sábado, diciembre 08, 2018

Mentiras fundamentales sobre Cataluña Por Xavier Diez - 19/11/2018



(Continuación?
Con esta entrada finalizo la publicación del artículo de Xavier Diez publicado en el Diario 16. No sé si ha contribuido a aclarar ideas y dudas o a incrementarlas. Es difícil opinar sobre un tema que alimenta  más las emociones que la capacidad de raciocinio. En cualquier caso quiero que quede claro que mi propósito no ha sido otro  que provocar debate.  También poner de manifiesto, una vez más, que todo lo que sea levantar muros, destruir puentes y manifestar supremacismo de unos frente a otros me produce un gran desasosiego porque la convivencia queda inevitablemente dañada. Los nacionalismos, todos, provocan dichas secuelas. Lo repetiré una y otra vez: los patriotismos son otra cosa...

Agradezco encarecidamente todos los comentarios publicados en este espacio y también los correos electrónicos que he recibido de quienes han preferido dicha modalidad de comunicación. De lo que manifiestan unos y otros se aprende siempre.

Mentira número 5: son golpistas

Esta es el mantra más repetido por la derecha nacionalista española, que considera que el referéndum del 1 de octubre, junto con su preparación y su incardinación en el marco jurídico, así como la declaración de semanas después fue un “golpe de estado”. Resulta más que curioso que aquellos que no tienen problemas a minimizar, y en algunos casos a reivindicar el régimen franquista, sean aquellos que más se desgañiten para exigir la aplicación permanente del artículo 155.

Sí que hubo un golpe, pero fue inducido por el jefe del estado en su alocución (un implícito llamamiento a la represión) del 3 de octubre. Sus palabras fueron interpretadas como una carta blanca por parte de los cuerpos policiales y el poder judicial (y el TC) para encarcelar con cargos ficticios a buena parte de sus protagonistas, para impedir el nombramiento del presidente Puigdemont forzando vergonzosamente la legalidad o para acusar de terrorismo a quienes cortaban carreteras poseyendo pitos amarillos, como es el caso de Tamara Carrasco. Los jueces europeos no se podían creer lo que veían, de manera que diplomáticamente han desautorizado la justicia-ficción elaborada desde el Supremo, rebajándola reiteradamente por los tribunales europeos a la segunda división europea, justo al lado de Turquía.


Bonus Track núm. 2: es paradójico que, teniendo en cuenta que la generalización constitucional de las autonomías (el Café para Todos) se realizó, indiferentemente de la voluntad de la mayoría de territorios, y con un mapa autonómico surrealista, para diluir la innegable condición nacional de Cataluña y el País Vasco, a lo largo de la aplicación del 155, el único territorio sin autonomía fuera precisamente éste.
Mentira número 6: Se ha roto la convivencia

El mes pasado conocí a un joven de Ceuta que había encontrado trabajo en Girona como educador. Confesó que, cuando explicó a su familia que se venía a Cataluña, su madre lloraba desconsoladamente como si hubiera sido enviado a la Guerra del Vietnam. Llevaba ya algunas semanas aquí y pudo comprobar que todo lo que le habían explicado sobre Cataluña era mentira. Que nadie le perseguía por no hablar catalán (como sucede con el 20% de la población). La idea de la ruptura de la convivencia no es ningura realidad, sino un proyecto deliberado dirigido por Ciudadanos y que como ya confesó públicamente uno de sus líderes, Jordi Cañas, anhela la ulsterización del país. No es fácil que esto suceda, porque la sociedad catalana es sumamente compleja y heterogénea y lleva ya un siglo administrando la diversidad. En las familias, lugares de trabajo, sindicatos, comunidades de vecinos, grupos de amigos existen opiniones dispares, pero no se ha roto ninguna a causa del independentismo. Si algún núcleo familiar se ha dejado de hablar es a causa de razones mucho más profundas y personales. En entidades de la sociedad civil, como el sindicato CCOO, tras una consulta realizada este año, el 40% de los afiliados se declaran independentistas, pero no existe ningún movimiento que indique que la entidad se vaya a romper con una dirección que se, no sin cierta ambigüedad, se desmarca del independentismo. En otras palabras, a pesar de los intentos de división por parte de partidos como Ciudadanos o el PP, o la intoxicación mediática, Cataluña no se rompe, sino lo que se está rompiendo son los lazos personales, económicos y culturales con una España que parece llevar puesto el implante que contempla a los catalanes que ejercen como tales como “roaches” o cucarachas. Porque buena parte de los catalanes, sean independentistas o no, están bastante hartos de un estado que se esfuerza en mostrar a diario su hostilidad y que posee un doble rasero a la hora de tratar a sus ciudadanos. No es normal que una chica como Tamara Carrasco, que ha participado en un corte de carreteras y se le haya encontrado en casa “una careta de Jordi Cuixart y un pito amarillo”, haya sido acusada de “terrorismo” por la Audiencia Nacional, y en cambio, un ultraderechista, amigo de la Guardia Civil, con un gran arsenal de armas de juego y que tenía planificado atentar contra el presidente de gobierno, no sea considerado terrorista.
Bonus Track núm. 3. Se ha hablado de acoso y agresiones a unionistas, e incluso se ha magnificado el hecho que al juez Llarena se le haya pintado de amarillo el portal de su casa. Pero lo cierto es que los actos de violencia registrados van en una única dirección. Tras los 1.066 heridos del 1 de octubre contra los ciudadanos que pretendían votar, según el prestigioso Anuari.Cat, se registraron, entre octubre de 2017 y febrero de 2018, 139 incidentes violentos de carácter ideológicos, todos ellos ejecutados por la ultraderecha, entre los cuales, varias veces han participado personal de las fuerzas policiales del estado. Ello ha implicó decenas agresiones físicas por llevar lazos amarillos y un total de 101 heridos de diversa consideración. Uno de los periodistas más destacados en el conocimiento de la ultraderecha (y uno de los más amenazados de Europa) fue agredido por un agente de policía de paisano, entre multitud de testigos y pruebas gráficas, al grito de “Arriba España” y “Viva Franco”. En los días de octubre, varios coches de ciudades como Girona, Cassà o Verges aparecieron con las ruedas pinchadas. Precisamente en Verges, ciudad natal de Lluís Llach ha sido atacada varias veces por comandos ultraderechistas. El coche particular de la diputada republicana Jenn Díaz fue destrozado, Catalunya Ràdio y una escuela de Barcelona fue asaltada violentamente por una manifestación ultra y así un sinfín de situaciones silenciadas en los medios españoles. Desde este punto de vista, el nacionalismo español busca desesperadamente romper la convivencia.

