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viernes, noviembre 28, 2008

NOTICIAS DE DIEGO (Los Amantes de Teruel). IX, X y Epílogo

Vista panorámica de Teruel

Isabel besando el cadáver de Diego en la Iglesia de San Pedro

IX

Comuniqué este hallazgo a un conocido amantista de Teruel, Gregorio A.G., con el que mantengo frecuentes conversaciones telefónicas sobre el estado de la cuestión del fundamento histórico del drama medieval. Tras decirme que varios investigadores amantistas cualificados, tales como Jaime Caruana, Guardiola Alcover, Sotoca García... habían abandonado ese objetivo ante las dificultades halladas y que sin la evidencia del documento que recogía esos datos, debidamente autentificado, todas mis conclusiones eran gratuitas e inaceptables para la historiografía moderna. Invocó a la prudencia, pero me animó a la perseverancia.


Guardia del Vaticano
Esto último fue decisivo para, entre otras razones, viajar a Roma. Mi mujer, hija de italiana y catalán, necesita pocas excusas para viajar a este país entrañable. El mes de marzo era de los más adecuados para evitar a las hordas de turistas que acostumbran a pulular por esta ciudad-museo. Mes de Elecciones Generales en España (2004). Las largas y lentas colas para votar por correo me hicieron desistir. Nunca he dejado de cumplir con este derecho y deber, pero en esta ocasión la impaciencia y las dudas han podido conmigo. Otra vez será. Me pasma la gente que vota plenamente convencida de la opción que ha tomado. A mí con frecuencia me han asaltado dudas, a veces, casi agónicas.


Manifestación de solidaridad con España en Roma, marzo de 2004

X
Una vez allí y tras alternar las consabidas visitas turísticas con la búsqueda imposible de Guiuseppe, descubrí la pobreza de mis recursos: un becario de una Fundación sin nombre que investiga sobre la Orde de Malta, llamado Guiuseppe, y que quizá trabaja o vive en el barrio del Trastévere. Nada más. Visité este barrio bohemio romano, acompañado de mi paciente esposa, en labores de traducción. El antiguo gueto de clase trabajadora ha retenido su carácter medieval mejor que cualquier otra zona, a pesar de haberse convertido en una de las áreas más llena de restaurantes y locales nocturnos. Recorrimos sus calles recoletas. Comenzamos por San Crisogono, San Francesco de Ripa hasta llegar a Santa Cecilia. Visitamos la cripta y contemplamos los frescos de Cavallini. Tras saciar el hambre cultural recalamos en uno de los muchos “ristorantes” donde pude degustar, por fin, el genuino “Abbacchio scottaditto” regado con un tinto del Lazio, “Torre Ercolana” (5) Estuvo rico, pero me quedo con el ternasco asado de mi tierra y un buen tinto de Viñas del Vero.

Tras largos paseos por este barrio y las consabidas y tópicas visitas a Villa Farnesio, el Orto Botanico y pesquisas sin respuesta seguimos a una sombra estilizada que me hizo recordar a Giuseppe. Entramos en la bella iglesia medieval de Santa María del Trastévere la más antigua de Roma Allí se encontraban en plena oración numerosos miembros de la Comunidad de Sant’Egidio. Nos sentamos, sorprendidos por el buen ambiente que se respiraba. Nos chocó que oficiara el ritual un seglar mientras que algunos sacerdotes se confundían con los asistentes. Un compañero de banco, al vernos despistados, nos pasaba las lecturas y cantos con gentil presteza. Al acabar la breve liturgia, me atreví a preguntarle por la sede de la Orden de Malta. Lo ignoraba, pero, tras ausentarse un instante, acudió con un papel con esta dirección: Palazzo di Malta, en Via dei Condotti 68. Se trataba de la sede central de la Orden donde residía el Gran Maestre.

Acudimos al día siguiente. Nos atendió una señora muy amable que tenía la virtud de hablar despacio. Nos dijo que numerosas personas, sobre todo en Europa, investigaban el legado de la Orden, a pesar del duro golpe que la Revolución Francesa asestó a sus bienes y de otros avatares ocurridos en España, Italia y Grecia. Le pregunté por la posibilidad de hallar unos manuscritos concretos de esta institución que había visto en manos de un investigador italiano. La señora se echó a reír. Los documentos de una Orden casi milenaria como ésta se contaban por millones y estaban desparramados por todo el orbe católico. Ahora había comenzado el proceso de informatización de los mismos, labor que conllevaría algunos años de espera para que los interesados pudiesen acceder de forma operativa. Desvió la conversación para añadir que la Orden seguía vigente con más de diez mil caballeros miembros y que sería más acertado identificarla, en la actualidad, como una de las ONG más importante del mundo. Hasta el rey español Juan Carlos –nacido en Roma- había visitado en esta misma residencia a Fray Andrew, Gran Maestre de la Orden.

