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lunes, mayo 02, 2016

DISCRETO, SILENCIOSO, SIN QUEJIDO ALGUNO, COMO SIEMPRE...





Cuando nos dirigíamos a Multicines Bosque con cierta prisa, no nos dimos cuenta de que ya no estaba. No era el momento para aclarar tal ausencia. Siempre se hallaba en el amplio chaflán de la remodelada Rambla del Prat en confluencia con la Av. PríncepAstúries. Lejos de su hábitat natural, llamaba poderosamente la atención a pesar de su actitud estática, contemplativa y silenciosa. Nunca estaba solo. Su semblante adusto y su indefinida pero supuesta avanzada edad no incomodaba a nadie. Me costó aceptarlo tan lejos de los suyos, pero con el tiempo me fui acostumbrando a su presencia. En algún momento temí por su vida, rodeada de afectos, pero también de hormigón y pavimento urbano.

Siempre que paso por allí me detengo a contemplarlo y no observo que el tiempo estacional ni sus lógicas variantes, inclemencias incluidas, le hagan mella alguna. Es, sin duda alguna, un ejemplo de reciedumbre ante la advesidad.  La serenidad estática y el gesto de profunda meditación transmiten calma, sosiego, laxitud... Las amplias y sólidas sillas de diseño enclavadas en su entorno dibujando un círculo irregular se ofrecen generosas a los frecuentes transeúntes que hacemos un alto en el camino y nos sentamos en torno a él, cobijados bajo su sombra protectora. Sobran las palabras, el lenguaje mudo resulta harto elocuente. Él, impertérrito, nos contempla desde arriba sin pestañear y sin gesto alguno que delate su pensamiento. Cuesta, pero al final te acostumbras y confías a este amigo que te invita a las confidencias porque sabe escuchar con generosidad, sin interrupciones, y nunca delata incomodidad alguna por las muchas tonterías que acostumbramos a expresar cuando musitamos soliloquios. Sólo el viento ocasional silba a veces y altera por momentos sus cabellos verdes y uniformes. Las sillas aisladas dificultan la conversación entre vecinos. Por eso impera la paz. El silencio se impone. Unos leen el periódico, otros parecen escribir whatsappes convulsivos con uno y otro pulgar, algún mayor se apoya con sus manos en el bastón, sujetándolo con fuerza para que no bote sobre el suelo con ritmo indeseado y tembloroso. Casi nunca hay niños. Él, tótem anacrónico en el ara del parterre rodeado de cemento inhóspito, vive calmado, oculta su sabiduría, quizás centenaria, y rebosa felicidad discreta y contenida. Nos sigue contemplando y, aunque sin palabras, nos agradece la compañía y la veneración que le profesamos. Sus múltiples, huesudos, enérgicos y retorcidos brazos se extienden sobre nosotros con espíritu de acogida generosa y protectora.

¡Cuántos ratos compartidos! ¡Cuántas confidencias escuchadas sin aspaviento alguno y guardadas para siempre! La última vez que disfruté de su presencia fue la semana pasada. No vi ningún motivo de alarma, sin embargo hoy no se hallaba donde nos tenía acostumbrados. Tras contemplar Julieta, estreno reciente de Almodóvar , hemos ido presurosos a verificar la impresión inicial y, efectivamente, no estaba. En el suelo, el hueco que dejan  las ausencias. Todos lo conocíamos. El parterre, desnudo, sin nada en sus entrañas. El olivo, amigo incondicional durante tantos años, ha pasado a mejor vida sin despedirse, sin adioses indeseados, ahorrándonos lágrimas, emociones y lamentos. Discreto, silencioso, sin quejido alguno, como siempre...

jueves, noviembre 06, 2014

EL OTOÑO: ANDANTE MELANCÓLICO QUE PRECEDE AL ADAGIO DEL INVIERNO.






Me gusta pasear  entre estos vetustos chopos cabeceros pisando con cautela 
el tapiz que conforman las hojas  derramadas (Aliaga.- Teruel)


¡Cómo me seduce el otoño! Los árboles se disputan el mejor color y se desnudan lúbricos de sus adornos de colores calientes, marrones claros y oscuros, ocres, rojos, lilas, amarillos y naranjas... Quieren lucir las galas ocultas de su espíritu y morir inmolados antes de que llegue el invierno con sus fauces gélidas y su noche interminable. Hay quien dice que la impúdica desnudez de los árboles se debe a la ausencia de hojas que se deshacen para abrir espacio futuro a los ávidos retoños que pintarán de verde el blanco de los ámbitos invernales. Se dicen tantas cosas...Sólo los científicos coinciden en la explicación de estos misterios y se expresan con palabras prosaicas como clorofila, síntesis, pigmentos carotenoides y autocianinas... Me hastío y me pierdo entre la bruma de tecnicismos tan letales. Los que aun soñamos quimeras hablamos de paisajes que se tiñen de nostalgias, de cantos de victoria al sacrificio, de silbidos quejumbrosos del viento que va tocando un arpa mágica en las cuerdas de las ramas desoladas... El otoño es el silencio de flores que recogen sus pétalos. Me encantan las múltiples metamorfosis que se palpan en la acuarela de los parques, en los jardines, en las riberas de los ríos Miravete y La Val, en la Masada Romero, bajo el  puente de la Porra... Me conmueve la hoja errante que me roza la sien cuando cae sobre el tapiz de la tierra. El lamento quejumbroso de esos chopos cabeceros del Cascajar que parecen gigantes venidos de Cornualles, pero con alma tierna y corazón hueco donde nos escondíamos de niños. Las mañanas luminosas y los atardeceres cortos. El cielo intensamente azul más allá de las copas de los chopos con las últimas hojas, más allá de la cruz del castillo sanjuanista que duerme el sueño de los justos impertérrito y todavía con guedejas de altivez caballeresca... Ese color rojo encendido del horizonte, como si fuera una hoguera que prende Dios para ponerle ritmo a su creación. El otoño es un precioso punto final a la travesía de un día que muere con heroísmo ante la noche intensamente oscura, precoz y tenebrosa.

Dicen las leyendas de los indios del este de América del Norte que es en otoño cuando los cazadores celestiales matan el Gran Oso, la sangre del cual cae goteando sobre la tierra y tiñe de rojo las hojas de los árboles. Y cuando estos cazadores se reunen para cocinar la carne de la bestia, la olla se derrama y el caldo cae sobre las hojas, confiriendo un color amarillo.

El otoño es pausa para la meditación...Una fresca tarde otoñal es una canción que se ve, es la revelación del gran secreto de la brevedad de la vida. Nacemos y somos cálidos como el verano, envejecemos y somos pálidos como una hoja de otoño, morimos y somos el espejo del invierno. El otoño es el intermedio entre el pasado del calor y el frío de los finales. Es la estación que nos hace gozar el recuerdo de las flores y nos prepara para el vacío del adiós pasajero o quizás definitivo.

No puedo disimularlo. Me encanta el otoño porque lo comparo con mi propia vida. Una vez tuve la ingenuidad de la primavera, el calor y la altivez del verano, ahora soporto agradecido el recio peso de los años y me acerco silencioso y confiado al encuentro final con el invierno. Después, igual que el mundo en el que vivo, me pregunto con zozobra si me llegará otra primavera con sonrisas en los jardines floreados o la incertidumbre  se transformará en olvido... Pero mientras tanto, lo vivo como dice esa genial escritora francesa, George Sand (1) “el otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno”


(1) Seudónimo de Amandine Aurore Lucie Dupin

jueves, enero 17, 2013

LUDMILLA (I)




Ludmilla me comunica alborozada que ha protagonizado una noticia que recoge La Vanguardia. Sucedió el pasado mes de diciembre.  Me enseña un recorte con una fotografía donde aparece ella muy... Lo dejo para luego. Antes procede presentar a esta chica.
        
