El alcance de la actual pandemia
es impredecible. Si echamos un vistazo a la historia, observaremos precedentes
de plagas, pestes, fiebres tifoideas, cóleras, viruelas, gripes y otras
miserias humanas que provocaron tragedias demográficas
y graves repercusiones de carácter social hasta que el tiempo o los avances científicos
lograron erradicar y controlar sus efectos.
La Covid-19, la pandemia que nos
está tocando en desgracia, plantea un
gran reto a la ciencia y a la fortaleza humana. Mientras llega el desenlace de
este episodio podemos sacar alguna que otra enseñanza:
La prepotencia de la especie
humana no tiene fundamento alguno. En un mundo global, la velocidad de la
propagación de los agentes patógenos se ha convertido en una correa letal de
transmisión que evidencia nuestra fragilidad. La evolución humana y los avances científicos parecen arrugarse
ante un enemigo, que para más inri, resulta invisible.
La crudeza de esta epidemia
debería hacernos reflexionar acerca de los valores sobre los que se ha
construido nuestra sociedad. Quizás lleguemos a la conclusión de que nuestra
fortaleza es ficticia y nuestra ética...más que cuestionable.