Pero de Giuseppe y sus fuentes bibliográficas: nada de nada. El desánimo comenzaba a rondarme por la cabeza. Mi esposa no entendía mi obsesión. Era, recuerdo, no lo olvidaré nunca, el 11 de marzo y una trágica noticia llegada desde Madrid ocupó el interés casi monográfico de todos los medios italianos: un múltiple atentado en la Estación de Atocha había causado casi dos centenares de muertos. Confusión sobre la autoría a medida que pasaba el tiempo. Primero atribuible a ETA y luego no descartaban otras posibilidades. En la RAI y TV5 entrevistaban a personalidades españolas presentes en Roma: el Embajador, el Cónsul, pero el que más aparecía en los debates era el corresponsal de TVE en Roma, Ángel Gómez Fuertes. Me sorprendió su perfecto italiano. Todo eran conjeturas sobre la autoría. En las calles de Roma observamos en los días inmediatos al suceso la repercusión de la noticia: flores en la fachada de la Embajada Española ante la Santa Sede, homenaje oficial a las víctimas en el Capitolio, vigilancia notoria en la Estación Termini...La ciudad estaba conmovida y la solidaridad era muy emotiva.

En estas condiciones, las razones iniciales de mi visita a Roma perdieron su razón de ser. Otros sentimientos y sensaciones acapararon nuestra atención. La empresa, por otro lado, era más que utópica. La oportunidad de hallar un testimonio que demostrase la historicidad de lo que para muchos no es más que una tradición sin fundamentos o leyenda quedaba relegada. Buscar prensa española y escuchar noticias por TV era más que prioritario, acuciante.


Stº María del Trastévere en Roma

Epílogo

Han transcurrido dos años. En los medios sigue la polémica sobre la autoría de los atentados. Lamento que hechos de tal envergadura sigan instrumentalizándose por intereses partidistas. Yo sigo, como si el tiempo se hubiera detenido, con la rutina de los sábados: acudo a la Biblioteca en busca de documentación bibliográfica sobre los temas de siempre y, a la entrada, observo de forma automática, una vez más, a los presentes que se hallan absortos tras los artilugios portátiles cada vez más numerosos, pero con escasa familiaridad en sus rostros. Ninguna bibliotecaria me ha facilitado datos sobre Giuseppe por razones –dicen- de preservar la confidencialidad. Mis pesquisas sobre documentos del siglo XIII que pudieran recoger noticias, huellas o rastros de nuestro enigmático “amante” han sido baldías. Con el ánimo confundido entre la ilusión que siempre me ha caracterizado y conatos de pesimismo incipiente que comienzan a atenazarme, sigo esperando llamadas, sigo creyendo que, si se buscan, existen los encuentros, ¿casuales? y sigo pendiente de la rueda de la fortuna por si un día, no muy lejano, se queda inmóvil a mi lado. La intrahistoria de mi vida está ahí como fundamento de piedra: un día encontré a una compañera de percusión, otro día conocí a Giuseppe, italiano de Cerdeña que me mostró un documento, ¿acaso virtual?, que con más luces que sombras testimoniaba que Juan Martínez (Diego de Marcilla, para otros) se había hospedado en el castillo sanjuanista de Aliaga en su camino tortuoso de regreso a Teruel para cumplir con la promesa dada tras cinco largos años de ausencia....A veces me asaltan las dudas y pienso que todo ha sido un sueño, pero los apuntes tomados de aquel encuentro y la imagen cada vez más difusa de Giuseppe todavía están ahí...

(5).- Lechazo asado.
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MÁS INFORMACIÓN:
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BODAS DE ISABEL: http://www.bodasdeisabel.com/

FUNDACIÓN AMANTES DE TERUEL: http://www.terueltirwal.es/teruel/amantes_teruel.html

EN ESTA MISMA BITÁCORA:
http://lperezcerra.blogspot.com/2007/09/los-amantes-de-teruel-montaje-tradicin.html

martes, noviembre 25, 2008

NOTICIAS DE DIEGO (Los Amantes de Teruel). VII

Restos del castillo sanjuanista de Aliaga

Las calles de Teruel durante la celebración de las Bodas de Isabel

VII

De regreso a casa y un tanto aturdido por la experiencia vivida tomé el “metro”, esta vez, en Liceu en la Rambla de las Flores. Durante el trayecto, apenas imperceptible, una tormenta de ideas confusas desfilaban por mi mente. Ya en casa, un aspecto, todavía opaco, de la información recibida se abría camino entre los demás reclamando un protagonismo mal contenido. Decidí pasar los apuntes al ordenador antes de que la propia letra me resultase ilegible. Iba a comenzar dicha tarea, cuando una especie de luz mental iluminó unas expresiones que reclamaban atención urgente: “promesa, Teruel, Juan Martinez,...” Fui directamente a los apuntes que recogían este episodio y posteriormente consulté en la copiosa bibliografía recopilada durante varios años de trabajo a qué época perteneció el Comendador López de Lizanda. La respuesta no tardó en llegar: siglo XIII.