Ludmilla es una alumna que tiene problemas con los comentarios de texto. Acostumbra a parafrasearlos, sin más,  y casi siempre los concluye con la misma frase: “Es un rollo de texto porque las palabras son antiguas y no se deja entender...” Con las materias humanísticas acostumbra a mostrar una actitud bastante displicente. Dice que no sirven para nada.

Los profesores de Letras convinimos en sesión de evaluación mandarle algún trabajo de refuerzo. Cada dos semanas viene al despacho con tareas sobre textos. El primer día lo hizo a regañadientes, pero últimamente su actitud es más receptiva. Casi entusiasta, diría yo. Sobre todo desde que el tema de su nombre se erigió en protagonista...

Resulta que esta alumna se llama Ludmilla. La singularidad de este nombre le ha causado algún que otro problema con sus compañeros de clase. Ella, sin embargo, tiene un carácter fuerte y no se arredra. Según me cuenta, la culpa del nombre es de su abuela, que en su juventud fue admiradora de la famosa actriz y bailarina, Ludmilla Tcherina. Ésta, parisina de nacimiento, descendía de una familia noble rusa. Todo esto me lo cuenta con cierto orgullo, no exento de picardía,  porque en el fondo lo que pretende es ganar tiempo para ocultar que no ha hecho los deberes... Le sigo el juego y cuando le manifiesto que yo también admiré a esa actriz porque protagonizó la película “Los amantes de Teruel” (1962) le chispearon los ojos. Me rogó le explicase algo de esta película y de la actriz.  De los Amantes de Teruel le hablé largo y tendido, pero de la actriz le confesé que tenía que documentarme. Pactamos que ella haría los deberes pendientes más algo de propina y yo le explicaría cosas de Ludmilla Tcherina.

Ambos cumplimos con el compromiso. Ella comenta los textos todavía a su manera... y me apremia para que yo haga lo mío. Le cuento que el verdadero nombre de  la bailarina y actriz era Monique Tchemerzine y que era hija del príncipe Avenir, general ruso casado con una francesa... Que fue  la bailarina más joven en debutar en los escenarios más famosos (Opera de París, Teatro Bolshoi de Moscú...) Que protagonizó varias películas... Que también se dedicó a la pintura y a la escultura...  De ahí, y por esas asociaciones caprichosas de ideas, hemos pasado a otros temas cuyo escenario siempre  es Rusia. Le explico algunos pasajes de Anna Karenina de Tolstoi. Aprovecho para que lea algún texto seleccionado de esta novela. Analizamos el léxico, lo resumimos y acabamos intercambiando opiniones. Ludmilla está descubriendo, y me lo dice sonriendo, que las letras quizás no sirvan para nada, pero que cada vez le “molan” más... Para la próxima clase hemos pactado que ella seleccionará y comentará  3 poemas de Antonio Machado y yo le explicaré lo que me sucedió en el tren Estrella Roja que comunica Moscú con San Petersburgo...

Sin querer, me he extendido demasiado en la presentación. A ver si en la próxima entrada explico lo que pretendía inicialmente...

Fotografía: Ludmilla Tcherina

lunes, abril 30, 2012

EL TÍO HILARIO O LA DIGNIFICACIÓN DE LA VEJEZ



Dedicado a LOLA  con cariño

El tío Hilario ronda los 82 años, pero no los aparenta porque, además de mantener una figura distinguida, es jovial, sabio, buena gente y domina el arte de la elocuencia. Eso lo convierte en un auténtico seductor. 

Suelo verlo en alguna que otra biblioteca de Barcelona, donde acostumbramos a quedar. Tiene debilidad por la Biblioteca de Cataluña de la calle del Carmen en el Raval y por El Ateneo de la calle Canuda de Barcelona. Lo malo de esta institución última – dice sonriendo - es que sabe a rancio, igual que algunos viejos. El tío Hilario pretende escribir un libro a la vieja usanza sobre la mal llamada 3ª edad. Algo así como un “De senectute”, pero adaptado al siglo XXI. Los filósofos antiguos, me dice, creían que la sabiduría consistía en saber vivir la vida y llevar a cabo acciones positivas para los demás. Yo le contesto que para mí es más sabio el que sabe vivir feliz. No hay mucha diferencia entre uno y otro concepto, me matiza, porque el que es feliz también lo contagia a su entorno... Si no es un egoísta, añado yo. No hay sabiduría sin bondad, termina diciendo él. Y yo asiento. 

El tío Hilario fue maestro durante toda su vida. De su tierra natal en Las Cinco Villas de Zaragoza se trasladó a Barcelona y hasta llegó a impartir clases de Metodología Didáctica en la Normal. Tras la jubilación, su obsesión ha sido mantenerse activo física y mentalmente y llenar su tiempo de contenido. Su lema: guerra sin cuartel a la pasividad y al apoltronamiento.

Para el tío Hilario lo que procede en su caso es vivir los años que le restan sin perderse en nostalgias ni angustiarse en desilusiones. Sobran personas que se ocupan de esos penosos menesteres como si estuviesen ahítos de provocar lástima... Él quisiera para esta etapa de la vida lo mismo que ha querido para las anteriores: vivir dignamente, sin mezquindad alguna y seguir aprendiendo cosas. 

Las fuerzas han menguado, me dice sonriendo, pero la serenidad, el sentido común y la experiencia no cesan de crecer. A la artrosis, también en proceso creciente y que le provoca crujidos en las rodillas, y a la memoria cada vez más limitada, ni mentarlas... Hay que potenciar todo lo que sea positivo y dar el esquinazo a lo demás. Frase tópica la del tío Hilario. Lo curioso del caso es que manifiesta un convencimiento tal que acabas haciéndolo tuyo hasta que te alejas de su aura preñada de magia y retornas a la orfandad... Para alimentar esta manera de pensar, el tío Hilario se muestra esquivo con la gente de su generación. Son un “coñazo”. Sólo hablan del pasado con nostalgia y del temor a que mengüe la pensión de jubilación y que se imponga el copago en un futuro inmediato. No obstante, aun mantiene el hábito de echar una partida de dominó con gente de su barrio, allá por Maragall, pero a condición de que no se menten las enfermedades ni gaitas de esas... Al tío Hilario le molesta el pesimismo y el egocentrismo quejumbroso que transpiran los de su “quinta”. A veces, cuando nombra la palabra “quinta” le asoman unas lagrimillas contenidas, consecuencia quizás de sus vivencias en Sidi Ifni donde estuvo destinado durante casi un año. No sé qué debió de ocurrirle durante esa “mili” en semejante tierra, pero cuando cae en la cuenta de que está a punto de emocionarse aborta con celeridad cualquier asomo de debilidad y de hacer confidencias... Nada de batallitas. Y cambia de tema... 

Además de investigar sobre la vejez y la ancianidad, otra de sus obsesiones es perfeccionarse en el uso de las nuevas tecnologías. Se desenvuelve bien con internet y ha dejado de consultar la enciclopedia Espasa desde que accedió a Wiquipedia. Le maravilla que siempre esté actualizada. Su troncomóvil, aunque se burlen sus nietos, está desfasado, pero le basta y le sobra. Y sonríe. Un día le mostré mi iPad y algunas de sus prestaciones. Le entusiasmó eso de que la letra se pueda aumentar a voluntad, pero no acabó de convencerle mucho eso del teclado virtual... y me miró mal cuando le dije que podía bajarse libros gratis y piratear alguno que otro... 