Mentira número 7: No hay presos políticos ni exiliados, sino políticos presos y huidos de la justicia
Sé que esto es duro para muchos españoles que tienen en alta estima su país. Pero, tras los acontecimientos de octubre, el “a por ellos judicial” implica que personas de una calidad humana intachable han sido encarcelados preventivamente por formar parte de un gobierno, desconvocar una manifestación o permitir un debate en el Parlament, lo que contrasta, por ejemplo, con el caso de la Manada u crímenes de gravedad extrema o corrupción evidente. La situación se entiende únicamente a partir de las instrucciones jerárquicas de una judicatura, que, en los niveles estratégicos, mantiene un franquismo evidente, y probablemente tiene mucho que ver con instrucciones tácitas de una jefatura del estado que no oculta su odio hacia unos catalanes, que en más de un ochenta por ciento se declaran republicanos. Amnistía Internacional, 40 premios Nobel, magistrados alemanes, belgas, suizos o británicos han denunciado lo que los medios españoles se obstinan en reconocer: son presos políticos y exiliados. A cualquier profesor o catedrático de derecho le estalla la cabeza ante este acto de derecho-ficción. Pero, por si hacía falta alguna indicación más, los varapalos judiciales europeos a la hora de negar todas las extradiciones hacia los líderes independentistas exiliados, han dejado a la judicatura española a la altura de la turca. De hecho, no creo nada casual que a Felipe VI le sentaran al lado del presidente Erdogan en la ceremonia del centenario del final de la Primera Guerra Mundial. Incluso el Supremo ha retirado las euroórdenes ante la evidencia, lo que implica claramente que en ningún caso sean “huidos”, puesto que pueden circular por todo el mundo menos en un país llamada España y en una Cataluña donde se aplica, a la práctica un “estado de excepción”.

Bonus Track núm. 4: Es bien conocido que antes del 1 de octubre, uno de los juzgados de Barcelona se dedicó a investigar ilegalmente al mundo independentista, y que tras el “a por ellos judicial”, se encausó a más de 1.200 personas por cosas del estilo “alcaldes que firman manifiestos”, tuiteros, manifestantes o maestros que fueron denunciados, a instancias de los mandos de los cuarteles, o por páginas web anónimas por supuesto adoctrinamiento. En otros términos, una “causa general” contra el independentismo y los “delitos de opinión”. En el momento en que estos casos han pasado por jueces ordinarios, todo ha sido archivado. A pesar del deterioro del sistema judicial, la mayoría de magistrados no parecen dispuestos a sacrificar su integridad profesional y ética (a pesar de que ello les impida progresar en su carrera). Por cierto, todo forma parte de una trama destapada por periodistas denominada “Operación Cataluña”, a cargo de políticos conservadores y cloacas del estado. Este conjunto de informaciones periodísticas probadas y contrastadas se resumieron en un documental que se pasó en Cataluña y el País Vasco, y que ha sido vetado por las televisiones generalistas.


Mentira número 8: Nadie reconocerá a Cataluña / Cataluña nunca será independiente
Resulta muy arriesgado, en política, o en la vida en general, utilizar el futuro imperfecto. Ni quien esto lea, ni quien escribe posee la facultad de adivinar el futuro. Pero con cierta formación y honestidad intelectual podemos intentar aprender del pasado y comprender el presente. Ahora que se cumplen cien años del final de la primera guerra mundial es necesario saber que en Europa se ha pasado de 26 estados independientes a 51, lo que implica un promedio de uno cada cuatro años. Y, aunque cada caso tiene sus peculiaridades, se repite un mismo patrón: un estado grande y plurinacional incapaz de administrar su diversidad. A diferencia de dos décadas atrás, en Cataluña existe una masa social suficientemente amplia que ha abrazado el independentismo como proyecto, lo que supone una espada de Damocles sobre Madrid y que hace de España un estado tremendamente frágil y vulnerable. Es cierto que a ningún país europeo u occidental le hace demasiada ilusión la independencia de Cataluña. Pero la regla número uno de las relaciones internacionales es el interés; i la número dos, la hipocresía. Varios gobiernos pueden utilizar el “conflicto interno” para presionar a las autoridades españolas para conseguir favores o tratados que les suponga un beneficio (y que perjudiquen a la sociedad y la economía española). De hecho, ya está pasando, cuando la flota rusa ha podido reabastecerse en las colonias españolas del norte de África. Y, por supuesto, el reconocimiento de Cataluña no se producirá… hasta que se produzca. La actuación burda y estúpida del gobierno español ha acelerado, además, la degradación de su prestigio internacional (la presencia de España ya se ha visto afectada a partir de la relegación en varios organismos internacionales como la OSCE o la UE) y su situación diplomática (especialmente gracias a ministros de competencia discutible como Margallo o Borrell) lo hace estar en una situación de debiliad. En contraposición, la forma cómo Canadá, con un problema parecido, encaró el conflicto, mediante un referéndum, unas reglas claras y una negociación posterior hizo de este país norteamericano una potencia más sólida que antes de 1980.

Mentira número 9: los catalanes son supremacistas / nacionalistas / nazis, …

Esta ha sido una de las más repetidas últimamente al más puro estilo goebbeliano. Se fundamenta probablemente en el hecho tradicional de que Cataluña es una sociedad tradicionalmente más urbanizada que España y que ciertamente algunos sectores del catalanismo no siempre han sido muy diplomáticos en su relación con Andalucía. Ciertamente, personajes como Antoni Duran Lleida (por cierto, un reconocido unionista y representante de lo más rancio y apolillado de la antigua burguesía catalana) utilizó en más de una ocasión los tópicos sobre andaluces vagos. Pero la realidad es bastante diferente: la propia Constitución establece una asimetría en las relaciones entre lenguas y culturas: obliga a conocer el español, pero no el catalán, al cual trata como lengua de segunda fila. Es más, el estado ha saboteado cualquier intento de que éste, con más de diez millones de hablantes (y que es hablado por uno de cada cinco ciudadanos del estado), sea oficial en España o en la Unión Europea, donde sí que lo es el maltés, el esloveno o el finés, con muchos menos hablantes. Además, el trato del estado al catalán se ha caracterizado por un desprecio sistemático. Resulta muy sintomático que existan más cátedras universitarias de catalán en Alemania que en la España monolingüe. Los catalanes no se sienten superiores a los españoles, ni a los portugueses, ni a los argentinos, sino algo que parece molestar mucho más: iguales. Es España la que se niega a dar un trato igualitario, de nación a nación. Es cierta incapacidad ontológica de aceptar de que Cataluña es una nación que, de acuerdo con las teorías de Bennedict Anderson, Ernest Gellner, Anthony Smith hace que este territorio y las personas que lo componen se puedan identificar como tales. Incluso la floja definición de la Real Academia de la Lengua “conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan la misma lengua y poseen una tradición común” se acomoda a una realidad objetiva. Sí, ciertamente muchos tienen tatuada la creencia que los catalanes se han inventado su pasado y que hablan catalán para fastidiar. Pero creer en ello no significa que la realidad no pase por encima del deseo del nacionalismo español de homogeneizar el estado al más puro estilo francés.
Desde el nacionalismo banal de quien posee un estado (Michael Billig nos recuerda que son éstos quienes disimulan su nacionalismo a partir considerar la exhibición de sus símbolos como algo natural), se considera a quien no comulga con la idea cuasi religiosa de la unidad de España como un hereje, y utiliza el apelativo de “nacionalista” para desacreditarlo. Pero, como ya hemos señalado, Cataluña es una sociedad plural y compleja y sus deseos de independencia responden a un proyecto de ruptura respecto a un estado hostil y autoritario. Para ello han desarrollado unas redes de sociedad civil que permiten movilizarse activamente por cientos de miles. En vez de tratar de entender por qué hay tantas personas que ya no quieren ser españolas, buena parte de la opinión pública y publicada ha decido relacionarlas con la Alemania nazi… paradójicamente por parte de un estado que acogió a miles de ellos, que fue construida en su forma actual mediante el franquismo, y que utiliza la represión para tratar de mantener un statu quo crecientemente discutido.

