Mostrando entradas con la etiqueta Insultos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Insultos. Mostrar todas las entradas

sábado, noviembre 23, 2019

Insultos: El argumento de los sin argumentos




En un debate que me tocó ejercer de moderador me vi obligado a llamar la atención a una persona del público que insultó a uno de los ponentes. Parte de los asistentes manifestaron su aprobación aplaudiendo la reprimenda. No soporto el insulto. Creo que denigra a quién lo profiere...

Insultar, según el Diccionario, es dirigir a alguien o contra alguien palabras, expresiones o gestos con intención de lastimar u ofender. Hay insultos que parten de una intención premeditada de desprestigio del adversario; otros se producen en momentos de excitación en el calor de una discusión. Insultos de los dos tipos parecen haberse hecho habituales en los debates entre nuestros políticos.

Suele recurrirse a ellos cuando no se puede argumentar de forma convincente. Es una forma rápida de regular nuestras emociones.

Lo bueno de los insultos es que “se entienden. Transmitimos información de forma rápida”. Funcionan de forma comparable a los refranes y otras expresiones compartidas, que hacen más fácil la comunicación aunque sea “a costa de empobrecer el contenido”.

Algunos personajes públicos han asumido como habitual el lenguaje del insulto, la crispación y la demagogia. Pero la agresividad contra el que no comparte las propias ideas no les otorga mayor razón, ni contribuye a un debate socialmente útil.

La utilización del insulto como recurso dialéctico desacredita al que lo utiliza, porque revela que está falto de razones, carece de capacidad para desvelar las contradicciones del adversario y para desconcertarlo con fina ironía. Aunque pueda ser útil ante los oyentes que están incondicionalmente del lado del que profiere los insultos, e incluso los jalea. Ese tipo de debate grueso resulta estéril, y supone una falta de respeto y consideración a la Institución que se representa y a los ciudadanos representados

El filósofo alemán Schopenhauer ya comentó en 1831, en un librito titulado “El arte de tener razón”, su opinión al respecto. Analiza hasta 38 estrategias para lograr tener siempre razón, justa o injustamente, en una discusión, cuando quien discute no combate en pro de la verdad, sino de su tesis. Tras exponer treinta y siete estratagemas muy variadas con tal fin, plantea una última, propia de gente vulgar,  en estos términos:

“Cuando se advierte que el adversario es superior y que uno no conseguirá llevar razón, personalícese, séase ofensivo, grosero. El personalizar consiste en que uno se aparta del objeto de la discusión y ataca de algún modo al contendiente y a su persona…Esta regla goza de gran predicamento porque cualquiera es capaz de ejercerla…”

No soporto los insultos vengan de donde vengan. El que sepa hacerlo, que exponga sus razones con toda la contundencia y crudeza necesarias, pero deje de utilizar el fácil y degradante recurso del insulto personal.

PALABRAS VALIENTES: EL CORAJE EN EL CASTELLANO

El castellano nos brinda un amplio repertorio de palabras que evocan  y describen la valentía en todas sus manifestaciones. Desde términos  ...

VANESSA INCONTRADA: Hija de padre italiano y madre española: Nacida en Barcelona. Rostro del Año

VANESSA INCONTRADA: Hija de padre italiano y madre española: Nacida en Barcelona. Rostro del Año
LLEGAR HASTA EL FINAL TIENE PREMIO

De ANGIE para LUIS ANTONIO

"Haikuquero es
el beso que se entrega
cuando hay querer".