Al tío Hilario no le gusta mucho la televisión y justifica su suscripción al Heraldo de Aragón para mantenerse informado de su tierra natal, pero que conste que no le acaba de convencer este periódico porque es muy conservador. Y por qué mantiene la suscripción. Es cosa de familia. Y da el asunto por zanjado. 

Hablar con este hombre es una auténtica gozada porque resulta ser un interlocutor ideal: sabe escuchar, preguntar y nunca interrumpe. Yo prefiero que se exprese él porque rebosa convicciones y para los que flirteamos con las incertidumbres, como es mi caso, resulta delicioso encontrar personas convencidas de sus principios y de sus ideas. Cuando le manifiesto esta gratitud me dice que no exagere porque en modo alguno tiene claro lo del más allá y mil asuntos más... que no proceden ahora. 

Para el tío Hilario, la vejez se acelera y agudiza si uno piensa que ha de recibir cuidados en lugar de dispensarlos. Todos podemos hacer algo por los demás. Y me dice sonriendo, cuando acabe estos asuntos que me llevo entre manos igual me hago voluntario de "Amics de la gent gran” (1) 

Del tío Hilario podría estar escribiendo largo y tendido, pero no me gusta ser prolijo ni abusar de la paciencia de los hipotéticos lectores. Del tío Hilario me gusta absolutamente todo, incluso su nombre. 

(1).- Organización de voluntariado que trabajan para mejorar la calidad de vida de la gente mayor. Nuestra misión es luchar contra la soledad y la marginación de las personas mayores mediante la acción de voluntarios y la sensibilización de la sociedad.

  LOLA: http:

martes, julio 19, 2011

LA LLUVIA ME LLEVA A TU VENTANA


De madrugada, sobresaltado, me ha despertado la lluvia de este julio impreciso y cambiante. Al principio, tormentosa, incesante y pertinaz.  Luego, más sosegada y plácida, silenciosa a la vez que ingenua, aquieta mis temores,  despierta  mis recuerdos, aviva los rescoldos y me habla de ti a golpes suaves de susurros contenidos.  Lluvia serena, tras el estallido sobrecogedor y la rotura del alba,  ahora caes mansamente sobre el pavimento de la calzada, tamborileas sobre los capós  de los coches, enturbias las farolas de luz tenue, te deslizas por los toboganes de los toldos y das los buenos días a una ciudad que despierta y bosteza con desgana...mientras la boca del Metro vomita los primeros transeúntes de la mañana mojada. 


Sé que te hallas lejos de mí, perdida entre sombras de montañas, reposando en silencio y restañando penas. Nuestro pacto en vigencia: tú en la poesía del campo y yo en la prosa del asfalto urbano. Alojados en mundos tan dispares y distantes como tus valores y los míos.  Sin embargo, sé que la misma lluvia que apacigua la arritmia de mis pálpitos acaricia los cristales enrejados de tu casa. Sé que sientes su murmullo, su cadencia,  el oscuro gorjeo de las gotas que persistentes caen sobre tu prado, sobre las hojas de tu jardín, sobre el buzón de tu cerca, sobre los olmos, álamos,  chopos cabeceros y algún que otro sauce que bordean el río y los senderos de tu valle hendido entre mudos plegamientos de rocas milenarias. Sé que la música de la lluvia penetrará en tu alma, alterará la cadencia de  tu pecho y tú, como siempre que gime el cielo,  escucharás en silencio las notas del agua, ofrecerás tu piel para que te penetre, escamparás tu melena para que se riegue y tus ojos grandes, ahora sólo entreabiertos, se extraviarán mirando más allá de la grisura de las nubes. Sé, porque te conozco bien tras tantas lluvias compartidas, que abrirás la boca  para que se alivie el fuego que dejaron en tus labios  aquellos  besos.  Tú no lo sabes, amor, pero esta noche lluviosa me llevará furtivo a tu ventana, y allí repiquetearé incesante como una gota más. Rompiendo el acuerdo,  llamaré a tu oído, resbalaré por el cristal, suplicaré y penaré por tu ausencia....

martes, julio 12, 2011

En busca de la puerta del amor ¿perdido o soñado?



Tras prolongada ausencia retorno al pueblo que me vio nacer y que siempre he llevado en la maleta del alma. Confusas sensaciones perturban mi ánimo cuando paso a paso pretendo acercarme a aquella puerta del amor perdido. ¿Perdido o soñado?              

Camino como furtivo, mirando a uno y otro lado, pisando mi propia sombra por las angostas callejuelas de siempre, empinadas y rústicamente escalonadas. El tiempo, tan voraz con las personas, parece haberlas ignorado. Todo sigue igual. En apariencia...

Temeroso de que alguien reconozca el vigor de antaño en este cuerpo ajado por tan larga ausencia. Temeroso de que alguna mirada, oculta tras visillos amarillentos, vislumbre el fulgor de otros tiempos en estos ojos cansados y aplomados por el poso triste  que dejan los miles de soles y de lunas contemplados...Temeroso, a mi pesar, sigo subiendo escalones  y mirando a hurtadillas.

En mi cansina ascensión todo parece cobrar vida en mi memoria, en mis afectos, acaso en mis sueños: aromas rancios de los húmedos zaguanes, de los viejos porticones con picaportes oxidados y gateras cegadas ya en desuso,  de las celosías repintadas con desgana, de las plantas desparramadas desde parterres de colores absurdos, de los viejos corrales interiores con gallinas mudas, de los faroles apagados, de las chimeneas sin humo, de las cornisas de maderas podridas y tejas enmohecidas que amenazan desprendimientos... Todo parece cobrar vida a pesar del silencio.

Mi voluntad, cada vez más frágil, me arrastra hacia el pasado, pero mis cansinos pasos siguen ascendiendo con pesar por los estrechos callizos de siempre en busca de la puerta que encierra al amor perdido. ¿Perdido o soñado?

Sonámbulo, confuso  y sin norte, me extravío de puro cansancio.  Sé que existe aquella puerta del lejano amor adolescente, pero no sé si volveré a revivirlo  porque  las escasas certezas que me restan  de si es un amor perdido se están resquebrajando. ¿Acaso era soñado? No sé. 

jueves, junio 30, 2011

La tía Pepita y el lenguaje secreto de los abanicos


(1)

Releyendo algún relato de Espejos de Eduardo Galeano, me he encontrado con uno titulado, “Abanicos”.

“De sus abuelas andaluzas habían aprendido el lenguaje secreto de los abanicos, que lo mismo servía para desobedecer al marido o al rey: esos lentos despliegues y súbitos repliegues, esas ondulaciones, esos aleteos”.(p. 182)

A veces los recuerdos, en aparente estado de hibernación, recobran el aliento como por ensalmo. Una frase, una melodía, un rostro, un texto de Galeano... pueden ser los desencadenantes de vivencias que, aparentemente intrascendentes o enigmáticas en su momento, se rememoran con luz nueva como si se tratase de episodios inéditos de gran relevancia. Y por si cupiera alguna duda, cada vez me reafirmo más en lo que dijo García Márquez:La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”. 

El texto de Galeano me ha trasladado a una etapa de mi vida que bien podría ubicarse en esa frontera indefinida que se halla entre la pubertad y la adolescencia. 