Apunte final: España debería visitar al psicoanalista
En este apagón informativo / implante cerebral que rige la conducta de buena parte de la sociedad española (no olvidemos que 6 de cada 10 españoles justifican la represión contra los independentistas, tratados como “roaches” o “cucarachas”) hay datos que muchos, diría que casi todos, desconocen. Si hablamos de la Cataluña contemporánea, exceptuando a José Montilla (2006-2010), todos, absolutamente todos los presidentes catalanes han sido víctimas de la represión del estado. Prat de la Riba, primer presidente de la Mancomunidad (una pre-autonomía anterior a la República, entre 1914 y 1924) murió prematuramente a causa de los diversos encarcelamientos en su etapa de líder catalanista. Francesc Macià (1931-1933) fue exiliado y encarcelado varias veces. Lluís Companys (1933-1940) fue encarcelado, exiliado, entregado por la Gestapo a España, y finalmente fusilado. Josep Irla (1940-1954) fue exiliado y su patrimonio robado por el franquismo. Josep Tarradellas (1954-1980) pasó 38 años en el exilio. Jordi Pujol (1980-2003) fue represaliado por el franquismo y pasó algunos años en prisión. Pasqual Maragall (2003-2006) fue defenestrado por el partido socialista, y cruelmente difamado por los medios españoles. Artur Mas (2010-2016) ha sido procesado y finalmente le han incautado su patrimonio en un acto de venganza del estado. Y, Carles Puigdemont también ha tenido que exiliarse. ¿Qué le pasa a España con los catalanes?
Durante siglos, Cataluña ha buscado inútilmente su encaje con el estado. Pero las cosas han cambiado, probablemente de manera definitiva. Una parte substancial, quizá mayoritaria y en ascenso, ya no quiere saber nada de una España empapada de franquismo y catalanofobia. O peor aún, de una España que, a la manera inquisitorial, ve en la existencia de una identidad nacional alternativa como una peligrosa herejía. Ahora, una masa social resentida y organizada aprovechará la mínima oportunidad para completar su proyecto o desestabilizar al estado. Ya sé que soy ingenuo, porque cualquier analista venido de cualquier sitio sabe perfectamente que es a partir del diálogo y la negociación que un conflicto de esta magnitud puede tener algún viso de solución. Pero para ello, la sociedad española debe arrancarse el implante que llevan puesto para poder leer la realidad de manera objetiva.




lunes, diciembre 03, 2018

Mentiras 3 y 4 sobre el independentismo catalán (movimiento burgués souflé)

Mentira número 3: el independentismo es un movimiento burgués

Esta es una acusación típica lanzada desde las izquierdas en base a una lectura indigesta de un Marx poco leído y desde el mal comprendido texto de Jordi Solé Tura sobre el catalanismo. En cierta manera, esta es una afirmación categórica y simplificadora que contiene algunos elementos que llevan a tener este análisis erróneo. En primer lugar, la propia idea de “burguesía”, entendida a la manera tradicional, es decir, patrones, propietarios de empresas y de gran capital, hoy en día es más que discutible de acuerdo con las nuevas reglas del juego del capitalismo neoliberal. Pero lo que llamaríamos la alta burguesía catalana, vinculada a los negocios en base a sus relaciones privilegiadas con el poder político es más que hostil al republicanismo. Según los diversos estudios sociológicos y demoscópicos sobre la cuestión, en Pedralbes, el barrio paradigmático de las clases altas barcelonesas, el sentimiento independentista no llega al 40%. En cambio, sí existe una mayoría de independentistas en lo que serían las clases medias y sobre todo las nuevas clases medias emergentes, muy vinculadas con parámetros más objetivos como el nivel de estudios. Así, según el barómetro de opinión pública de 2017, se consideran independentistas quienes poseen una titulación de Bachillerato y FP (51%), y estudios universitarios (entre el 61-63%), mientras es minoritario entre quien posee la ESO (42%) o no posee estudios (20%). Esto se complementa con la edad: 59% favorable a la independencia, 29% en contra para el segmento de 18 a 24 años; 58% a 32% para quienes tienen entre 25 y 35 años; 48% a 39% entre los 36 y 49 años, y solamente el unionismo empieza a ser mayoritario para los mayores de 50; 43% independentistas respecto al 47% unionistas entre 50-64 años y 40% a 51% entre mayores de 65. Esto ofrece un panorama complejo, silenciado en los medios españoles, que tiene menos que ver con la clase que con el nivel de politización, arraigo y participación social. En otros términos, el independentista no es ningún “roach” ni burgués, sino una persona nacida en Cataluña, con estudios postobligatorios, que participa activamente de la vida social de su comunidad, que ideológicamente mantiene valores democráticos, se considera de centro-izquierda y cuyas motivaciones suelen estar más en construir un futuro libre de la hipoteca del franquismo superviviente de la Transición, algo, por cierto, muy lejos de los tópicos insertados en el chip que los medios madrileños y la clase política del estado ha implantado en la percepción de la sociedad española.