- ¿Diego de Marcilla en Aliaga? - me interrogué pasmado (4)

La pregunta, a manera de conclusión, surgió en mi agitada y convulsa cabeza. Quizás estoy condicionado por una serie de intuiciones infundadas, más que evidencias, pero cualquier episodio, noticia o dato ubicado en este oscuro siglo XIII que suene a la ciudad fronteriza de Teruel conlleva la asociación con ese episodio de los Amantes que unos consideran leyenda y otros se empecinan en lo contrario. A unos y otros les faltan fundamentos, pruebas y evidencias. Yo lucho, con fe inquebrantable, en buscar la luz con la confianza de que algún día la encontraré. Hoy puede ser, por qué no, ese día soñado. De momento ya sabemos que la aplicación de la técnica del Carbono 14 a las momias encontradas en la Iglesia de San Pedro han demostrado que su origen coincide más o menos con la que señala la historia-leyenda. Esta investigación que demuestra la antigüedad de los restos, pero no la identidad de los mismos, acabará con las mofas y comentarios de mal gusto sobre aquella osamenta exhibida en aquel claustrofóbico Museo. Hoy, afortunadamente, se ocultan con discreción bajo un espléndido mausoleo de alabastro, obra del escultor Juan de Ávalos, quien horrorizado ante la visión del espectáculo de aquellas momias, decidió protegerlas de la curiosidad impertinente de algunos visitantes incrédulos.

Ni las pruebas de los defensores amantistas –eminentemente intuitivas- son tan convincentes como ellos creen, ni los motivos de los detractores tan malintencionados como algunos pretenden. Los unos con fe ciega en la autenticidad de los restos y los otros que si eran los de una pareja de la Guardia Civil, de dos monjes o pordioseros Lo que hay que oír...

Varios años de búsqueda infructuosa de noticias del desaparecido “amante” de Teruel. Mucho tiempo tratando de dar luz a ese oscuro lustro de ausencias de Diego en busca de la fortuna que lo haga merecedor de la mano de Isabel de Segura. Varios años de rastreos baldíos...y de alguna que otra mofa de mis colegas de claustro, y, ahora, por azarosa fortuna, aparecen sus huellas casualmente en uno de los miles de documentos que un casi desconocido investigador de Cerdeña se cruza en mi camino.

Me temblaban las piernas y no acababa de dar crédito a los ámbitos que me arrastraba mi ya de por sí exacerbada fantasía... Busqué un cigarrillo de forma mecánica sin recordar que alardeo no pocas veces de haberme liberado de esa dependencia desde hace quince años. No sé que sensaciones habrán experimentado los que, tras un descubrimiento novedoso y de ámbito universal, han pasado a la historia. Yo me dejo llevar en un principio por emociones y, aunque creo tener los pies en la tierra, no opongo resistencia a que la imaginación cabalgue libre por esos derroteros llenos de fábulas que me evaden de la vulgar cotidianidad de la vida. Algo que no deja de ser una simple intuición y asociación de ideas más o menos pretenciosas me produce tal satisfacción y emoción que da sentido a esta búsqueda en el tiempo y a través de recorridos en solitario por laberintos oscuros, retorcidos y plenos de incomprensión.
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(4).- Diego de Marcilla, coprotagonista de la historia-leyenda de “Los Amantes de Teruel”. Según los textos históricos: Juan Martínez de Marcilla.
(Continuará: quedan dos entregas)

domingo, noviembre 23, 2008

NOTICIAS DE DIEGO (Los Amantes de Teruel). IV, V y VI

Biblioteca de Catalunya


IV

Sugirió, amable, pasar a la cabina de consulta para no molestar a los enfrascados estudiosos. Él en catalán, salpicado de voces italianas, con respuestas profusamente documentadas, pausadas y, me atrevería a decir, complacidas y yo en castellano con expresiones catalanas intercaladas de forma arbitraria, ansioso por escuchar y anotar con avidez mal contenida.

Giuseppe, natural de l’Alguer (Cerdeña), había venido a Barcelona a consultar unos facsímiles de manuscritos sobre las Órdenes de Caballerías que se hallaban en el Depósito General de esta histórica Biblioteca que, según me dijo, dispone de cuatro plantas subterráneas con más de cuarenta kilómetros de estanterías. Esto última lo manifestó con énfasis. Confieso mi ignorancia a tal respecto y eso que hace muchos años que me pierdo por esta casa. Hoy, añadió, había obtenido permiso para sacar unas fotocopias y tenía previsto regresar a Roma al día siguiente. En esta capital se hallaba la sede de la Fundación que le estaba becando para llevar a cabo tal investigación. Creo que también mencionó el barrio del Trastévere. Después me contó cómo de vinculada estaba su vida con las bibliotecas más importantes de Europa. Bibliotecas de Admont (Austria), Riccardiana de Florencia, Mazarina de París, del Escorial, Vaticana, del Trinity College de Dublín...se habían convertido en sus sucesivos hogares en los que transcurría la mayor parte de su tiempo.