Mi tía Pepita era la menor de los cinco hermanos. De vocación soltera, fue la única que abandonó aquel rancio terruño de la piel de toro todavía en trance de restañar las heridas lacerantes de la recién acabada guerra fratricida. Por avatares de la vida  acabó en Montpellier, capital del Languedoc-Rosellón,  donde se habían exiliado unos tíos. Cada verano venía al pueblo y se volcaba con los sobrinos grandes y pequeños como si fueran sus hijos, pero renunciando a esa faceta autoritaria, distante y un tanto déspota que conllevaba el ejercicio de la maternidad por aquellos entonces. Ejercía más de amiga que de tía. Mientras hermanos y cuñadas la observaban en silencio, la hermana mayor no cesaba de reprobar su actitud desenvuelta y tan ajena a los convencionalismos imperantes en aquel pequeño pueblo de la Sierra... Vestía en tonos claros, a veces llevaba pantalones ceñidos que ponían de manifiesto el encanto rítmico  de sus caderas, las faldas hasta las rodillas, no acostumbraba a llevar medias, zapatos de altos tacones y su melena era corta (a lo “garçon”, decía ella, al tiempo que la agitaba con gesto estudiado).  Mis primos y yo la mirábamos embelesados y comentábamos....”¡ Qué guapa, qué moderna y qué simpática es la tía Pepita ! ¡ Y qué rodillas tiene !”, añadía Ricardo, el mayor de los  primos.

Una de las escenas que me hace rememorar el texto del ilustre escritor uruguayo es el de la imagen de mi tía abanicándose, desplegando y replegando su ilustrado abanico con una destreza llena de gracia y donaire. Recuerdo que me invitaba a ponerme a su lado para compartir la brisa agitada y suave que generaba el abanico. Cansada o deseosa de compartir acababa pasándome el abanico cerrado. Yo lo abría y contemplaba  los dibujos con curiosidad. Tiempo después descubrí que eran de "Las mil y una noches". Le hubiese preguntado el significado de alguna escena, pero la timidez podía conmigo. Recuerdo que siempre que me embelesaba con aquellos dibujos ella me decía sonriendo, "Tú, también a mí"

Aquella frase, que siempre acompañaba al hecho de contemplar aquellas ilustraciones del abanico, me resultaba enigmática, pero también muy grata sin saber muy bien el porqué. Ni le pregunté a ella ni a nadie por el significado. Me limitaba a sonreír, sin más... Años después, el conocimiento del poema “Para vivir no quiero de Pedro Salinas - ¡Qué alegría más alta vivir en los pronombres! siempre lo asociaba con la frase, Tú, también a mí”

Hoy, con la huella indeleble que dejó la ausencia de mi tía Pepita en mi memoria y en mis afectos, he descifrado, por fin, el enigma de aquella frase concisa, siempre acompañada de sonrisas y complicidades encubiertas. 

Mirar los dibujos del abanico quiere decir: “Me gustas mucho"

Ahora entiendo su respuesta...

(1). Esta fotografía, dejando intacto el rostro, con algunos retoques de Photoshop podría ser de la tía Pepita.

lunes, mayo 09, 2011

ANIMALES PRODIGIOSOS POR EL RAVAL DE BARCELONA

(Haz "clic" sobre el gato y captarás su pensamiento)

“Resulta que el gallo padecía de insomnio y se ponía a cantar arias de Verdi a altas horas de la noche. El resto del gallinero estaba más que soliviantado. Gallinas ojerosas y agotadas. Una se queja de que ayer les despertó a las 3,30 a.m. con Rigoletto. Otra gallina, más joven, encuentra muy apuesto al gallo y dice que canta muy bien. Sin duda, está enamorada. Pero la mayoría, por no decir todas, estaban tan hartas de la situación que decidieron nombrar una comisión delegada compuesta por la gallina de más edad y la más joven para entrevistarse con el granjero y exponerle una queja formal. En la entrevista manifestaron el estrés que sufrían y, además, algunas ya no ponían huevos. Querían al gallo, pero a condición de que cantase al amanecer, como hacen todos los gallos decentes. El granjero habló seriamente con el gallo. Aunque no consiguió convencerlo de que cambiase de horario, después de largas horas de negociaciones el gallo accedió al menos a variar su repertorio y a partir de entonces se dedicó a cantar exclusivamente baladas románticas. Las gallinas se despertaban igual en medio de la noche, pero volvían a dormirse enseguida y tenían sueños maravillosos”

Este era el resumen del cuento de Víctor González comentado en clase. Un gallo singular, culto y prodigioso. Pocos alumnos le encontraron la gracia. Preguntaban qué era eso de las arias de Verdi y Rigoletto...

Ya de regreso hacia casa, al llegar a la Rambla del Raval, decidí saludar al Gato de Fernando Botero. Otro animal prodigioso. Por su tamaño y, sobre todo, por su mirada. Creo que le llaman el gato filósofo. Si hay quien afirma que los perros “hablan”, se podría decir, viendo a este, que los gatos “piensan”. No tengo la menor duda. La foto que he hecho esta mañana y que encabeza este escrito lo demuestra. Creo yo... Esta escultura es del año 1982. Hoy, el “minino” está especialmente triste y meditabundo. Diría que me ignora. En el Aeropuerto del Prat hay un caballo del mismo escultor. Tampoco pasa desapercibido...

Botero es el artista colombiano mejor conocido por las robustas y exageradas formas humanas de sus obras, es tanto historia viva como una leyenda viviente. La monumentalidad, el humor, la ironía y la ingenuidad se combinan en sus obras con un admirable dominio del oficio y gran talento. La primera vez que vi una exposición de su pintura quedé sorprendido, estupefacto... Con el tiempo me he ido familiarizando y ahora hasta me considero un admirador, a veces fervoroso, de su estilo. Óleo, acuarela, pastel, sanguina o lápiz son manejados con gran destreza a lo largo de su obra. Botero emplea la singular gordura desproporcionada como base de una cariñosa burla para comentar ciertos aspectos de la vida. Tras esa hinchazón desbordante, tras el gigantismo de sus figuras... laten corazones sensibles.

Tras el saludo de rigor al gato filósofo, hoy poco expresivo, me encamino hacia el Metro por la calle Sant Pau. Ahora peatonal. Paquistaníes inconfundibles en las diversas peluquerías de esta calle. Mujeres empañoladas en una carnicería marroquí. En el cruce de la calle Sant Ramón, numerosos hombres multiétnicos remoloneando indecisos en torno a algunas señoras que no pasan desapercibidas. Reminiscencias de lo que en su día fue el  Barrio Chino. Numerosos locutorios claustrofóbicos. El videoclub hindú está vacío a estas horas, pero las estanterías repletas dejan patente que Bollywood es el mayor centro de producción cinematográfica del planeta. Los domingos por la tarde, me han contado, la Rambla del Raval muestra un cuerpo multirracial y cualquiera puede pensar que aquello, más que Barcelona, es Islamabad o Kabul. Es algo así como una versión moderna de la Torre de Babel. No en vano se la conoce ya por el nombre de Ravalquistán...

Ya en las Ramblas, el Gran Teatro del Liceo aparece sitiado por ejércitos de escolares emparejados y bulliciosos que salen de la visita y que esperan impacientes a la entrada. En cartelera, la ópera El cazador furtivo, (obra chispeante y arrolladora que narra la fantástica historia de amor entre el cazador Max y la joven Agathe). Tras los puestos de flores y los acostumbrados turistas fotografiando la casa de los paraguas, la parte superior de la torre de la Iglesia del Pi asoma tímida, senil y anacrónica entre un arco de un edifico moderno hecho, sin duda, a propósito. Una masa de turistas con las digitales en ristre pugna por entrar en el Mercado de la Boquería. Varias cámaras de TV están filmando los accesos. Rehuyo como puedo estos enjambres humanos y me dirijo hacia los escasos puestos de venta de animales que todavía sobreviven, dada la rigidez de las nuevas normas municipales.  Todos en cautiverio. Peces mudos. Concierto bullicioso de trinos de pájaros, gallinas que cloquean, chillidos de loros, arrullos de palomas, pollitos que pían, gorjeos de verderones y los inconfundibles cacareos de los gallos que ya a la hora desacostumbrada del mediodía reclaman, vanidosos y con la cresta erizada, que se les distinga de los demás y se les preste atención exclusiva. Me abstraigo en ellos, esperando que alguno, con la proximidad del Liceo, interprete alguna aria o algo parecido, como el del cuento o, en su caso, una balada romántica. Pero los gallos son vulgarmente auténticos y los prodigiosos sólo se hallan... en los cuentos y en los sueños infantiles.

sábado, marzo 26, 2011

JABÓN CON SABOR A QUESO...



