José Luis Corral
Tiempo habrá para expresar lo que me
ha deparado la desconexión casi total de Internet y algunas de sus redes
sociales durante un mes y a dónde me han llevado las reflexiones sobre el grado
de dependencia que pueden generar en sus adeptos. Adelanto algo: he sobrevivido
sin atisbos de "mono" y sin apenas
esfuerzo. Atribuirme mérito alguno sería envanecerme sin fundamento. Quizás ha contribuido mucho tener la
convicción de que el desenchufe tenía fecha de caducidad...
Como les ocurre a otros amigos
blogueros, abordar temas ajenos a la conflictiva actualidad que nos embarga puede
resultar frívolo. Tengo algún escrito sobre mi reciente viaje a Jordania y
Jerusalén, que tuvo lugar días antes de que estallara el cíclico conflicto
entre Israel y Palestina, y también el resultado de algunas reflexiones que me
ha permitido llevar a cabo el tiempo estival transcurrido en un pequeño pueblo
encerrado en una peculiar orografía del Sistema Ibérico, cuyo Parque Geológico
- uno de los tres más importantes de Europa - de singulares formas constituidas por estratos pétreos y opacos despierta la admiración y el pasmo de los que
saben apreciar estos dones de la Naturaleza. Además de las imágenes geológicas, en mi memoria y en mi retina todavía perviven otras más vivas de buitres, cabras hispánicas, bosques de enebros y sabinas, ríos
sedientos, guillomos, gamones, pinares calcinados y chopos cabeceros sin podar y
abandonados a su suerte desde hace largos años...
Iremos dando salida a estos asuntos y
a los que se tercien sin apenas planificación. El tiempo y las circunstancias
marcarán la pauta. Personalmente, tengo necesidad de escribir sobre lo que me
preocupa y que pueda ser compartido por los más cercanos. Las cuestiones
íntimas de carácter personal acostumbro a compartirlas con alguien que sabe
soportarme y guardar las confidencias.
Me refiero a mi almohada, claro...
La multiplicidad de conflictos de
Oriente Medio y sus aledaños sigue ahí. Y nadie, aunque mire hacia otros lado,
puede ignorarlo. Poco podemos hacer desde nuestra humilde esencia y morada,
pero todo lo que pueda contribuir al conocimiento es bienvenido. Y ahora entro,
por fin, en el tema de esta larga y ¿tediosa? entrada...
De José Luis Corral podría escribir
largo y tendido. He leído docena y media de sus libros, sobre todo del
género narrativo histórico y he tenido el honor de presentarlo en dos
conferencias que impartió en Barcelona hace unos años. En la primera de las
presentaciones me extendí tanto rato glosando sus novelas y sus méritos como
catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza que Cruz Barrio,
la bibliotecaria organizadora del acto, tuvo que hacer gestos ostensibles
recomendándome que pasara el micrófono ya al
protagonista del acto cultural...
Por cierto, José Luis Corral anuncia con
las palabras que transcribo a continuación un artículo que no dejará
indiferentes a sus lectores tanto si son soberanistas como si no...
"Algo está
cambiando en Cataluña y en España; es probable que se esté empezando a perder
el miedo a la verdad. El Periódico de Cataluña me ha pedido un largo artículo
sobre el tricentenario de la conquista de Barcelona con motivo de la Diada del
11 de septiembre. Ya está escrito: allí denuncio la manipulación
ultranacionalista de la historia de Cataluña. Saldrá publicado en los próximos
días, y creo que lo harán
todos los diarios del grupo Zeta. Si la prensa pierde el miedo que ha tenido
hasta ahora a la libertad, las cosas pueden empezar a cambiar para mejor.
Quizás el caso de Pujol haya abierto los ojos a muchos que o los tenían
cerrados o miraban hacia otra parte. Claro que siempre hay alguno, como el
patético Felipe González, que todavía cree que Pujol no es un corrupto; debe
ser el único. No sé a qué esperan los renovadores del PSOE para expulsar a este
señor de un partido que se dice "Obrero y defensor del proletariado"
en su programa máximo. Como dice el refrán, "Cree el ladrón..."
El texto que presento a continuación
lo he sacado del Facebook y creo que vale la pena dedicarle unos minutos.
Comparto la mayoría de las ideas expresadas y por eso me presto gustoso a
divulgarlas...
JOSÉ LUIS CORRAL: EL ESTADO ISLÁMICO,
AL-ANDALUS Y OCCIDENTE
Hace unos meses que en el norte de
Irak y el noreste de Siria se ha instalado el llamado “Estado Islámico” (ISIS
en las siglas en inglés). Su líder, Abu Bakr al-Baghdadi (que ha tomado el
nombre del sucesor de Mahoma) se ha autoproclamado “califa de todos los
musulmanes” (califa significa “el primero de los creyentes”).
Dirigen ese Estado Islámico una panda de fanáticos escindidos de al-Qaeda, herederos de grupos
ultraislamistas que abogan por la práctica del “yihad” (palabra que no
significa “guerra santa”, sino “esfuerzo”, y en árabe es un término masculino),
es decir, “defender el Islam por todos los medios”. Practican el islam según la
doctrina sunnita (mayoritario entre los musulmanes), y son enemigos acérrimos
de los chiítas (el segundo grupo más numeroso en el islam), y lo hacen según la
interpretación más radical y extrema.
En uno de sus
últimos comunicados reclaman la posesión de al-Andalus, es decir, el territorio
que en alguna ocasión estuvo bajo dominio político musulmán en la Península
Ibérica (casi toda a mediados del siglo VIII y sólo el reino musulmán de
Granada en el XV).