Con la ayuda del ordenador, me mostró diversos archivos. Me explicó que la misión de la Orden –todavía vigente- está definida en su lema: "Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum" (la defensa de la Fe y el servicio a los pobres). Me concretó peculiaridades de la Regla de dicha Orden, promulgada por Raimundo de Puy hacia 1125, como la de recibir, asistir y defender a los peregrinos, los tres votos clásicos y el posterior de las armas; la pertenencia a la misma del Papa Clemente VII; el asentamiento de esta Orden en Aragón a raíz del testamento de Alfonso I el Batallador...

V

Le rogué, con impaciencia, se ciñera al ámbito local de Aliaga, patria chica de mis padres, abuelos...Ahí está la raíz de mi obsesión por estas cuestiones. Tras abrir otro fichero, me explicó que esta villa, sus términos, la iglesia y el castillo pasaron a la Orden de San Juan en 1163 por donación de Sancho de Tarazona. También administraron la iglesia de Campos y la de Cuevas del Rocín. La encomienda de Aliaga estaba constituida en 1180. Diez años más tarde recibieron de Alfonso II la población de Villarroya de los Pinares y sus términos. El Cartulario de la Encomienda de Aliaga recoge el incremento de posesiones que experimenta con Pedro II: castillo de Fortanete, la villa de Sollavientos y el dominio de los frailes sobre Miravete. Igualmente me mostró un listado de los numerosos Comendadores, dependientes de los Maestres de Amposta: Miguel de Siella, Raimundo de Iscles, Sancho López de Lizanda, Raimundo Vetula, Ramon Canella, Guiralt de Monclus, G. de Vetula, Miguel de la Siella.... y muchos más. La relación se iniciaba a finales del siglo XII y llegaba hasta bien entrado el siglo XVIII.

Estos datos me resultaban familiares y no respondían a mis expectativas. Incluso comenzaban a hastiarme un tanto. El entusiasmo inicial iba decayendo a pasos agigantados. Además, aportaba escasas novedades respecto a alguno de los libros escritos sobre la Historia de Aliaga. Recuerdo, sobre todo, el publicado por el distinguido catedrático de la Universidad de Valencia Don León Esteban Mateo e ilustrado por J.C. Vázquez “Gaviota” en 1989.

Con forzada cortesía le manifesté que, más que profusión de datos, fechas y nombres, me interesaban vivencias, episodios, quehaceres de los caballeros sanjuanistas dentro y fuera del castillo. En pocas palabras: aspectos de la vida cotidiana de aquellos entonces...

VI

Giuseppe aceptó el envite. Con morosidad extrajo un CD de un repleto estuche de piel, lo introdujo en la disquetera del ordenador y lo abrió con sorprendente rapidez. En la pantalla y en latín aparecieron páginas y páginas escaneadas manuscritas en caligrafías complejas y abigarradas. Confieso mi incapacidad para entender aquellas sombras alineadas en líneas paralelas perfectas y sin pautas. Eran memorias –según me aclaró el experto- profusamente detalladas de cuestiones de carácter económico: préstamos y recaudaciones; acciones humanitarias y bélicas de aquellos frailes-caballeros... Me llamó la atención que los hechos de carácter social -diríamos hoy- fuesen considerablemente más numerosos que los de armas. Giuseppe destacaba complacido este rasgo diferenciador con respecto a la Orden del Temple: los sanjuanistas fueron, por principios, y la historia así lo ha corroborado, antes monjes que soldados.

Le encarecí me tradujese alguno de aquellos textos tras confesarle que, con mi modesto bagaje latino, no había pasado de afrontar con más pena que gloria la Guerra de las Galias de César. Además aquellos garabatos eran bellos pero indescifrables. Casi todos trataban de acciones hospitalarias, dentro del recinto del castillo, de peregrinos sin techo, caballeros convalecientes por heridas de guerra, donaciones de alimentos, aportaciones testamentarias, acciones de colonización, etc. También se recogían autorizaciones papales (Alejandro IV, 1259) para vestir como monjes –manto negro- en tiempos de paz y como caballeros –cotas rojas con la cruz blanca- en la guerra.

Otra de las reseñas traducidas que me hizo y me llamó la atención por su carácter humano –recogida en convulsivos y ávidos apuntes- trataba del asilo concedido a un caballero cansado y maltrecho, acompañado de dos criados y con una reata de un caballo y cuatro mulas sobrecargadas. El tal caballero manifestó que se dirigía a Teruel para cumplir una promesa. Dijo llamarse Juan Martínez. A pesar de su rango, prefirió ubicarse en la barbacana del castillo. En modo alguno aceptó hospedarse en lugar distinto al destinado a sus criados y caballerías. Al dejar el castillo precipitadamente, hizo donación al subcomendador de la Orden de una valiosa joya de orfebrería mora. Tal hecho no estaba fechado. Sin embargo sí figuraba Sancho López de Lizanda como Comendador de la Orden Hospitalaria de Aliaga.