Dos ratones contemplan desde un estante de la cocina algo que se halla encima de la mesa.

- Es jabón dice uno de ellos.
- ¡Es queso! responde el otro.
- ¡Es jabón!
- ¡Es queso!

Hartos de la disputa deciden bajar a comprobar de qué se trata. Ambos dan un bocado y dicen:

- Sabe a queso, como te dije.
- Sabe a queso, pero es jabónresponde el otro sin dejar de masticar.

Esta especie de cuento ejemplarizante me lo contaron hace muchísimos años cuando estaba todavía en Primaria.  Vi con claridad que uno de los ratones era listo y el otro bastante “cabezón” (1), pero no lo acabé de entender del todo. Me gustaban los cuentos, pero lo de sacar enseñanzas y moralejas era aburrido y un auténtico incordio...

Hoy, y por azares de la vida, he vuelto a encontrarme con este episodio ratonil. Observo que tiene bastante "miga" y, además, no ha perdido vigencia.

(1) Así llamamos en mi tierra a los tercos como mulas...

sábado, septiembre 11, 2010

TODO SENTIMIENTO DEFINIDO ES UNA SIMPLIFICACIÓN


Ayer, aunque ya en la urbe, el eco del tañido luctuoso de las campanas del pueblo me obligó a llevar a cabo un viaje, imprevisto, precipitado y largo. Diez horas de coche entre ida y vuelta. Una más de las habituales por culpa del colapso que encontré en las Rondas al retornar a la ciudad condal.. Ya se sabe, en la víspera de la Diada, “espantada generalizada...” (odio la rima en “–ada” porque es cacofónica, fácil y ordinaria). Durante el trayecto de ida y vuelta, la emoción contenida, el calor de los abrazos rotos y los sentimientos confundidos me distrajeron del entorno de tal manera, que sólo hice un parón en Alcañiz para repostar. Ni siquiera saludé al castillo de la Orden de Calatrava, hoy Parador Nacional, que se alza altivo sobre el casco histórico de este pueblo, el único populoso del Bajo Aragón. Me seduce toda suerte de castillos, íntegros, ruinosos y hasta restaurados. Cuando sea mayor y millonario me compraré uno.

Me gustaría poder expresar las emociones que nos provoca la ausencia imprevista y definitiva de un amigo, del vacío que nos embarga, de lo solos que parecemos quedarnos... Mi espíritu, fruto de una educación anticuadamente espartana, se opone a dar cauce libre a estos sinsabores que te embargan. Hay que ser recios en las desventuras nos decían y nos ponían el ejemplo del valor y reciedumbre que representó Guzmán el Bueno, señor de Sanlúcar de Barramada, que llegó a arrojar desde las almenas un puñal a los sitiadores para que mataran a su propio hijo, antes que rendir la plaza que defendía...

Según esa estúpida educación, pretenciosamente preñada de valores, dar cauce libre a las emociones y a los asomos de llanto que afloran serían signos de debilidad impropios de un hombre, aunque naturales en la mujer. Ya se sabe... Y por otro lado, por si ese lastre que te hace enmudecer fuera poco, también tengo la convicción de que todo sentimiento formulado o expresado con palabras o con lágrimas es siempre una simplificación. Mejor, me los guardo en lo más hondo. Aunque me corroan...

Esta noche he dormido como un lirón, pero no más de las ocho horas acostumbradas. He ido a mi biblioteca favorita a por el libro que había solicitado – “On Chesil Beach” de Ian MacEwan - y que me recomendó mi amigo bloguero turolense, A.C. El tema de la obra, me dijo, está dirigido tanto a apologetas como a detractores del “Mayo del 68”. Tengo tanta fe en A.C. que sigo sus recomendaciones a “pies juntillas”. Pero resulta que la Biblioteca J. F. está cerrada por culpa de la Diada... Retorno a casa cabizbajo, taciturno y frustrado. Como sólo encuentro abiertos el quiosco de prensa y una frutería de “pakis”, opto por comprar un melón, mejor dicho, una melona (1) ) y paso de la prensa. Al cuerno los actos institucionales de la Diada y de las acostumbradas broncas en la ofrenda floral al monumento de Rafael Casanova; me importa un pito que este año apenas ondeen “senyeras” en las casas de mi calle y que algunos políticos, aun siendo republicanos, babeen por el modelo separatista de Québec (2)) ; quiero aislarme de esas noticias monotemáticas que nos salpican de un tiempo a esta parte; me trae sin cuidado – y esto sí que es grave – que F. Alonso alcance o no la "pole"  y que luzca un sol que invite a despedirse de la playa... Hoy toca caos mental, descanso, añoranzas, sentimientos encontrados y... melona .

Los ecos del tañido de las campanas del pueblo siguen repicando en mi cabeza... sin que pueda o tal vez no quiera silenciarlos.

(1).- Supongo que todo el mundo sabe distinguir entre un melón y una melona...
(2).- Eso no quita que considere a la ciudad de Québec como la más bonita de Canadá. Recomiendo su visita a los que se pierdan por allá...


lunes, enero 04, 2010

DESFACIENDO ENTUERTOS POR LA URBE



Armado con un paraguas plegable, made in China, de un solo uso y cubierta la cabeza con mi impecable gorra invernal de visera “Casmhere Wool” (1), salgo a la rúa dispuesto a cumplir una misión tan simple y cotidiana como la de comprar unas endivias y un pan de “chapata” recién horneado. Ya en la avenida, más que calle, de nombre principesco con sabor a sidra cantábrica, observo a una minúscula perrita, “Yorkshire Terrier”, ataviada con un jersey cursi de color malva, que acaba de dejar su impronta maculada en la acera, mientras su dueño, mi vecino del 5º A, se hace el sueco oteando las amenazadoras nubes cargadas de húmedos presagios.

Giro hacia la calle de la derecha, cuyo nombre evoca a un legendario héroe de mi infancia que, cual Cupido, lanzaba flechas precisas a manzanas “golden” sobre testas temblorosas, y sorprendo a un motorista circulando raudo por la acera sobre su “Yamaha BT1100 Bulldog” de sonido estrepitoso en busca, supongo, de aparcamiento. Le recuerdo a gritos la ordenanza de tráfico y él frena quemando rueda, desciende de su montura, pone los brazos en jarras, se levanta la visera del imponente casco y me invita desafiante a que me acerque. Opto por cambiar de acera y emular a mi vecino, el de la perrita minúscula, contemplando los negros augurios que se ciernen sobre nuestras cabezas.

Ya en la tienda de “Frutas y Verduras”, observo a una señora mayor palpando a pelo unas peras “conferencia” recién sacadas de la cámara con intención, supongo, de comprobar su madurez o, en su caso, de madurarlas a base de continuados apretones. Me pongo ostentosamente el guante de plástico como mandan las normas para que tome nota, pero ella sigue “erre que erre” sobando con los dos pulgares las sufridas peras.

