miércoles, septiembre 26, 2007

BIRMANIA, MONJES CONTRA LA DICTADURA MILITAR












Birmania es un estado de Asia suroriental, situado en la parte occidental de Indochina, que limita al noroeste con Bangladesh y la India, al noreste con China y Laos y al sudeste con Tailandia. Para hacer esta breve ubicación de este remoto país he tenido que consultar una enciclopedia. Tal es el desconocimiento que tenía de este recóndito lugar.

Sin embargo las recientes noticias de las manifestaciones de monjes contra la dictadura en Birmania nos han puesto al corriente de la grave situación por la que está atravesando este pueblo. Es un país de una larga historia pero sabemos poco de él.

Las imágenes de miles de monjes budistas protestando contra el gobierno en las calles de Rangún están llegando a todo el mundo, prácticamente en tiempo real. No hay enviados especiales ni corresponsales. Nos llega el colorido de azafrán de las túnicas de los monjes con la cabeza rapada. Todo empezó el 15 de agosto cuando el gobierno incrementó con desmesura el precio de la gasolina. Los monjes se pusieron delante de las manifestaciones y los birmanos les secundaron.

Las protestas se han extendido a varias ciudades del país mientras la televisión oficial pide calma a los birmanos y a los monjes que no se metan en política.

La Junta Militar no tiene mucha capacidad de maniobra. Primero porque China, su gran aliada, no puede permitir que se retransmitan imágenes de matanzas ya que la represión se filtraría al mundo entero; porque miles de monjes budistas se han puesto al frente de las protestas y las imágenes son demasiado sorprendentes para no escandalizar al mundo y porque 45 años de dictadura ya son más que suficientes.

La situación de aislamiento del régimen militar birmano se ha agravado en los últimos años. La impresión es que este levantamiento del pueblo encabezado por los pacíficos monjes va a conseguir, tarde o temprano, sus objetivos. Y porque la presión internacional, afortunadamente, va a exigir ya la democratización del país.

Es gratificante comprobar que estos monjes -ignoro si la jerarquía está o no implicada- toman partido por los más necesitados. “No podemos sentarnos de brazos cruzados y ver cómo nuestra gente se hunde en la pobreza. Su pobreza es la nuestra”, señala un monje entrevistado. Gran verdad ésta. Los monjes budistas, los monasterios y los templos dependen de la ayuda y las donaciones de la población. La ayuda incluye la alimentación, La gente les da comida cuando cada mañana los monjes recorren las comunidades con sus platos vacíos...
Sé muy poco sobre el budismo, pero tengo entendido que Buda no predica el mensaje de Dios ni la salvación de las almas, sino la liberación posible de cada uno por la adhesión a las verdades totalmente humanas que ha descubierto. Dicho de otra manera, el budismo pretende afrontar los problemas de la vida cotidiana que, sin duda, son los más perentorios y reales.

Salvadas las enormes distancias y las diferencias de contexto social, moral, etc., no puedo evitar hacer las comparaciones inevitables y odiosas. Y tengo que confesar que siento una envidia, sana como suele decirse, pero envidia al fin y al cabo, por el compromiso de estos monjes con su pueblo. Y me pregunto, ¿qué pensarán los religiosos y las jerarquías eclesiásticas de nuestro mundo occidental ante este ejemplo de solidaridad con los más necesitados?
No sé cómo acabarán estas manifestaciones. Es posible que se aplasten violentamente. Las dictaduras funcionan así. Todas. El mundo ya ha recibido la alerta, espectacular, conmovedora, sobre la apremiante situación de Birmania. Esperemos que las grandes democracias no miren hacia otro lado. Ya está bien de impunidades...

No hay comentarios:

Publicar un comentario