No hay nada que le guste más a un enfermo que hablar de su enfermedad con otro enfermo. Si la
enfermedad es la misma, la empatía
que ambos sienten se parece al amor: las almas enfermas
se sienten almas gemelas y el alivio es mutuo. A un enfermo le cuesta poco "ponerse
en los zapatos del otro
Hace medio año sufrí una
pequeña intervención quirúrgica. Supe de un vecino que había pasado por el
mismo trance. Nos comunicamos nuestras propias peripecias, la evolución de la
convalecencia, la mutua satisfacción con los resultados... Hasta tal nivel ha
llegado nuestra convergencia que nos alegramos cuando coincidimos al entrar o
al salir de casa, en el ascensor...Incluso formamos un frente común en la última
reunión de la comunidad de vecinos, que ya es decir...Durante los anteriores 30
años de vecindad no habíamos pasado de saludarnos cortésmente. Sin más...
También siento especial empatía
por los que tienen aficiones similares a las mías; por los que son de
determinados lugares que he conocido y me han dejado un grato recuerdo; por los
que saben escucharte y te miran cuando les hablas; por los que saben hablar;
por los que comparten lo que saben sin alardes de ninguna especie; por los que tienen sentido del humor y saben
contagiarlo; por los que se expresan con determinados acentos; por....
Haría una lista enorme, pero no
quiero abusar de vuestra paciencia...
Lo bueno de la empatía es que es una habilidad susceptible de desarrollo. Saber quitarse el marco de referencia personal para meterse en el de la otra persona y no proyectar en ella nuestros propios sentimientos
es lo básico...Siempre me ha gustado la
frase esa de "ponerse en los zapatos del otro". Por eso, la
repito...