De retorno a casa, tras esta salida salpicada de incidencias y sobresaltos, observo a unos jovenzuelos del IES de al lado que una y otra vez intentan hacer triples con pelotas de papel sobre una papelera ya rebosante sin acierto alguno. Les sugiero que recojan los papeles y lo intenten desde dentro del área pequeña con la mejor de mis sonrisas y, por respuesta, uno se lleva el dedo taladrando su sien, al tiempo que me señala jocoso con la otra mano...

Decido comprar la “chapata” haciendo la vista gorda sobre si la toma con la pinza o con la mano y marcho para casa con la moral un tanto alicaída. Tanto es así que ni reparo en un taxi daltónico que invade el paso de cebra todavía transitado...


Tras esta desafortunada salida, cargada de propósitos cívicos, pero desposeída de fortuna, pienso cambiar de estrategia: en la próxima que haga cabalgaré en un “rocín” a la usanza quijotesca, pero bien alimentado, me acompañará un guardaespaldas sanchopancesco y, por lanza, blandiré aquel bate de béisbol que me tocó en una tómbola festiva. Y llamaré desafiante a los gigantes, aunque se disfracen de molinos altaneros.
(1).- Qué fardada, ¿no?

viernes, marzo 13, 2009

AVATARES DE UN INTERNAUTA PARDILLO Y SOLIDARIDAD TRANSOCEÁNICA


Dedicado a Lisebe, con mucho cariño
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Resulta que ayer, al colgar unos vídeos de Joaquín Carbonell en
SINFONÍA TUROLENSE (Luis Antonio) y la posterior publicación, me encontré con que toda la columna de la derecha donde figuran los archivos, etiquetas, etc., había desaparecido como por ensalmo. Volví a las entrañas del averno blogero desde la bitácora “Luis Antonio” y puede comprobar que en el apartado “Diseño” todo se hallaba en su sitio, pero cuando reintenté publicar, guardar y ver el “blog” en el monitor, el susodicho espacio de la derecha seguía brillando por su ausencia. De inmediato me encomendé a Afrodita, Artemisa y Atenea (Minerva romana), diosas en las que aún creo, y tras unos minutos sin respuesta decidí buscar otra alternativa por si en el Olimpo hacían los oídos sordos al comprobar que el incienso que quemé en su honor estaba un poco pasado, por no decir rancio.

Dándome un golpe en la frente despejada, aunque muy fruncida, decidí lanzar, a falta de bengalas pirotécnicas, un S.O.S. desde mi bitácora habitual recabando ayuda de todos vosotros. En otra ocasión lo hice y no me faltó ayuda técnica y generosidad a raudales. En pocos minutos recibí e-mails desde Irlanda, Chile, Argentina y Marruecos en los que manifestaban su solidaridad transoceánica con mi pequeño drama, pero ignorando con pesar la solución. Uno, con cierta sorna, me manifestó si aquello era un truco subliminal para promocionar la marca “SOS” de arroz. Entonces caí en la cuenta de que había sacado la marca comercial de este producto de Google y no las inocentes siglas, ajenas a toda intencionalidad interesada...

Angustiado ante tamaño desafuero, decidí actuar aun a riesgo de agravar el problema porque, lo confieso, soy un pardillo en estos menesteres. Puesto que el problema se produjo al insertar en la “Nueva entrada” todo ese conglomerado extraño y confuso de letras, números, signos, angulitos, expresiones inglesas, comillas y demás signos babélicos de los vídeos de YouTube, había que desandar el camino... Y ni corto ni perezoso, suprimí la entrada nefasta, volví a ver el blog y comprobé con alborozo que las cosas habían vuelto a su cauce. Posteriormente repetí la entrada suprimida, esta vez con éxito, y ahí esta mi paisano Joaquín Carbonell visible y audible para gozo y disfrute de las almas descarriadas que se pudieran extraviar por ese almacén de música y canciones de estricto gusto personal.

Tras este logro, eliminé la entrada S.O.S. de la bitácora "Luis Antonio", pero en en las vuestras ha quedado la huella intangible de esta anécdota. (Ahora desaparecerá al publicar ésta)

Por cierto, aprovechando la coyuntura, ¿alguien sabe si existe algún método para guardar en el disco duro el contenido de la bitácora en todo su conjunto y en previsión de accidentes irreversibles? ¿Existe alguna fuente donde poder consultar dudas sobre la mecánica de las bitácoras?
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P.D. La figura que ilustra esta entrada es la de una de las diosas mencinadas, pero como está de espaladas no puedo concretar más...

viernes, noviembre 28, 2008

NOTICIAS DE DIEGO (Los Amantes de Teruel). IX, X y Epílogo

Vista panorámica de Teruel

Isabel besando el cadáver de Diego en la Iglesia de San Pedro

IX

Comuniqué este hallazgo a un conocido amantista de Teruel, Gregorio A.G., con el que mantengo frecuentes conversaciones telefónicas sobre el estado de la cuestión del fundamento histórico del drama medieval. Tras decirme que varios investigadores amantistas cualificados, tales como Jaime Caruana, Guardiola Alcover, Sotoca García... habían abandonado ese objetivo ante las dificultades halladas y que sin la evidencia del documento que recogía esos datos, debidamente autentificado, todas mis conclusiones eran gratuitas e inaceptables para la historiografía moderna. Invocó a la prudencia, pero me animó a la perseverancia.


Guardia del Vaticano
Esto último fue decisivo para, entre otras razones, viajar a Roma. Mi mujer, hija de italiana y catalán, necesita pocas excusas para viajar a este país entrañable. El mes de marzo era de los más adecuados para evitar a las hordas de turistas que acostumbran a pulular por esta ciudad-museo. Mes de Elecciones Generales en España (2004). Las largas y lentas colas para votar por correo me hicieron desistir. Nunca he dejado de cumplir con este derecho y deber, pero en esta ocasión la impaciencia y las dudas han podido conmigo. Otra vez será. Me pasma la gente que vota plenamente convencida de la opción que ha tomado. A mí con frecuencia me han asaltado dudas, a veces, casi agónicas.


Manifestación de solidaridad con España en Roma, marzo de 2004

X
Una vez allí y tras alternar las consabidas visitas turísticas con la búsqueda imposible de Guiuseppe, descubrí la pobreza de mis recursos: un becario de una Fundación sin nombre que investiga sobre la Orde de Malta, llamado Guiuseppe, y que quizá trabaja o vive en el barrio del Trastévere. Nada más. Visité este barrio bohemio romano, acompañado de mi paciente esposa, en labores de traducción. El antiguo gueto de clase trabajadora ha retenido su carácter medieval mejor que cualquier otra zona, a pesar de haberse convertido en una de las áreas más llena de restaurantes y locales nocturnos. Recorrimos sus calles recoletas. Comenzamos por San Crisogono, San Francesco de Ripa hasta llegar a Santa Cecilia. Visitamos la cripta y contemplamos los frescos de Cavallini. Tras saciar el hambre cultural recalamos en uno de los muchos “ristorantes” donde pude degustar, por fin, el genuino “Abbacchio scottaditto” regado con un tinto del Lazio, “Torre Ercolana” (5) Estuvo rico, pero me quedo con el ternasco asado de mi tierra y un buen tinto de Viñas del Vero.