Un móvil debió de vibrar en el bolsillo de Giuseppe porque lo extrajo de forma furtiva, habló quedamente y me manifestó que, lamentándolo mucho, tenía que marchar. Me quedé ansioso por seguir con mi interrogatorio. Le agradecí muy efusivo su gentileza, le di mi tarjeta con el ruego de que me escribiese algún correo electrónico si pensaba retornar por aquí ya que quedaban muchos temas pendientes y yo también quería hacerle partícipe de mis modestas investigaciones. Para incentivar su interés le manifesté que tenía datos sobre la influencia de la historia-leyenda de Los Amantes de Teruel en el Decamerón de Boccaccio. Me miró con asombro, pero no dijo palabra. Nos despedimos con un fuerte apretón de manos.
(Continuará)

NOTICIAS DE DIEGO (Los Amantes de Teruel). I, II y III


NOTICIAS DE DIEGO

I

Como cada sábado por la mañana, me apeo del “metro” en Plaza de Cataluña, Desciendo, inmerso en una variopinta marea humana, por la Rambla de Canaletas hasta la altura de la iglesia de Belén. Giro a la derecha por la calle del Carmen. Y como siempre, una parada obligada ante el “Rincón de Aragón” (Asador de Teruel) con su carta llena de nostálgicas exquisiteces - migas, ternasco asado, rabo de buey, melocotón de Calanda al vino...- antes de llegar a mi destino sabatino: la Biblioteca de Cataluña.

II

Tras los trámites y controles de rigor en la Recepción que más bien parece una rigurosa Aduana, me dirijo a la Sala de Consulta para buscar información bibliográfica sobre dos temas que desde hace varios años me tiene seducido y estancado: la cuestionada historicidad de los Amantes de Teruel y las Órdenes de Caballería en las Encomiendas del Sur de Aragón.

Antes de llegar al lugar acostumbrado, observo de forma rutinaria a todos los solitarios y absortos presentes que se hallan camuflados tras sus ordenadores portátiles. Un día encontré a Laura, paisana y compañera de la Escuela de Bombos y Tambores, tras uno de estos artilugios y, desde entonces, siempre los miro a hurtadillas, con cierta impertinencia, por si volviera a repetirse tal azar. Hoy tampoco está. Espero que el lunes no falte a clase porque su mera presencia me motiva y da fuerzas para vencer la indolencia inicial de blandir los palillos contra el parche. Sin embargo, en una cabina de consulta anexa a la gran sala, algo que vislumbro con dificultad como fondo de una pantalla TFT me obliga a detenerme. Se trata de una gran cruz blanca de ocho puntas sobre fondo virtual de terciopelo rojo y un título: “Encomiendas de la Orden de Malta en Aragón”.(1) Creo que si se buscan, existen las casualidades. Quizá sea más adecuado llamarle azar o tal vez fortuna.

III

La “Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén” a la que perteneció la “Encomienda de Aliaga” pasó a llamarse “Orden de Malta” desde que Carlos I concedió a los “sanjuanistas” la isla de Malta y sus anejas de Gozzo y Comino, así como la plaza de Trípoli allá por el año 1530 para compensarles de la pérdida de Rodas, en 1522, tras seis angustiosos meses de resistencia al asedio turco comandado por el legendario sultán Solimán el Magnífico.

Este episodio histórico me vino a la memoria en forma de “flash” porque no hacía mucho que había caído en mis manos un libro sobre las Órdenes de Caballería. Debo confesar mi fascinación por estos temas que arrancan con la lectura de la voluminosa novela de caballerías del valenciano Joanot Martorell:“Tirant lo Blanc”. Uno de los asedios turcos a la ciudad de Rodas quedó inmortalizado en esta novela que incluso tuvo el mérito de ser salvada en el famoso “escrutinio” realizado en la primera parte del “Quijote” tras la salida inicial fallida del ya trastocado hidalgo.

La pantalla del portátil seguía allí con tan peculiar fondo y yo absorto y fascinado por la cruz de los caballeros sanjuanistas a los que Fernando el Católico denominó “atletas de Cristo”. De forma inesperada, apareció con sigilo un joven alto, delgado y con oscura, aunque deportiva, vestimenta. Penetró en la cabina y depositó una gavilla de legajos a la izquierda del ordenador y se sentó posando la mano con suavidad en un ratón inalámbrico y luminoso. Sin pensarlo dos veces y obviando mi timidez congénita le pregunté:

-
¿Está investigando sobre la Orden de los Sanjuanistas en Aragón?

Su rostro, un tanto sorprendido, se movió de arriba a bajo afirmativamente.

-
Porto set anys investigant i el meu àmbit de treball abasta a tota la cristiandat medieval.(2)

Me sorprendió la musicalidad de su catalán. Le volví a espetar de forma impulsiva, ansiosa y algo brusca:

-
¿Conoce la encomienda sanjuanista de Aliaga?