Mentira número 4: el independentismo es un souflé

Esta fue la excusa para no hacer nada cuando las cosas empezaron a deteriorarse a raíz del culebrón del Estatut de 2006. Desde el entorno nacionalista español, fomentado en el bipartidismo PSOE-PP, pero sobre todo desde el potente franquismo sociológico que nunca se fue, se consideró que las heridas abiertas por los ataques catalanófobos durante la tramitación, aprobación y sentencia del Estatut generaría un malestar pasajero. Acostumbrados al pactismo pujolista, las instituciones del estado cometieron el error típico de analizar situaciones nuevas con categorías viejas y no fueron capaces de percibir las mutaciones sociales y políticas profundas que ya se intuían des de la década anterior, en el que buena parte del independentismo iba saliendo del armario catalanista, e incluso se iba gestando un independentismo postnacional, que contempla el derecho a decidir como algo natural y la monarquía centralista como algo insoportablemente retrógrado. Mientras las difamaciones sobre el sistema de inmersión, las descalificaciones hacia el nacionalismo ajeno (sin la autocrítica del propio), los fracasos de las políticas de memoria histórica se iban sucediendo, entre las generaciones que no vivieron el franquismo ni la Transición se estaba cociendo un cambio de paradigma político: la idea que la Transición había fracasado a la hora de administrar la cuestión de la plurinacionalidad del estado, que la monarquía se trataba de la continuación del franquismo por medios constitucionales, y que la reforma (especialmente la necesaria transformación de una mentalidad española que no parece capaz de tratar de igual a igual a aquellas realidades nacionales no castellanas) era imposible. Y, aunque pareciese una paradoja, la independencia era la opción más realista para vivir sin la interferencia, no solamente del franquismo omnipresente en los mecanismos estratégicos del estado, sino de una nación, la española, que no admitía otra relación que la subordinación de quienes no comparten sus referentes culturales e ideológicos.
Es así como el independentismo fue creciendo de manera continua hasta llegar a casi la mitad de los residentes catalanes. Los acontecimientos del último año, mediante una represión que recuerda a la de la primera mitad de los setenta, los presos políticos, los exiliados, la criminalización de la disidencia, no está reduciendo en absoluto su número. Y la composición demográfica del republicanismo hace suponer que éste se reforzará con el paso del tiempo
(Continuará)

lunes, noviembre 26, 2018

Mentira número 2: Lo de la independencia es por el dinero (Mentiras fundamentales sobre Cataluña (Diario 16)



Se trata de una falsedad muy arraigada, a la cual ha contribuido una parte no desdeñable del catalanismo conservador y su discurso –a pesar de todo, bien documentado- sobre la discriminación económica del país. Pero la cuestión económica no es una causa, sino una consecuencia del poder asimétrico entre aquellos territorios -y grupos sociales- que perdieron la guerra civil, y que al no existir unos juicios de Nuremberg no se rectificó. El poder real que se asentó entre las élites franquistas ha fomentado cierto feudalismo económico, mediante unas políticas parasitarias asentadas en el poder financiero y económico de carácter rentista y el alto funcionariado del estado, con una mentalidad latifundista. El Madrid político -que, por cierto, domina los medios de comunicación- ha manipulado la política para sabotear el crecimiento y desarrollo de polos económicos alternativos, no solamente en Cataluña, sino también, y muy especialmente en el País Valenciano, donde la discriminación fiscal es aún más profunda.
El verdadero factor de fondo que explica el independentismo es un choque de culturas políticas. Como ha demostrado la evolución del estado, especialmente a partir del momento en el que el franquismo desacomplejado de Aznar llegó al poder –sobre todo a raíz de la mayoría absoluta de 2000- ha chocado con la hegemónica cultura política antifranquista que caracteriza transversalmente a la sociedad catalana. Como los hechos han demostrado en base a una causa general contra el independentismo, Cataluña se quiere ir porque ha comprobado la naturaleza profundamente antidemocrática del estado español, cada vez con un comportamiento más próximo a Turquía. Cataluña quiere romper con España, porque los últimos acontecimientos este gesto representa romper con el franquismo (y la cultura franquista) hegemónica en el estado, y crecientemente aceptada por acción (pero, sobre todo, por omisión) por la mayoría de la sociedad. Cataluña quiere romper con España porque es republicana, mientras casi nadie cuestiona una monarquía puesta a dedo por el Pol Pot mediterráneo que fue Franco.
(Continuará)

miércoles, noviembre 21, 2018

Mentiras fundamentales sobre Cataluña (Diario 16)



Una amiga, a la que admiro y profeso un gran afecto, pero con la que mantengo notables discrepancias sobre el conflicto de Cataluña/España, me envía el artículo que comienzo a publicar en esta entrada. Cuanta más y plural información tengamos sobre este episodio, mejor podremos alimentar nuestro propio criterio

Mentiras fundamentales sobre Cataluña

Por Xavier Diez - 19/11/2018
El quinto episodio de la tercera temporada de la serie británica Black Mirror, Men Against Fire podría servir como la mejor metáfora a la hora de comprender la manipulación mediática y operación de guerra sucia para administrar el conflicto catalán. Para quien no lo haya visto, una breve descripción de la trama. En un futuro distópico, una organización militar se dedica a perseguir y exterminar una raza mutante (los roaches o cucarachas) que se esconden en lugares poco accesibles y presentan un aspecto aterrador, emitiendo gruñidos incomprensibles, y de quien se dice que se dedican a la violencia. Cada soldado posee un implante neuronal que sirve para agudizar sus sentidos y así perfeccionar su eficacia letal. En una de las persecuciones, el protagonista recibe una descarga de luz que le sobrecarga en el chip, hasta que éste empieza a fallar. Es así como, no solamente empieza a darse cuenta que el implante le engaña sobre su propia existencia, mucho más gris de lo que le muestran unos sentidos manipulados, sino que la presunta raza mutante, corresponde en realidad, a humanos como a él, y que los gruñidos son, simplemente palabras que puede comprender fácilmente. Porque, en realidad, el chip sirve para distorsionar su percepción y, así, deshumanizar a las víctimas, porque en cierta manera, el implante es como la propaganda en tiempo de guerra: anula la capacidad de empatía a fin de ser manipulados al antojo de sus mandos, y así poder practicar la violencia sin cuestionamientos morales ni remordimientos.
Men Against Fire nos sirve para describir el trato mediático y político a Cataluña en los últimos años. Los medios de comunicación convencionales, así como buena parte de las redes sociales se han concentrado a atizar el odio contra Cataluña y a realizar unas tareas de manipulación informativa descaradas. Desde programas como Espejo Público, los informativos de las cadenas generalistas, los medios digitales, la prensa de Madrid se establece una competición a ver quién es más antiidependentista. De hecho, los independentistas son tratados y distorsionados como los “roaches” o “cucarachas”, y, de hecho, los tópicos usados no difieren de los recursos utilizados por los antisemitas en Centroeuropa en los años que precedieron a la segunda guerra mundial. Esto se complementa con un apagón informativo sobre lo que sucede realmente en una Cataluña que, por su parte, y ante la bacanal de mentiras mediáticas, ha dado la espalda a estos medios (la caída del consumo televisivo respecto a las cadenas con sede en Madrid, así como con las cabeceras de los periódicos tradicionales tiene magnitudes históricas). La ofensiva del odio ha conseguido serrar los cables que mantenían unida una ciudadanía diversa a un estado que, vista la represión del 1-O y posterior, y los silencios cómplices de la sociedad civil española, difícilmente se podrán recoser. El divorcio mental ya es una realidad. Y esto se convierte en un grave problema político que no hará sino empeorar mientras no se aborde mediante la política y desde una democracia que tiene que ver con las urnas y el pacto –como entienden los independentistas-, y no con las leyes y la represión -como practica el nacionalismo español amparado en sus instituciones-
Por supuesto, para deshumanizar a catalanes (como previamente se había hecho con los vascos, o con los disidentes respecto al postfranquismo que domina los resortes del estado) es necesario un relato que justifique el odio. Y para ello, es necesario construir mentiras, que para que sean creíbles, requieren dosis homeopáticas de verdad. Esto no pretende ser un inventario exhaustivo, pero sí contiene elementos bastante repetidos desde los medios de comunicación y responsables políticos y que, o bien se han instalado como creencias recientes, o bien llevaban mucho tiempo instaladas en el subconsciente colectivo de buena parte de la sociedad española en una relación España-Cataluña siempre conflictiva. No olvidemos que ya en el siglo XVII, Quevedo, un precursor de intelectual orgánico y de los tertulianos contemporáneos, ya consideraba a Cataluña como “aborto monstruoso de la política.”