Tras largos paseos por este barrio y las consabidas y tópicas visitas a Villa Farnesio, el Orto Botanico y pesquisas sin respuesta seguimos a una sombra estilizada que me hizo recordar a Giuseppe. Entramos en la bella iglesia medieval de Santa María del Trastévere la más antigua de Roma Allí se encontraban en plena oración numerosos miembros de la Comunidad de Sant’Egidio. Nos sentamos, sorprendidos por el buen ambiente que se respiraba. Nos chocó que oficiara el ritual un seglar mientras que algunos sacerdotes se confundían con los asistentes. Un compañero de banco, al vernos despistados, nos pasaba las lecturas y cantos con gentil presteza. Al acabar la breve liturgia, me atreví a preguntarle por la sede de la Orden de Malta. Lo ignoraba, pero, tras ausentarse un instante, acudió con un papel con esta dirección: Palazzo di Malta, en Via dei Condotti 68. Se trataba de la sede central de la Orden donde residía el Gran Maestre.

Acudimos al día siguiente. Nos atendió una señora muy amable que tenía la virtud de hablar despacio. Nos dijo que numerosas personas, sobre todo en Europa, investigaban el legado de la Orden, a pesar del duro golpe que la Revolución Francesa asestó a sus bienes y de otros avatares ocurridos en España, Italia y Grecia. Le pregunté por la posibilidad de hallar unos manuscritos concretos de esta institución que había visto en manos de un investigador italiano. La señora se echó a reír. Los documentos de una Orden casi milenaria como ésta se contaban por millones y estaban desparramados por todo el orbe católico. Ahora había comenzado el proceso de informatización de los mismos, labor que conllevaría algunos años de espera para que los interesados pudiesen acceder de forma operativa. Desvió la conversación para añadir que la Orden seguía vigente con más de diez mil caballeros miembros y que sería más acertado identificarla, en la actualidad, como una de las ONG más importante del mundo. Hasta el rey español Juan Carlos –nacido en Roma- había visitado en esta misma residencia a Fray Andrew, Gran Maestre de la Orden.

Pero de Giuseppe y sus fuentes bibliográficas: nada de nada. El desánimo comenzaba a rondarme por la cabeza. Mi esposa no entendía mi obsesión. Era, recuerdo, no lo olvidaré nunca, el 11 de marzo y una trágica noticia llegada desde Madrid ocupó el interés casi monográfico de todos los medios italianos: un múltiple atentado en la Estación de Atocha había causado casi dos centenares de muertos. Confusión sobre la autoría a medida que pasaba el tiempo. Primero atribuible a ETA y luego no descartaban otras posibilidades. En la RAI y TV5 entrevistaban a personalidades españolas presentes en Roma: el Embajador, el Cónsul, pero el que más aparecía en los debates era el corresponsal de TVE en Roma, Ángel Gómez Fuertes. Me sorprendió su perfecto italiano. Todo eran conjeturas sobre la autoría. En las calles de Roma observamos en los días inmediatos al suceso la repercusión de la noticia: flores en la fachada de la Embajada Española ante la Santa Sede, homenaje oficial a las víctimas en el Capitolio, vigilancia notoria en la Estación Termini...La ciudad estaba conmovida y la solidaridad era muy emotiva.

En estas condiciones, las razones iniciales de mi visita a Roma perdieron su razón de ser. Otros sentimientos y sensaciones acapararon nuestra atención. La empresa, por otro lado, era más que utópica. La oportunidad de hallar un testimonio que demostrase la historicidad de lo que para muchos no es más que una tradición sin fundamentos o leyenda quedaba relegada. Buscar prensa española y escuchar noticias por TV era más que prioritario, acuciante.


Stº María del Trastévere en Roma

Epílogo

Han transcurrido dos años. En los medios sigue la polémica sobre la autoría de los atentados. Lamento que hechos de tal envergadura sigan instrumentalizándose por intereses partidistas. Yo sigo, como si el tiempo se hubiera detenido, con la rutina de los sábados: acudo a la Biblioteca en busca de documentación bibliográfica sobre los temas de siempre y, a la entrada, observo de forma automática, una vez más, a los presentes que se hallan absortos tras los artilugios portátiles cada vez más numerosos, pero con escasa familiaridad en sus rostros. Ninguna bibliotecaria me ha facilitado datos sobre Giuseppe por razones –dicen- de preservar la confidencialidad. Mis pesquisas sobre documentos del siglo XIII que pudieran recoger noticias, huellas o rastros de nuestro enigmático “amante” han sido baldías. Con el ánimo confundido entre la ilusión que siempre me ha caracterizado y conatos de pesimismo incipiente que comienzan a atenazarme, sigo esperando llamadas, sigo creyendo que, si se buscan, existen los encuentros, ¿casuales? y sigo pendiente de la rueda de la fortuna por si un día, no muy lejano, se queda inmóvil a mi lado. La intrahistoria de mi vida está ahí como fundamento de piedra: un día encontré a una compañera de percusión, otro día conocí a Giuseppe, italiano de Cerdeña que me mostró un documento, ¿acaso virtual?, que con más luces que sombras testimoniaba que Juan Martínez (Diego de Marcilla, para otros) se había hospedado en el castillo sanjuanista de Aliaga en su camino tortuoso de regreso a Teruel para cumplir con la promesa dada tras cinco largos años de ausencia....A veces me asaltan las dudas y pienso que todo ha sido un sueño, pero los apuntes tomados de aquel encuentro y la imagen cada vez más difusa de Giuseppe todavía están ahí...

(5).- Lechazo asado.
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MÁS INFORMACIÓN:
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BODAS DE ISABEL: http://www.bodasdeisabel.com/

FUNDACIÓN AMANTES DE TERUEL: http://www.terueltirwal.es/teruel/amantes_teruel.html

EN ESTA MISMA BITÁCORA:
http://lperezcerra.blogspot.com/2007/09/los-amantes-de-teruel-montaje-tradicin.html

miércoles, noviembre 26, 2008

NOTICIAS DE DIEGO (Los Amantes de Teruel): VIII

Vista parcial de Aliaga nevada desde las ruinas del castillo

Celebración de las Bodas de Isabel en Teruel

VIII

“Es un sábado del mes de mayo de 1217. Día de mercado en Aliaga por concesión real. Ningún otro pueblo del entorno goza de tal privilegio. La poderosa Orden de los Sanjuanistas ubicada en el castillo goza de mucha influencia y poder. Sólo compite con ella, tras la realeza, la no menos poderosa Orden de los Templarios.

La Iglesia se halla en las estribaciones de la ladera del castillo. La calle principal desciende desde la Plaza de la Iglesia hasta las proximidades del río. A ambos lados, una serie de modestas casas temerosas de alejarse de la sombra protectora de la altiva fortaleza. Hoy se transforma en un ir y venir de gentes que convergen en ella con deseos de cambiar bienes por otros ajenos, con ganas de escuchar noticias de las sempiternas escaramuzas guerreras del sur del Reino de Aragón y con la curiosidad de admirar a esos saltimbanquis, juglares y vendedores de pócimas milagrosas que anuncian sus productos con gritos a manera de romances mal rimados. Sentado en una piedra y con una tabla sobre las rodillas a manera de mesa, un escribano de nariz aguileña traslada al pergamino las entrecortadas palabras de un mozo algo azorado. Dos caballeros llevan colgando del cinto sendas bolsas al no existir bolsillos en el jubón. Un ciego, con un raído hábito de peregrino de Santiago, sermonea a los presentes y les advierte del peligro de caer en la tentación de poseer más cosas de las necesarias. Nadie le hace caso. Hasta los perros se acercan a los puestos de venta olisqueando todo con avidez y ansias mal contenidas. Los chiquillos escapan, alborozados, de la tutela de las zagalas mayores y presumiblemente hermanas. Un oscuro personaje con aspecto de mendigo oculta su rostro tras una capucha cavernosa, permanece acurrucado en el centro de la polvorienta calle, pero no pide nada. Las personas y caballerías lo esquivan e ignoran. A lo lejos, junto al río, los tratantes de ovejas, corderos, cabras, mulas y jumentos discuten acalorados. Las primeras moscas se posan sobre las boñigas callejeras. El hedor, sin embargo, no resta encanto al ambiente festivo y al entorno primaveral que renace en las riberas de los dos ríos que confluyen en este escondido lugar.

