Shanghai
El
viaje a China me ha dejado un sabor agridulce... En la entrada anterior sobre
Shanghai puse de manifiesto una visión pesimista, subjetiva quizá, sobre el
capitalismo salvaje y desaforado que se palpa en el desarrollismo de dicha
ciudad. Muchos hablan de la previsible burbuja inmobiliaria china... Afortunadamente, la memoria es selectiva y
también conserva vivencias entrañables. Voy a hacer referencia a una de
ellas...

Tras
visitar el parque Huangpu de la contaminada y mastodóntica urbe de Shanghai,
donde multitud de chinos sonrientes hacen sus ejercicios de Tai Ji Quan,
y ya deambulando por El Bund, centro comercial de la ciudad, llamado
actualmente Zhongshan, dos chicas nos solicitaron hacernos una fotografía con
ellas. Después de haber vivido esta experiencia repetidamente en la Gran
Muralla, aceptamos con cierta complacencia porque la chinita que hizo tal
petición tenía la sonrisa dibujada en su rostro y hablaba un castellano
encomiable. Más tarde nos diría que nos eligieron porque nos oyeron hablar a mi
compañera a mí en dicha lengua. Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Tras la foto
conjunta, con sombrilla incluida, vinieron las presentaciones y la invitación a
tomar un té en el apartamento que compartían.
La que llevaba la voz cantante dijo llamarse Xiaoyan, pero que la
podíamos llamar Sancha. Los chinos, conscientes de la dificultad de pronunciar
sus nombres acostumbran a ponerse otros con fonética más sencilla. Mi eterna
compañera se mostró un tanto reticente porque similares invitaciones en
Estambul y en Marrakech nos condujeron a tiendas de alfombras... Aquí podían
ser de sedas... Yo también albergaba alguna duda, pero acabó disipándose cuando
Sancha-Xiaoyan nos explicó el porqué de su nombre. Resulta que esta chica
estaba acabando la carrera de Filología Hispánica y era una gran admiradora de
Sancho, el mítico escudero de Don Qujijote... Personalmente no necesitaba más
argumentos. El té era secundario y eso que soy un consumado degustador de toda
suerte de infusiones...

Andén del Metro de Shanghai:
Cuando llega el tren, se abren las puertas para acceder a los vagones
El apartamento de estas gentiles chinitas se hallaba en la
planta 17 de un edificio que requería dos paradas de metro. Sólo por disfrutar
del aire acondicionado de las estaciones del moderno metro de esta ciudad, ya
valía la pena. Algo de curiosidad, por no decir mucha, también teníamos...
Sobre todo, yo. Por fin íbamos a conocer una vivienda urbana china...
La
vivienda era un loft a dos niveles que medía, según nos dijo Sancha, 35
m2. Sólo dos puertas: la de entrada y la del baño. Los muebles, sencillos y
convertibles. Dos estantes con diferentes teteras en el rincón de la cocina y
una pequeña librería en la parte del saloncito convertible. Lo más llamativo, el gran ventanal. Si no
fuera por la contaminación reinante ese día, la luminosidad hubiera sido
notable. Desde esta altura, el ruido del tráfico de coches de alta gama y de
infinidad de motos con pilotos sin casco protector resulta casi imperceptible.
Mientras
la compañera de Sancha – no puedo recordar su nombre - calentaba el agua y preparaba
los cachivaches del té, Sancha me enseñó dos Quijotes: el traducido al chino
que le habían regalado sus padres y
otro en castellano original. Había leído la versión china, pero la segunda le
resultaba extremadamente compleja. ¿A quién no?
Tras
leer un fragmento del primer capítulo a petición mía, me manifestó que todas
las palabras referentes a la comida y vestimenta del hidalgo le resultaban
incomprensibles, sin embargo tenía mucho interés en conocer mi opinión sobre Sancho como gobernador de la
ínsula de Barataria. Pregunta
inteligente. Le manifesté que aunque esa vivencia se llevó a cabo en una
atmósfera carnavalesca y de burla, Sancho dio pruebas de lo que ha de ser un
buen gobernador. Su comportamiento fue el de un hombre recto, honrado, preocupado
por el bien común y la justicia, que lleva a cabo reformas positivas, legisla
con sentido común y se desvela por mantener la paz y la equidad entre los insuleños. Abandonará el cargo por decisión propia ya que no se
considera hecho para semejante cometido y sale de esta experiencia de gobierno
tan pobre como entró. Sancho demuestra en este pasaje que gobernar supone un
verdadero sacrificio a favor del bien común, etc.
No
conozco a ningún gobernante que pueda presumir de estas virtudes, le digo. Y menos aún en mi país... Sancha se echa a
reír, pero no suelta prenda... Sólo con uno de los guías chinos que nos
acompañó en la visita a Xi’am, también licenciado en Filología Hispánica,
conseguí hablar de cuestiones políticas y de carácter social. A lo mejor lo
cuento en otro momento...
En
esto llega su compañera, siempre sonriente,
con una gran bandeja con agujeros que coloca encima de una especie de
barreño. La tetera de cerámica achatada
y decorada con colores llamativos, las
tazas hacen juego con la misma, el
peculiar “Loto de té”, un
recipiente cerrado con té afrutado, una
cuchara de bambú y unas galletitas de almendra. La compañera de Sancha es una
experta en tés y es la encargada de explicarnos cosas sobre este ritual. Sancha
hará la función de traductora simultánea...
Plantaciones de té
Hay
muchas maneras de elaborar el té. En nuestra familia se lleva a cabo de la
siguiente manera: Una vez calentada el
agua, que no ha de tener cloro, se echa una cucharadita de té para cada
invitado más otra para la propia tetera (esto último nos hizo reír muy a
gusto). Se deja reposar entre 3 y 5 minutos,
según se pretenda efecto estimulante de la teína o relajante.
Las
tazas han de llenarse hasta la mitad. El resto se completa con amor y amistad.
Antes de comenzar a degustarlo hay que apreciar su aroma. Los invitados deben
golpear tres veces la mesa con el dedo en muestra de agradecimiento y lo
habitual es beber el té en tres tragos.
Por supuesto, seguimos las normas al pie de la letra y aceptamos repetir. La
anfitriona propone un té negro, cuando hayamos finalizado con éste. El té
caliente refresca en verano y calienta en invierno. De los cientos de
propiedades terapéuticas que se le atribuyen hablaron largo y tendido.
Parecían tan convencidas que lograron contagiarnos la pasión por esta infusión
casi sacralizada. En China, nos dice
Sancha convencida, no hay gordos ni obesos gracias a las propiedades del té...
La
conversación giró por otros derroteros, café, toros, bibliografía sobre el
Quijote, pollo laqueado, Camacho (entrenador de la
selección china de fútbol), etc. Y Sancha, haciendo de traductora simultánea, se encontraba feliz. Era más que evidente. Creo que este era su objetivo...
Las
obligaciones del turista son imponderables y hubo que
despedirse con cierto pesar, cuando la tertulia estaba más animada. El té
negro, con las catequinas y polifenoles que contiene es famoso por su poder
antioxidante que actúa contra los radicales libres evitando que se formen
sustancias nocivas para la salud. Nos dicen. Yo me lo creo todo y hasta diría
que potencia el don de la elocuencia... Juro que el alcohol brilló por su
ausencia...