Desde luego,
este grupo de criminales alunados no tienen ni idea de historia (y si la tienen
lo disimulan muy bien) y, además, dudo que conozcan los principios
fundamentales del islam (a pesar de que algunos de sus líderes son licenciados
y doctores en derecho), y si los conocen los conculcan gravemente. Mahoma en el
Corán (a pesar de las contradicciones que encierra el libro sagrado del islam)
afirma que la paz y la vida humana son los valores esenciales de su religión, y
al profeta del islam se le atribuye esta afirmación: “La tinta del sabio es más
preciosa que la sangre del mártir”.
El problema es
que el islam no ha evolucionado desde hace siglos. Sus últimos grandes intelectuales
(Avicena, Avempace, Averroes) vivieron en los siglos X, XI y XII, y el
ultimísimo, Ibn Jaldún, murió en Túnez en 1404. Desde entonces, los intentos de
renovación y modernización del islam han resultado fallidos.
Al-Andalus no fue un país poblado por árabes. Desde el año 711 y a lo largo de los siglos siguientes llegaron a la Península Ibérica varias decenas de miles de árabes, sirios y norteafricanos musulmanes, pero la inmensa mayoría de la población de al-Andalus era indígena. Esa población se fue islamizando mediante la conversión a la religión de Mahoma y la arabización cultural en los siglos VIII, IX y X. Del total de habitantes de al-Andalus (alrededor de unos 5 millones) ni siquiera el 5% era de procedencia árabe. De modo que España (y Portugal) no es “la tierra de los abuelos” de los fanáticos miembros del nuevo Estado Islámico.
Ahora bien, el
problema entre el Islam (con mayúscula cuando se trata del territorio de
mayoría musulmana y no de la religión) y Occidente es mucho más complejo de lo que
algunos simplistas plantean como una mera guerra entre culturas, señalando a
los musulmanes como los malos y a los occidentales como los buenos.
En los últimos
doscientos cincuenta años las potencias imperialistas europeas (Reino Unido,
Alemania, Italia, Francia, incluso España), a las que en el último siglo se ha
sumado entusiásticamente Estados Unidos, han robado, saqueado, violado,
colonizado, esquilmado, humillado y decidido el futuro de cientos de millones
de musulmanes, en vergonzosa colaboración con las elites dirigentes de esos
países.
En Londres,
París o Nueva York se ha trazado el destino de los países de mayoría musulmana,
repartiéndolos a su antojo y diseñando sus fronteras en función de los
intereses económicos y políticos de los occidentales.
Al culto y pacífico Occidente jamás le ha interesado que los países musulmanes evolucionen hacia formas de gobierno democráticas. Lo que siempre han pretendido es que esos países sean dominados por minorías autoritarias y dictadores sin escrúpulos que sometan a sus pueblos a costa de hacerse enormemente ricos y que se presten a colaborar con Occidente. Los que han formado militarmente y los que han fabricado y vendido las armas a los taliban afganos y a los yihadistas del Estado Islámico no son los imanes de las mezquitas de La Meca o los ayatolás de las madarsas de Teherán, sino los empresarios de los complejos industriales militares de Moscú, Detroit, Londres, Madrid o Toulouse, los “educados” defensores de la civilización occidental que no dudan en bombardear Bagdad, Mosul, Kabul o cuanto se ponga por delante en “defensa de los valores de la libertad que siempre ha encarnado Europa”, siempre que con ello hagan un próspero negocio vendiendo sus misiles y sus bombas a diestro y siniestro.
Sí, con un par, como si el criminal Hitler, el fascista Mussolini, el dictador Francisco Franco, el asesino Leopoldo rey de Bélgica, el genocida Stalin, los generales asesinos de la guerra de los Balcanes, los jueces británicos que aplicaban la pena de muerte a fines del siglo XIX a un niño de doce años por robar un caramelo o la Inquisición que llevó a miles de seres humanos a la hoguera no hubieran sido occidentales sino extraterrestres.
Las “brillantes”
mentes que dirigen la política europea y norteamericana (menudo bluff el
impostor Barak Obama), aplauden, estrechan la mano e incluso agachan la cabeza
ante dictadores como el rey de Arabia Saudí (donde rige por cierto el
wahabismo, la más férrea de las doctrinas del islam –aunque para algunos el
wahabismo salafista no es islam-) o como los golfos emires del golfo (Qatar,
Kuwai, Dubai), en cuyos países se conculcan día sí día también los derechos
humanos básicos, especialmente los de las mujeres. Pero se crecen como pavos
reales cuando tratan como parias a los palestinos encerrados en Gaza o a las
poblaciones campesinas de Afganistán, Irak y Siria, que sufren la violencia de
tirios y troyanos.
Y lo peor, al
menos desde mi óptica, es que algunos “intelectuales” españoles proclaman que
“con esta gente –se refieren a los musulmanes, como si todos fueran iguales-
sólo se puede ir a la guerra”. Esos son los que a quienes abogamos por la paz
nos llaman “idiotas”, como poco. Pues nada, hagamos como en tiempos de las
cruzadas: cojamos una espada (ahora será un fusil automático, supongo) y
vayamos cantando alegres como soldados borrachos a la guerra santa. Eso sí, ya
no en el nombre de Dios (del dios cristiano) sino en el de la libertad de
Occidente. No sé quien saldrá victorioso, lo que sí sé es que así no se
solucionará nada y el rencor seguirá creciendo y creciendo.
Porque la violencia, la opresión y el odio sólo generan deseos de venganza, y una espiral de salvajismo interminable. Y si seguimos así, lo único que nos espera es un futuro de muerte, destrucción y barbarie. Claro que, desde Occidente lo aplicaremos en nombre de nuestra libertad, en tanto los ultraislamistas lo harán en el nombre de Alá. Y así seguimos desde hace catorce siglos.