Mi nombre es Alfonso y conozco a Juan Diego Martínez de Marcilla desde niño. Las diferencias sociales de nuestras familias no impidieron nuestros juegos y la forja de una gran amistad. Con el tiempo, Isabel, vecina y amiga común, acabaría absorbiendo su tiempo y atenciones. Yo los miraba a distancia con un cierto recelo porque Isabel, primogénita de la poderosa familia de los Segura y Juan parecían absortos en la mutua contemplación y dejaban pasar la arena de las horas en actitud ausente. De los juegos infantiles de antaño pasaron a los primeros escarceos amorosos. Cuando las circunstancias lo permitían dejaban atrás las murallas y se sentaban a las orillas del Turia. El suave discurrir de sus frías aguas y la fronda de un bosquecillo aislado eran el marco escénico donde ambos jóvenes se descubrían como diferentes y se contemplaban y acariciaban con torpeza, avidez y turbación. Sus miradas, de promesas llenas, y sus labios temblorosos expresaban el nuevo sentimiento amoroso que dejaba la amistad infantil al otro lado del río. Yo los observaba desde lejos, escondido entre los arbustos. El dolor de perder al amigo y los malos presagios me hacían salir huyendo de mi escondite sin rumbo.

En esta iglesia se hallaron los supuestos restos de los Amantes de Teruel

Al final pasó lo que tenía que pasar. Fueron sorprendidos por alguien menos discreto que yo y la familia de Isabel, advertida de ello, montó en cólera. Don Pedro de Segura, con la severidad solemne de la estirpe que correspondía a su alcurnia, afeó la conducta de Juan. Le tachó de desleal y lo que es peor, le recordó que la relevancia y fortuna de los Marcilla estaban muy lejos de la propia. De nada sirvió la petición de matrimonio que le hizo el joven a la que respondió con desprecio altanero. Sólo el llanto de su hija le hizo, en apariencia, cambiar de actitud. Aceptaría que Juan Diego se casase con Isabel si aportaba una dote tan elevada como elevada era la fortuna de los Segura. Juan Diego aceptó el envite y pidió un plazo. El orgulloso don Pedro, con malévola sonrisa, le dio cinco años de tiempo a sabiendas de la dificultad de alcanzar tal logro y de la certeza de que el tiempo y la distancia acabarían con esos sueños imposibles.

Cuando Juan Diego me lo contó, creí recobrar a un amigo perdido. Le dije que le acompañaría en tal empresa y que mi espada estaría a su servicio. Furtivos, abandonamos Teruel con pesar e incertidumbres. A Isabel, la imagino llorosa en su balcón. Juan Diego, orgulloso, sin mirar hacia arriba. De esto hace ya cinco años. Luchamos en las Navas y en numerosas escaramuza con suerte varia, sobre todo en el Reino de Valencia de fronteras movedizas. Pusimos nuestras armas, como Rui Díaz, al servicio del mejor postor. Los escrúpulos, un día acuciantes, dejaron paso a otros sentimientos. Cualquier medio para alcanzar la fortuna requerida nos parecía moral...Tiempos y experiencias aciagas, lejanos ya, nos persiguen como sombras. El regreso a casa ayuda a despegarse de estas argollas invisibles que nos lastran el ritmo de nuestro caminar en busca del futuro con los nuestros...

Mercado medieval: hilandera

El alboroto no cambia el aspecto de Juan Diego, ausente, ensimismado y taciturno. Escuchamos a los voceros de mercancías y miramos con ansiedad a las mujeres que acuden presurosas a los puestos de venta y charlan sin cesar al tiempo que tocan telas finas de origen oriental. En la atmósfera, aromas de especies y de pieles curtidas. Unos juglares se sorprenden ante la presencia de Juan. Se le aproximan y saludan con alborozo. Tras conversar brevemente con ellos, recién llegados de Teruel, Juan cambia de actitud y rompe el silencio con tono alterado e imperativo:

- Regresamos al castillo. Cargad las mulas y ensillad el caballo. Partimos para Teruel.
Leoncio y yo nos miramos sorprendidos. Llevamos casi dos semanas en el castillo sanjuanista de Aliaga y por primera vez nuestro amigo y señor rompe su prolongado mutismo, parece despertar de un mal sueño y nos manda iniciar la marcha con precipitación y ánimo alterado. ¿Qué le habrán dicho esos juglares que, de camino hacia Zaragoza, han mantenido una breve conversación con él?.

- Amo, ¿no podríamos esperar hasta la tarde? – le ruega Leoncio, sin esperar respuesta.

- Leoncio tiene razón – le digo con convicción, mientras contemplo ansioso a las mozas con mejillas de ababol y miradas tímidas-, después de ausencia tan prolongada, ¿qué importancia pueden tener unas horas más?

Juan Martínez de Marcilla no se digna en contestarme ni detiene su presuroso ascenso. Tras el corto pero empinado camino que ladea el frente sur del castillo entramos resoplando en el recinto por la zona norte donde se halla el foso con escasas y enfangadas aguas dada la sequía de los dos últimos años. El Comendador de la Orden de los Sanjuanistas, López de Lizanda, estaba planeando, con la llegada del buen tiempo, taponar las filtraciones del foso con tierra arcillosa y construir unas defensas más avanzadas delante del mismo para paliar, de alguna manera, la única zona vulnerable del castillo, insertado por los otros costados en la roca hasta tal extremo que casi se confunde con ella.

La estancia en el castillo ha sido monótona, pero beneficiosa. Yo me quejo de la escasa presencia de mujeres entre sus murallas. Mi compañero de correrías asiente mientras que Juan Diego parece ignorarnos. Se dice que el Subcomendador de la Orden es enemigo acérrimo de tal presencia, aunque sea casi simbólica. Los mozos de caballerizas, no obstante, han hecho correr el rumor de que una dama joven de alcurnia se halla refugiada en la Torre del Homenaje porque no acepta la imposición paterna de ingresar en un convento de monjas. Alzo la mirada hacia los estrechos ventanales de la torre, pero la aparición de dos severos caballeros, ahora con hábitos de monjes, me obligan a desviarla hacia las almenas de las murallas intermedias.

Tras varios años de participar en las escaramuzas cruentas que se venían librando en tierras fronterizas con los reinos moros, salpicados de luchas bajo unos y otros estandartes con cruces o medialunas, había llegado, por fin, el momento del descanso y retorno a casa. Aliaga, su castillo, era un alto en el camino para restañar heridas del cuerpo y sinsabores del alma. Casi cinco años habían transcurrido desde que partieran de Teruel en busca de la fortuna suficiente para que Juan, hijo segundón de la familia Marcilla, fuese grato al exigente padre de Isabel”

(A lo mejor, algún día, estas elucubraciones se traducen en una narración digna o, mejor aún, en un ensayo con rigor científico que acalle bocas impertinentes o sonrisitas solapadas... Soñar es mi pasatiempo favorito...)
(Sólo queda una entrada)

10 BENEFICIOS DE LA LECTURA

  ¿Por qué es importante leer? Beneficios de la lectura La lectura despierta la imaginación. Con licencia Entre los beneficios de la lectura...

VANESSA INCONTRADA: Hija de padre italiano y madre española: Nacida en Barcelona. Rostro del Año

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LLEGAR HASTA EL FINAL TIENE PREMIO

De ANGIE para LUIS ANTONIO

"Haikuquero es
el beso que se entrega
cuando hay querer".