
Escritor que militó en los Montoneros, fue perseguido y perdió a su hijo y su nuera en la represión de la dictadura argentina
El poeta argentino Juan Gelman (1930) recibió ayer el Premio Cervantes 2007, considerado el galardón más importante de las letras hispánicas. El fallo de este premio ha sido hecho público por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, tras la reunión que ha mantenido el jurado, presidido por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, quien ha asegurado que Gelman es un Cervantes "muy digno", del que ha destacado su capacidad para jugar con "la musicalidad y el ritmo de las palabras" sin abandonar el compromiso social y político que caracteriza toda su obra literaria.
Poeta, periodista y traductor, el escritor Juan Gelman ha demostrado a lo largo de su vida ser un maestro de ese "oficio ardiente" que para él es la poesía, un género que ha combinado con su actitud cívica y su constante denuncia de las violaciones de los derechos humanos. Gelman es el poeta argentino más premiado de su generación, la de los años 60-70, y ha merecido ya galardones como el Nacional de Poesía argentino, el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
El Juan Gelman niño creció en tres lenguas, junto a al español, su lengua materna, aquellas extrañas palabras, rusas y hebreas. Por eso, su infancia está hecha de trocitos de lenguaje, y la palabra, más tarde, se convierte en llave contra el olvido, ranura de la memoria… Su poesía es testimonio, un recordar atravesando la palabra, y reflejo también de toda su experiencia vital, obra al compás del existir.
Gelman fue periodista, pasó por la cárcel en un par de ocasiones porque su defensa de los derechos humanos lo llevó a enfrentarse a las autoridades, se afilió al grupo de los Montoneros y certificó con su propio dolor que la poesía es un arma de escaso calibre ante el arrollador avance de los tanques que avalan a los dictadores. En su exilio de Roma, cuando en la Casa Rosada el sonido más poético que se escuchaba era el eco de las botas de Videla, escribió: «Ningún endecasílabo derribó hasta ahora/ a ningún dictador o burócrata aunque/ sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata». A su hijo Marcelo, de 20 años, y su nuera Claudia, de 19 y embarazada, no hubo poemas que los protegieran. Fueron secuestrados y asesinados. El muchacho, en Argentina. Su esposa, en Uruguay, víctima de la operación Cóndor. Antes de morir dio a luz a una niña que a los 23 años pudo finalmente conocer a su abuelo, que la buscó incansablemente. Él mismo fue condenado a muerte por el régimen dictatorial argentino, pero la pena no pudo ejecutarse porque ya había huido. También los montoneros lo sentenciaron cuando decidió abandonar el grupo. Y la Triple A se apuntó a lo que con humor el poeta ha calificado de 'happy hour' de la condena a muerte. Oponente a cualquier tiranía, muy pronto se introdujo en los movimientos políticos y sociales de su país. En su juventud formó parte del Partido Comunista, del que más tarde se alejaría, lo que no significó renunciar a su posición, de hecho, su compromiso contra la dictadura de Videla le forzó al exilio.
Gelman tiene una mirada poética que va más allá de las coyunturas; nunca escribió bajo dogmas ni cuando militó en el Partido Comunista ni cuando estuvo vinculado con Montoneros. Él supo dividir bien las aguas: su adhesión a la lucha armada está enfocada en otros lugares, en la acción directa o en la reflexión sobre esas acciones, y la poesía va por otro camino. El hecho poético es ese espacio necesario y vital del hombre, del creador. Poesía y coraje son dos palabras que están marcando su acción política, su militancia y su creación. La obra de Gelman recorre también la historia del país; su poesía refleja la historia de encuentros, desencuentros y de contradicciones de la Argentina. Su obra atraviesa las entrañas de una sociedad difícil, contradictoria.
Gelman sigue escribiendo porque dice que, a su edad, «más que una vocación, es un vicio». «Yo no considero a la poesía como una profesión, la poesía es algo que llega cuando ella quiere y no es que uno la pueda invocar o convocar: nadie se sienta a escribir poemas porque quiere o porque se lo propone», advirtió el poeta. Como dijo Octavio Paz,"la autobiografía real de un poeta son sus obras".
La poesía de Juan Gelman habla de arrabal tanguero, de olor a puerto, de historia pasada, de padecimientos recientes y mezcla la ternura con las vivencias personales, el dolor y los ruidos de la calle. De todos sus libros, Carta a mi madre es probablemente el más autobiográfico, de acuerdo con el propio Gelman.
Cortázar:
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,


















