Mentira número 1: Cataluña

“Las familias se rompen”, “se persigue a los ‘constitucionalistas’”, … En fin. Cualquiera que tenga un mínimo contacto con la realidad, comprobará esta falacia de magnitudes olímpicas. La cuestión del independentismo, contrariamente a la burda propaganda impulsada por Ciudadanos, no divide a la sociedad catalana en absoluto, sino que, como cualquier otra cuestión polémica, permite visibilizar opiniones y posiciones diferentes. Toda sociedad democrática se caracteriza por su capacidad de administrar discrepancias, y el discurso catastrofista suele utilizarse como mecanismo, más que conservador, inmovilista. La cuestión de la independencia puede dividir tanto o tan poco como el aborto, la legalización de la prostitución, la inmigración, la multiculturalidad, la permanencia en la Unión Europea o los matrimonios de personas del mismo sexo. Las personas y familias pueden mantener discusiones tensas sobre cuestiones trascendentes que marcan los conflictos contemporáneos. Pero la actitud de evitar administrar la complejidad del presente o de decidir sobre temas importantes, no es de conservadores, sino de reaccionarios. Vetar los debates o impedir la búsqueda de soluciones suele venir acompañado de argumentos falaces en base a un pasado idealizado (y, por tanto, falso) que viene a romper la teórica armonía de una supuesta arcadia feliz, en un mecanismo intelectual que recuerda al integrismo religioso. La actitud de, “no tratemos el tema de la autodeterminación, porque eso romperá familias” no es muy diferente a “no legalicemos el divorcio porque el país se sumirá en el caos y la anarquía”, que sostenían los franquistas a inicios de los ochenta, “no toleremos la libertad sexual de las mujeres, porque eso va en contra de la voluntad de Dios”, que sostienen los fanáticos religiosos, o “impidamos que los hijos de los inmigrantes puedan adquirir la ciudadanía porque esto va a romper con los valores de la nación” que intenta poner en práctica Donald Trump.
Bonus Track 1: A lo largo del último siglo, el nacionalismo catalán ha debatido reiteradamente sobre “quién es catalán”. Fue durante los años sesenta, en un momento en el que la inmigración peninsular hizo que la población catalana se duplicara en cuarenta años, y que llegó un momento, hacia mediados de los setenta, en que había más residentes nacidos fuera que dentro de Cataluña. En estas circunstancias extraordinarias, se llegó a un acuerdo tácito. La fórmula, a medias entre Jordi Pujol, Paco Candel y el antifranquismo militante fue: “es catalán todo aquél que vive y trabaja en Cataluña”, a la cual sigue una coletilla que no siempre se recuerda: “y que no le sea hostil”, dirigida especialmente a las jerarquías de altos funcionarios y policías franquistas instalados en el Principado como garantes de la represión. Cambiemos ligeramente los términos: “¿Quién es español?”. Administrativamente, quien posee la nacionalidad, que por si no lo saben, en España funciona el “ius sanguinis”, lo que implica que a los residentes de otra nacionalidad y sus descendientes no se les consideran españoles. Bien. ¿Es español aquel residente británico que no habla español ni bajo tortura y que desprecia continuamente su identidad, símbolos y costumbres? La respuesta es obvia. En el caso catalán, buena parte del “constitucionalismo”, en realidad, un postfranquismo poco disimulado, implica que amplios segmentos de los residentes de Cataluña odian, desprecian o ignoran aquellos elementos definitorios y muestran una amplia hostilidad hacia el territorio, su lengua, costumbres y deseos de sus ciudadanos. Debemos recordar que Ciudadanos fue un partido creado expresamente en Barcelona para canalizar el odio hacia lo catalán, y que representa a los herederos intelectuales de los altos funcionarios y policías garantes de la represión. En sus manifestaciones es muy habitual que se paren a homenajear al cuartel de la Policía Nacional de Vía Layetana, conocido por ser un centro de torturas y atentados contra los derechos humanos desde inicios de siglo XX, un verdadero Abu Grahib ibérico.
(Continuará)

jueves, noviembre 15, 2018

VICTIMISMO CRÓNICO




El que más y el que menos, en alguna situación de su vida, ha tenido que asumir el rol de víctima. En general, este papel se asume en base a hechos objetivos que sirven de justificación de dicho desamparo. Sin embargo, existen personas que alardean hasta la presunción de una especie de victimismo al que podríamos catalogar de crónico. Se hallan en un estado permanente de quejas y lamentos sin fundamento alguno. Estas personas se escudan en una personalidad victimista. Algunos, es posible, que adopten dicha actitud de manera inconsciente. Así se liberan de cualquier responsabilidad en sus acciones y culpan a los demás de lo que les ocurre.

Este modo de afrontar la vida cotidiana puede traer consecuencias negativas. Una de ellas es la visión pesimista de la vida. Esta actitud crea malestar y desconfianza tanto para  la persona "quejica" como para el entorno.

Los victimistas suelen deformar sistemáticamente la realidad y creen, con pleno convencimiento, que la culpa de lo que les sucede es responsabilidad de otras personas no escatimando exageraciones, quizás inconscientes, de lo negativo de las mismas. El rol de victimistas les quita responsabilidad y muestran un deseo incontrolable de llamar la atención sin ejercer el mínimo atisbo de autocrítica. Suelen mostrarse intolerantes ante los errores de otras personas, pero sus propios fallos los perciben como nimios y, en cualquier caso, plenamente justificables...

El objetivo de los victimistas es que otros sean y se sientan culpables. Utilizan una retórica cuyo objeto es ridiculizar y descalificar cualquier argumento de sus "enemigos" huyendo de refutar a los mismos en base a datos y argumentos mejores. Los adversarios siempre son autoritarios, carentes de empatía y agresivos. 

