisión y en medios
deportivos que alimentan la fobia contra Piqué y acaban siendo tóxicos...(Algunos
de estos medios - AS, por ejemplo - ya están entonando el "mea
culpa" estos días...Hipócritas.) Mezclar su competencia profesional
indiscutida con una hipotética opción política de carácter personal es infame. He escrito hipotética porque Piqué nunca se ha confesado independentista o antiindependentista. Posiblemente esta ambigüedad deliberada sea la hoja de ruta más inteligente que se pueda adoptar para sobrevivir en esta fragmentada Cataluña. Lástima que no pocos ya nos hayamos definido...
Piqué
no es ningún angelito de la guarda y él no ignora que en muchas ocasiones no
ha sido políticamente correcto en las redes, pero desde hace tiempo venía
mostrando una actitud discreta y modélica, haciendo oídos sordos a los pitos
que escuchaba cuando España jugaba en campos locales. De nada le ha servido. Algunas cámaras siguen persiguiéndolo obsesivamente haciendo lecturas gratuitas de si frunce o no el entrecejo, de si mira hacia arriba o hacia abajo, de si sus dedos expresan esto o lo otro...mientras la Selección escucha los sones del himno nacional. Por
eso, y lo comprendo y me solidarizo con su decisión, ha decidido poner muy
pronto punto y final a su etapa con la Selección.