Asintió con gesto expresivo y añadió en catalán, pero con acento italiano:

-
Conec la d'Aliaga, les de Saragossa, Calataiud, Mallén, Tarazona, Remolins, Barbastro, Daroca,...(3)

No le dejé continuar. Atropelladamente le rogué me concediera unos minutos.

NOTAS DEL AUTOR:
(1).- La Orden de Caballería de los Sanjuanistas, por razones históricas, se conoce también por otros nombres: “Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén”, “Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén”, “Orden de Malta”, etc.
(2).- “Llevo siete años investigando y mi ámbito de trabajo abarca a toda la cristiandad medieval”
(3).- “Conozco la de Aliaga,...

sábado, septiembre 29, 2007

LOS AMANTES DE TERUEL: ¿MONTAJE, TRADICIÓN O HISTORIA?


Recojo en este artículo una síntesis de una conferencia que impartí en la Sala Costa del Centro Aragonés de Barcelona en el año 2002

A).- LA TRADICIÓN:

En Teruel, y ya comenzado el siglo XIII, vivía un joven -apellidado Juan Diego de Marcilla- enamorado profundamente de una hermosa doncella -Isabel de Segura- que correspondía a su pasión. Marcilla pidió por mujer a Segura, pero el padre de ella la negó por causa de la diferencia de fortunas.

Desesperado Juan Dieago de Marcilla, decidió marchar en busca de las riquezas que le faltaban y pidió a Isabel un plazo de unos años -cinco es el número más comúnmente admitido-, durante el cual mantendría la fidelidad a su amor. Concedió ella este plazo, y el joven partió en busca de la fortuna.

Isabel de Segura vio transcurrir lentamente los meses y los años oponiéndose a los deseos de su padre de que tomara estado y guardando la fidelidad prometida, pero finalmente y ya perdida la esperanza de la vuelta de su amado, en el punto en que se cumplía el plazo, cedió al deseo paterno y celebró sus bodas con el elegido por su padre.

Volvió en aquel momento Marcilla, triunfante en sus empresas y con las riquezas finalmente conseguidas y, desesperado al ver ya casada a la que había sido su anhelo y su ilusión, quiso hablar siquiera una última vez con ella.

Se introdujo en la habitación destinada a los nuevos esposos, ocultándose. Ella, al entrar con su marido, pidió a éste que no la gozara por aquella noche, alegando un voto de castidad que en tal fecha cumplía. Al fin, el marido cedió al deseo de su mujer, y cuando él ya estaba dormido, salió de su escondite Marcilla, habló a Isabel y le pidió un solo beso como único premio a todos sus trabajos y afanes padecidos por ella.

Segura lo negó por castidad, puesto que ya tenía dueño. Mas él insistió nuevamente, apenado por la negativa y con anhelo incontenible. Vuélvelo a negar Isabel, y él insiste diciendo: “Bésame, que me muero”. Nuevamente niega ella y Marcilla, allí mismo y ante la vista de ella, cayó en el pavimento, muerto de amor.

Isabel, con la natural conmoción ante el caso, despertó a su marido, pero no atreviéndose a contarle de improviso lo ocurrido, le pidió su parecer sobre el mismo, como si le hubiese ocurrido a una de sus amigas, y preguntando si debía haberle dado el beso que el infortunado amante pedía.

El marido opinó que la mujer había sido necia y que debiera haberle dado el beso a quien tan fiel y tan buen amante fue. Descubre ella entonces la verdad y, ante el pasmo del esposo, muestra el cadáver de Marcilla en la misma cámara. Se atemorizan los dos temiendo ser culpados del delito, y entre ambos llevaron el cadáver a escondidas dejándolo en la puerta de casa de los Marcilla, que según la tradición estaba contigua o muy próxima, donde al siguiente día fue hallado.

Se hicieron honras fúnebres a Marcilla, y el cortejo funeral pasó por delante de la casa de Isabel, que apenada lo veía. El remordimiento por haberle negado la última petición que en vida le hiciera su fiel amante y la obsesión de haber sido causa de su muerte conmovieron y angustiaron profundamente a Segura, induciéndola a darle en muerte el beso que aquél pidiera como el postrero de sus favores.

Decidida a ello, siguió al cortejo hasta la iglesia de San Pedro, en donde se celebraban las honras fúnebres, y allí abrazándose al cuerpo inanimado de Marcilla, que se hallaba expuesto, le dio el beso que antes le había negado, exhalando con él su último suspiro y quedando allí, abrazada al cadáver.

Las gentes, quisieron apartar del muerto a la persona que así le abrazaba, viendo con pasmo se trataba de la infeliz Segura Recordando los amores de su juventud y lo sucedido -que el marido contó en exculpación de Segura-, fue decidido por persona sesuda y de autoridad que recibieran sepulcro tan tiernos y fieles amantes en un mismo lugar.