Una de las estrategias que más frecuentemente usan los victimistas crónicos es el chantaje emocional. Cuando conocen bien las virtudes y defectos de su "adversario", no dudan en manipular sus emociones para intentar salirse con la suya y mostrarse como víctimas. Las personas que van de víctimas suelen tener una gran capacidad para reconocer emociones, y usan las dudas y flaquezas de las otras personas en su propio beneficio.

Pienso que la única manera de lidiar con estas personas es la de intentar no ser enredadas en ese juego de manipulación. Hay que hacerles saber que sus lamentos siempre son los mismos y que lo valiente en esta vida es intentar hallar soluciones. Si están dispuesto a encontrar salidas a sus problemas, debemos echarles una mano y hacerles notar que estamos con ellos, pero también hay que dejarles claro que no vamos a perder el tiempo escuchando sus quejas reiteradas. En cualquier caso, lo que procede es evitar en lo posible que te contagien las malas vibraciones...

miércoles, noviembre 07, 2018

¿Las dudas y las rectificaciones ennoblecen?



Me cuesta aceptar a las personas que se manifiestan intolerantes, autoritarias  e incapaces de adaptarse a las metamorfosis que el tiempo y el entorno nos provocan. Ignoran que las rectificaciones y las dudas dignifican a quienes las practican.
Me apena también que no pocos sientan una especie de alergia a admitir algo tan elemental como que, a medida que las circunstancias cambian, pueda uno también experimentar la misma mutación.
La flexibilidad es signo de inteligencia y no de debilidad. Demuestra capacidad de adaptación a nuestro entorno y rebeldía contra el maniqueísmo inmovilista de las doctrinas.

sábado, octubre 27, 2018

Debate: CATALUÑA, UN OCTUBRE DESPUÉS








La teoría sobre cómo moderar un debate es conocida: distribuir el uso de la palabra de manera equitativa entre los participantes en la mesa y saber poner orden en el caso de que todos quieran hablar a la vez. El moderador, además de mostrar una imparcialidad con los ponentes de la mesa, también debe garantizar que se hable de lo que se ha planteado sin desviaciones hacia otros derroteros Y por si eso fuera poco o baladí, el moderador también debe controlar al público asistente en el momento de los ruegos y preguntas. 

El debate que me tocó moderar el pasado jueves 25, y como era de prever, dada la naturaleza temática del mismo, despertó ideas y sentimientos confrontados tanto entre los ponentes como entre el público asistente y no fue fácil aplicar la teoría expuesta anteriormente. Afortunadamente no me contagié de los sentimientos exaltados de algunas personas del público a las que en más de una ocasión hubo que recordarles que respetasen las reglas y  guardasen las formas.

El debate sobre CATALUÑA, un octubre después pretendía hacer una reflexión sobre ese episodio. Con este propósito se invitaron a cuatro personas de diferentes ámbitos ideológicos. El representante de ERC, Isaac Albert,  ni se presentó ni se disculpó. ¡Allá él! Sí lo hicieron los tres restantes:

Elàlia Reguant (CUP), diputada del Parlament de Cataluña, licenciada en Matemáticas y actualmente regidora del Ayuntamiento de Barcelona,  justificó el episodio del 1 - O y puso de manifiesto las profundas convicciones antioligarquícas y anticapitalistas que caracterizan a su partido. Trató de legitimar el hecho de ser independentistas y no regateó críticas a la Monarquía y a la represión policial del 1 - O. A pesar de la contundencia de sus palabras, sus formas fueron moderadas y en el momento más animado del acto, mostró una actitud más receptiva que participativa.

Antonio Robles (CIUDADANOS), profesor de Filosofía, periodista y fundador de algunas asociaciones, ex secretario general  de Ciudadanos,  se mostró muy crítico con el nacionalismo catalán que se venía gestando desde hace tiempo llegando al extremo de considerar a Jordi Pujol como un alumno aventajado de Franco porque uno y otro identificaron  respectivamente a España y Cataluña con su propia ideología.  Criticó, igualmente, el adoctrinamiento que se imparte en la escuela catalana, la parcialidad de algunos medios, la política lingüística y la manipulación del pasado y del presente. También hizo una firme defensa de la Constitución Española. 

Joan Coscubiela, secretario general de CCOO (1995-2008) y diputado en el Congreso (2011-2015) tuvo una participación lúcida, matizando que estaba a título personal sin ánimo de representar a nadie más que a él mismo. Sitúo el conflicto catalán dentro de un contexto más amplio al que denominó "crisis mundial". Manifestó que el conflicto España/Cataluña obedecía a un problema viejo de encaje de esta comunidad en el conjunto del Estado por incompetencia y falta de diálogo entre ambos gobiernos. Hizo votos por desinflamar el conflicto y  buscar una solución en lugar de avivar el fuego. Aunque con otras palabras vino a repetir la frase que tiempo atrás pronunció en Congreso de los Diputados. "Estoy aquí porque mis padres me enseñaron a luchar por mis derechos. No quiero que mi hijo Daniel viva en un país donde la mayoría pueda tapar los derechos de los que no piensan como ella". Sin duda alguna,  fue el orador más aplaudido por los asistentes. 

P.D. Joan Coscubiela, durante el debate, acariciaba un libro que acaba de publicar. Se titula Empantanados: Una alternativa al sóviet carlista . En un momento dado lo tomé en mis manos y echando una ojeada rápida tome nota de este fragmento: ¿Es posible superar el empantanamiento de la situación actual? A la incapacidad de gestionar las grandes ilusiones y expectativas creadas por el independentismo se ha sumado el inmovilismo del Gobierno del PP y la reacción del españolismo más rancio e intolerante, en un cóctel de difícil digestión del que solo se saldrá pactando el desacuerdo."




miércoles, octubre 17, 2018

¿El independentismo es retrógrado?



