No creo que la lengua sea sexista. Si acaso lo será el proceso cultural que nos ha llevado en dicha dirección. La lengua, en definitiva, evidencia la realidad sociológica a la que sirve.
En las lenguas románicas es habitual, y así se nos ha venido enseñando, usar en plural los sustantivos masculinos de persona para designar a todas las personas, sean varones o mujeres. Es lo que se llama empleo genérico del masculino plural.
“Los espectadores recibieron con aplausos a los actores”
Sin embargo, actualmente estas construcciones están variando: la política de igualdad social, el acceso de la mujer a los puestos de responsabilidad y la influencia de los medios políticos, administrativos y periodísticos llevan a pronunciar:
“Los espectadores y las espectadoras recibieron con aplausos a los actores y las actrices”.
No creo que uno no se sexista o lo sea por utilizar respectivamente las fórmulas “os/as” o simplemente la de “os”...
Soy consciente de que en algunos casos, el uso de vocativos desdoblados se puede interpretar como un detalle de cortesía: “señoras y señores”, sustituto del clásico “damas y caballeros”, pero, salvo algunas excepciones que exigen esa matización de los géneros para evitar errores, me resulta un tanto artificiosa y redundante esta fórmula, “a los trabajadores aragoneses y a las trabajadoras aragonesas...”, aunque sea políticamente correcta. No me considero seguidor inquebrantable de los cánones gramaticales, pero no me gusta, insisto, esta moda de las duplicidades. Mucho me temo que, a estas alturas de la película, uno tiene tan asumido lo del masculino plural genérico que, aun con riesgo de ser condenado a la hoguera, va a continuar diciendo “todos” en lugar de “todos y todas”... Respetar al otro sexo va más allá de utilizar meras formas gramaticales. Digo...












