Estos acontecimientos son la base de la tradición y muchos turolenses la han transmitido multisecularmente de padres a hijos y la tienen por verídica.

Sin duda, se trata de una de las más bellas páginas de amor del mundo que ha inspirado e inspira numerosas obras literarias y de arte.

Dicha tradición puede derivarse directamente de los hechos iniciales o de interpretaciones posteriores. Si no se puede verificar su antigüedad –tal es el caso- ni su autenticidad, no sirve para demostrar la realidad histórica de los Amantes.

B).- EL DEABATE: ¿Tradición, leyenda literaria, historia...?

Desde 1217, fecha en la que la tradición sitúa los sucesos que terminaron en la muerte de los dos enamorados hasta 1550 debió tener dicha tradición una vida sencilla, segura y apacible. La transmisión oral de los hechos era normal y comúnmente aceptada. Nadie entraba en disquisiciones científicas. Pero a partir de la última fecha, debido al espíritu observador de la Edad Moderna comenzaron a aparecer las dudas. Hacían falta pruebas y sobraban manifestaciones ingenuas de fe.

Durante el siglo XVI más de 10 obras literarias giran en torno a dicha tradición sin apenas cuestionarla. Pero en el siglo XVII, Vicencio Blasco de Lanuza, canónigo de Zaragoza e historiador pide pruebas creíbles, testimonios fidedignos, documentos o inscripciones en el sepulcro.

La respuesta, sin embargo, no se hizo esperar...

El Protocolo de 1619:
El notario y secretario turolense Juan Yagüe de Salas da fe de unas cuestiones que pasamos a detallar.

Jaime Caruana Gómez Barreda (Los Amantes de Teruel. ¿Tradición? ¿Traducción? ¿Historia?) fue el primero en distinguir las partes de este complejo protocolo. En síntesis, éste nos viene a decir:

1.- Enumeración pormenorizada de las autoridades eclesiásticas y civiles actuantes en esa fecha.

2.- Dar fe de haber tenido un documento antiguo en el que se fundamenta el protocolo

3.- En dicho papel se describe la Historia de los Amantes.

4. Hallazgo de los esqueletos: los racioneros de San Pedro, Juan Ortiz y Miguel Sanz, (prebendados que tenían ración en una iglesia catedral o colegial) basados en un papel que copiaba una Historia de los Amantes de Teruel antigua que debía ser anterior a 1555 (hoy perdida), guiados por la tradición y el recuerdo de unos vecinos, cavaron junto al altar de San Cosme y San Damián y hallaron en una concavidad como de sepulcro dos esqueletos que identificaron como pertenecientes a Juan Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Ese mismo día el notario turolense Juan Yagüe de Salas redactó un protocolo para dar fe al hecho.

5.- Enumeración de los catorce testigos que estuvieron presentes en los actos que se hicieron y que pueden verificarse documentalmente.

Dicho documento, pues, viene a dar respuesta parcial a algunas de las interrogantes planteadas: Hay cadáveres y testimonios escritos.

Tirso de Molina, Juan Pérez de Montalbán, Pedro de Utrillas, Miguel de Montreal, etc. serán, entre otros, autores de obras basadas en la misma tradición o leyenda con variantes que respetaron en general el decoro de la tradición.

En el siglo XVIII siguen apareciendo comedias poco fiables y disparatadas. Los Amantes gozan de fama, pero las dudas se incrementan sobre la realidad de dichos personajes y la autenticidad de los esqueletos.

En el XIX, Isidoro de Antillón, Isidoro Villarroya y Esteban Gabarda, todos ellos turolenses, escribirán con más entusiasmo que criterio científico obras defensoras de la antigüedad e historicidad de los hechos.

Juan Eugenio de Hartzenbusch estrena con gran éxito en Madrid su primera versión del drama Los Amantes de Teruel en 1837.Casi todas las obras literarias anteriores y posteriores a ese estreno quedan postergadas a una humilde consideración. Las consecuencias de este evento fueron:

1.- Positiva: Triunfo y promoción de la historia. La obra, un hito del Romanticismo español, muestra precisamente el amor perfecto, a punto de realizarse en la tierra (protagonismo del tiempo como fatalidad) pero que sólo podrá hacerlo en otro mundo: el que sucede a la muerte. Hasta Mariano José de Larra, crítico exigente como pocos, le tributó un encendido homenaje.

2.- Negativa: Hartzenbusch, en un artículo, observó la gran semejanza que había entre el cuento Girólamo e Salvestra de Boccaccio (Decamerón) y Los Amantes de Teruel. Hartzenbusch añade que el cuento del italiano es posterior y que los aragoneses y catalanes dominaban en Sicilia y mantenían relaciones con Nápoles y toda Italia. Los escépticos no quedaron convencidos y usaron este cuento para negarle antigüedad a la tradición turolense...