Lo que se lleva hoy y me parece un avance - siglo XXI - va por otros derroteros: desnacionalizar lo más posible a la ciudadanía, desligarla del pasado y centrarla en algo que da vuelta y media al secesionismo, o sea, en los deberes y derechos, en la igualdad de oportunidades,  en las garantías del futuro... Plantear una ciudadanía basada en la patria chica, en la identidad y en la lengua única es dar un paso hacia atrás. Sólo hay que echar un vistazo a los efectos ya provocados: desestabilización, frustración y división de la sociedad.

domingo, octubre 14, 2018

Constitución de 1978: es lo que hay



Según la Constitución vigente, lo que quiera ser España o una de sus partes en el futuro es una decisión que deben tomar conjuntamente todos los españoles y no una parte de ellos. Los que hacen un planteamiento distinto no conocen la Carta Magna mencionada, ignoran qué es un Estado de Derecho o hacen caso omiso de lo que se votó democráticamente en 1978. 
La solución al problema de Cataluña no puede ser otra que la aplicación de la Ley y la defensa del Estado de Derecho. No puede haber, por lo tanto, un referéndum vinculante para la independencia, si esta consulta se lleva a cabo únicamente en una parte de España. Otra cuestión es que se plantease un referéndum a nivel estatal, convocado por el Gobierno de turno, que es quien tiene atribuciones para hacerlo, y que todos los españoles decidamos si queremos que una comunidad tan apreciada como Cataluña deje de formar parte o no de España. 
Así están las cosas: lo tomas o lo dejas. Y si esta Constitución se ha quedado desfasada con la actualidad o no ha sabido abordar el tema territorial con inteligencia y equidad... que se pongan los expertos a renovarla y que  sea, una vez más, el conjunto del pueblo español quien le dé o no su beneplácito...


martes, octubre 09, 2018

Aniversario del 8 de octubre de 2017




Ayer hizo un año de la manifestación en Barcelona a favor de la Constitución, la unidad de España y en contra del nacionalismo independentista catalán. Esta manifestación sorprendió a los más optimistas de sus organizadores y sirvió para dar voz  y presencia física a esa otra Cataluña que venía manteniendo un silencio y una pasividad que hacían dudar de su existencia y de la pluralidad identitaria de sus gentes. Tengo constancia de que algunos todavía no se han recuperado del impacto sorpresivo que supuso este evento. Sirvió también para demostrar que las calles no son exclusivas de nadie, si acaso, son de todos...

Los manifestantes, aun siendo simpatizantes de diversos partidos, coincidían en creer en la democracia, en la libertad, en el Estado de derecho y en la Constitución de 1978. Ese era su común denominador.

Cualquiera que tenga nociones de historia contemporánea sabrá que la pasión nacionalista ha causado grandes estragos en la historia. El nacionalismo, y algunos parecen haberlo olvidado, ha llenado la historia de Europa y de España de cruentas guerras. ¡Nunca más!

De los distintos oradores que hicieron uso de la palabra, quiero destacar a Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, que se expresó en estos términos:

"Queridos amigos. Todos los pueblos modernos o atrasados viven en su historia momentos en los que la razón es barrida por la pasión. Y es verdad que la pasión puede ser generosa y altruista cuando inspira la lucha contra la pobreza y el paro. Pero la pasión puede ser también destructiva y feroz cuando la mueven el fanatismo y el racismo

Y además de catalanes, hay aquí, esta mañana, miles de hombres y mujeres venidos de todos los rincones de España —e incluso del Perú—, a decirles a los amigos catalanes que no están solos, que estamos con ellos, que queremos dar juntos con ellos la batalla por la libertad. Estamos armados de ideas, de razones y de una convicción profunda de que la democracia española está aquí para quedarse. Y que ninguna conjura independentista la destruirá.

No queremos que los bancos y las empresas se vayan de Cataluña como si fuera una ciudad medieval acosada por la peste. No queremos que los ahorristas catalanes retiren su dinero por la desconfianza, por la inseguridad jurídica que les merece el futuro de Cataluña. Queremos, por el contrario, que los capitales y las empresas vengan a Cataluña para que vuelva a ser, como tantas veces en su historia, la capital industrial de España, la locomotora de su desarrollo y su prosperidad.

Queremos que Cataluña vuelva a ser la Cataluña capital cultural de España, como era cuando yo vine a vivir aquí, en unos años que recuerdo con enorme nostalgia. Eran los últimos años de la dictadura franquista. La dictadura se deshilachaba y hacía aguas por todas partes. Y ninguna ciudad española aprovechó tanto como Barcelona esos resquicios de libertad para volcarse al mundo y traer del mundo las mejores ideas, los mejores libros, todos los grandes logros de la vanguardia. Por eso venían los españoles a Barcelona. Porque aquí los aires eran ya los de Europa. Es decir, los de la democracia y la civilización.

Aquí, en esa Cataluña se reunieron, después de haberse dado la espalda desde la guerra civil, los escritores españoles y los escritores latinoamericanos. Aquí, yo he visto llegar a Barcelona a muchachas y muchachos de toda América Latina, con vocaciones artísticas y literarias, que venían porque aquí había que estar si uno quería triunfar en el mundo de las artes, del pensamiento, de la literatura. Venían aquí como nosotros en las generaciones anteriores íbamos a París. Queremos que Barcelona, que Cataluña, vuelvan a ser la capital de la cultura de España.

Queridos amigos. España es un país antiguo. Cataluña es un país antiguo. Hace 500 años sus historias se juntaron y se juntaron con las historias de vascos, de gallegos, de extremeños, de andaluces, etcétera. Para crear esa sociedad multicultural y multilingüística que es España. Ahora, desde hace 40 años, además de recuerdo de un pasado grandioso y a veces trágico, España es también una tierra de libertad, una tierra de legalidad. Eso el independentismo no lo va a destruir.

Se necesita mucho más que una conjura golpista de los señores Puigdemont y Junqueras, y de la señora Forcadell, para destruir lo que han construido 500 años de historia. No lo vamos a permitir. Aquí estamos ciudadanos pacíficos, que creemos en la coexistencia, que creemos en la libertad. Vamos a demostrarles a esos independentistas minoritarios que España es ya un país moderno, un país que ha hecho suya la libertad y que no a va a renunciar a ella por una conjura que quiere retrocederlo a país tercermundista."

No tengo la menor duda de que muchos independentistas harían suyos muchos de los deseos expresados por Vargas Llosa. Otra cosa es que se atrevan a manifestarlo públicamente... 


jueves, octubre 04, 2018

MÁS DE UN CENTENAR DE PROFESORES DE CATALUÑA FIRMAN UN MANIFIESTO POR LA LIBERTAD IDEOLÓGICA EN LA UNIVERSIDAD



Piden que se respete el principio de neutralidad de las adinistraciones y que se garantice y promueva en la Universidad la libertad de expresión, así como que se repruebe cualquier actuación que denigre a personas o colectivos por razón de sus ideas.

Más de un centenar de profesores universitarios de Cataluña han firmado un manifiesto en "defensa de la libertad ideológica y contra la presión política" en los campus y facultades catalanas, según los impulsores de esta iniciativa, Universitaris per la convivència.

En el manifiesto, los firmantes reclaman a la Generalitat que se respete el "principio de neutralidad" de las administraciones públicas y "el derecho fundamental a la libertad ideológica de profesores, alumnos y personal" de la universidad catalana "absteniéndose de promover o realizar comunicados de carácter partidista y de permitir que se impongan en las instalaciones universitarias símbolos ideológicos con carácter excluyente".