El siglo XX, sin duda, será el de la seriedad crítica. La obra de Emilio Cotarelo y Mori, (crítico gallego profesional que sólo se basa en premisas objetivas y sólidas) Sobre el origen y desarrollo de los Amantes de Teruel (1903) cuestionará la tradición, la fiabilidad de lo documentos, la autenticidad e identificación de las momias y, por si fuera poco, añadirá que el cuento de Boccaccio es el origen de Los Amantes. La obra de Cotarelo también tiene puntos flacos (ignora a los notarios, da excesiva importancia a las diferentes versiones literarias, etc.), pero provocó que los amantistas convencidos se lanzaran a buscar datos para rebatir las devastadoras conclusiones del ilustre académico.

Jaime Caruana en el Volumen conmemorativo del IV centenario del descubrimiento de sus momias (1955) expondrá algunos hallazgos con valor histórico: exactitud de la fecha en que fue juez Domingo Celadas (1216-1217), los apellidos Segura y Marcilla existieron durante el siglo XIII, etc.

Carlos Luis de la Vega y José Luis Sotoca publican Análisis crítica-filológico de los protocolos notariales sobre los Amantes (1976) y Los Amantes de Teruel: la tradición y la historia (1979). Ambas investigaciones, en función de la antigüedad de las palabras acaban fijando la fecha del “papel antiguo” –fuente del Protocolo de Yagüe de Salas- entre los últimos años del siglo XIV y la primera mitad del siglo XV.

Conrado Guardiola Alcover (1978) data la Historia de los Amantes por medio de un análisis lingüístico, fonético, morfológico y sintáctico y llega a las siguientes conclusiones:

La Historia antigua en que se basa el Protocolo es genuina.

El lenguaje es aragonés, es fabla auténtica medieval.

El texto puede datarse en el último tercio del siglo XV (aunque la tradición haya podido forjarse en el XIII)

Picoche (hispanista francés), De la Vega, Guardiola Alcover, etc. analizan las semejanzas y diferencias entre Los Amantes de Teruel y Girólamo e Salvestra de Boccaccio y llegan a la conclusión de que los componentes estructurales del Decamerón implican dependencia de un texto anterior, el cual no puede ser más que La Historia de los Amantes de Teruel antigua, bien en la versión que ahora conocemos u otra similar. No se trata de una traducción más o menos lineal, sino de una reinterpretación.

3.- CONCLUSIONES:

De los seis puntos en que basó Cotarelo su teoría antiamantista, cuatro han quedado desmentidos por la crítica moderna. Sólo dos de sus argumentos pueden mantenerse, aunque cada vez con menos consistencia: las momias no están claramente identificadas y no hay ningún texto ni referencia a los Amantes anterior a la fecha del Decamerón, 1350. La investigación, sin embargo, no ha dicho su última palabra...

Mientras tanto, el pueblo turolense recrea la Celebración de las Bodas. Desde 1997 se celebra en Teruel la que ya es una de sus fiestas más importantes: Las Bodas de Isabel de Segura. Bajo la diestra batuta de Raquel Esteban Martín y el sabio asesoramiento de Gregorio A. Gómez, más de 15.000 turolenses reviven aquella época y participan en los actos que se celebran por las calles: mercadillo medieval, bodas, pasacalles con instrumentos recuperados de la época, danzas, bailes, teatro, escenificación de la historia de los Amantes, lectura de romances, escena del beso (todos los enamorados se pueden besar como homenaje a los Amantes)...

Desde la mayoría de hogares turolenses, con el trabajo de grupos y asociaciones culturales, con la llegada de gentes de tierras limítrofes (sobre todo, valencianos) y hasta de fuera de las fronteras hispanas, se revive el espíritu de la medievalmanía. Es como una vuelta a aspectos del Romanticismo decimonónico.

A esos turolenses, amantes de la tradición, convencidos de ella con una fe casi genética, sin interrogantes existenciales, con sencillez, con espíritu festivo, recreando la leyenda como figurantes, como actores secundarios, como protagonistas que suplen con el afecto y la imaginación donde no alcanza la razón. A esos turolenses no les hace falta ninguna verdad científica.

No obstante, hay que seguir investigando para convencer a los no convencidos, para fundamentar la fe de “ese pueblo enamorado que hace que en vuestra tumba siempre brote una flor..” y para que la atracción, casi fatal, que tal enigma despierta encuentre definitivamente la luz.
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Ultimas noticias: Las momias de los Amantes de Teruel corresponden a un hombre y una mujer que fallecieron a principios de siglo XIV. Este es el resultado del análisis de muestras de las momias recogidas por miembros del equipo de Atapuerca y realizados en Miami. (Prueba del carbono 14). El margen de error es de 70 años más o menos. Esto no demuestra que dichas momias sean de Juan Diego e Isabel, pero desmienten maledicencias varias sobre dichos restos...

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LLEGAR HASTA EL FINAL TIENE PREMIO

De ANGIE para LUIS ANTONIO

"Haikuquero es
el beso que se entrega
cuando hay querer".