También que "garanticen y promuevan en los campus la libertad de expresión de todos los miembros de la comunidad universitaria, respetando el principio de igualdad, sin discriminación, y reprobando con contundencia cualquier actuación que denigre a personas o colectivos por razón de sus ideas".

Del mismo modo, los profesores firmantes reclaman medidas "para concienciar al personal universitario sobre la importancia de respetar en todo momento las distintas sensibilidades políticas existentes, especialmente las de los alumnos que, por razones obvias, están en inferioridad de condiciones para mostrar su discrepancia".

Para los firmantes, estas peticiones son "esenciales" para ejercer la labora docente e investigadora y para que las universidades "contribuyan, fomentando en su seno un debate racional de ideas, a la articulación de una opinión pública diversa y plural, esencial para una verdadera convivencia democrática".
En el texto del manifiesto se denuncia que en 2017 "muchos órganos de gobierno de las universidades catalanas emitieron comunicados claramente alineados con el poder político de la Generalitat" y "proliferaban" con "amparo institucional" en los edificios universitarios "pintadas y otros símbolos de carácter independentista y en ocasiones excluyente, mientras que algunos colectivos de estudiantes constitucionalistas sufrían amenazas y agresiones sin recibir ningún tipo de respaldo por parte de las autoridades académicas".
"Las declaraciones partidistas de una administración educativa en modo alguno pueden ampararse en la libertad de expresión, que es un derecho exclusivamente individual. Por el contrario, constituyen una instrumentalización inaceptable de las instituciones que contribuye a acrecentar la espiral de silencio que padecemos, generando así una sensación de pensamiento único en la esfera pública, que limita el intercambio libre de ideas", denuncian en el manifiesto.

lunes, octubre 01, 2018

CATALUÑA/ESPAÑA: ¿Se podrán todos alguna vez de acuerdo?


Resumir la historia de Cataluña en un vídeo de 8 minutos de duración puede resultar simplista, nada riguroso, parcial y más que temerario. Sin embargo, algo de lo que ocurre actualmente en Cataluña se comprende mejor tras dedicar tales minutos a esta grabación firmada por Memoria de Pez...

miércoles, septiembre 26, 2018

La Real Academia Española ha presentado hoy las más de 3.000 enmiendas y adiciones a la edición digital del Diccionario de la Lengua Española.


2

Las lenguas están vivas y evolucionan. Los hablantes son los artífices de esos cambios. La Academia de la Lengua los recoge, una vez consolidados, y los incorpora a las sucesivas ediciones de su Diccionario.


La Real Academia Española ha presentado hoy las más de 3.000 enmiendas y adiciones a la edición digital del Diccionario de la Lengua Española. / EUROPA PRESS 

'Buenismo', 'postureo', 'posverdad' y 'aporofobia' son algunas de las nuevas palabras incluidas desde este miércoles en el Diccionario en red de la Real Academia Española, según han anunciado hoy el director de la institución, Darío Villanueva, y la directora del texto, Paz Battaner. Las academias de la lengua española, tanto la RAE como las latinoamericanas, han ido incorporando a lo largo del año 2017 3.345 modificaciones entre nuevos artículos, nuevas definiciones en artículos ya existentes o matizaciones en las definiciones, además de supresiones de vocablos que ya no se utilizan.

Entre estos cambios se encuentra también la matización de que "sexo débil" se trata de una expresión "despectiva o discriminatoria", como ya anunció que haría el pasado mes de marzo. 'Sexo débil' es una expresión que existe en inglés, en francés y en italiano, ha recordado Villanueva, y que en su día "se utilizó positivamente", contexto que con el tiempo se ha modificado. El director de la RAE ha insistido en que el diccionario "no crea o inventa palabras y no es "una fotografía del vocabulario de hoy, sino también del que hemos heredado".

Dentro del ámbito del debate sobre sexo, feminismo y lengua, respecto a la inclusión del término "heteropatriarcado" el director de la Real Academia ha indicado que están "en ello" y que esperarán a la consolidación de su uso ya que uno de los criterios para introducir neologismos es la frecuencia en su utilización. El director de la RAE ha insistido en que "jamás" harán un Diccionario "políticamente correcto" ya que sería "destruirlo" pero ha explicado que están trabajando en que sea el "más igualitario" hasta la fecha.
Cambios de criterio

En el Diccionario se ha revisado la denominación de "oficios" que solo estaban en género masculino, como "jueza", que se recogía hasta ahora como "mujer de juez", o "embajadora", como "mujer de embajador". El diccionario también distingue ahora entre carácteres sexuales primarios y secundarios y modifica las definiciones de 'macho' y 'machismo'.

El diccionario ha incorporado términos que reflejan nuevas realidades sociales o conceptos que han entrado en el lenguaje común, como 'acoso escolar', 'antropocentrismo', 'aporofobia' ("fobia a las personas pobres o desfavorecidas"), 'buenismo' ("actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia"), 'especismo' ("Discriminación de los animales por considerarlos especies inferiores") o 'posverdad' ("distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales").  
También entran términos vinculados a las nuevas tecnologías: 'audiolibro', 'clic', 'cliquear' y 'cliqueo', 'craker', 'hacker', 'holter', 'pinchar' 
La incorporación de los usos del español en América Latina también ha dejado su huella, con entradas nuevas o modificadas como 'chicano', 'chusmear', 'vallenato', 'juan', 'lacho', 'ña', 'ño',  'latino', 'leche asada', 'macegual' o 'niguatoso'. También se van incorporando, a medida que la academia considera que ya están acuñadas, palabras de uso coloquial: en esta nueva versión, por ejemplo, 'bocas', 'notas', 'pasada' y 'postureo'. Algunos campos temáticos han entrado también en el diccionario, como el yoga, con palabras como 'asana' y 'chakra'. 
Anglicismos

Villanueva ha aprovechado la presentación de la nueva versión de Diccionario en línea para hacer un llamamiento contra la incorporación "indiscriminada" de anglicismos en la lengua castellana. "Si bien la Academia no está cerrada a la incorporación de extranjerismos, sí nos preocupa la reiteración excesiva del uso de palabras en inglés sin que sea necesario", ha apuntado.
La 'versión 23.1' del diccionario incorpora algunos anglicismos ('clic', 'táper', 'trávelin' y, aunque en estos casos en cursiva,  'craker' , 'hacker', 'fair play' y 'holter') y palabras procedentes de otras lenguas, como 'halal', 'hummus', 'kosher', 'umma' o 'sharía'.

Entre los anglicismos innecesarios, por tener un equivalente en castellano, el director de la RAE ha puesto como ejemplos 'black friday', 'take away', 'save the date', 'dress code', 'prime time', 'streaming', 'product manager' o 'community manager'. 
Actualización continúa 

La RAE no ha publicado una versión impresa del Diccionario desde el año 2014, y no tiene fecha fijada para hacerlo: sin embargo, la revisión anual de la versión en red equivale ya a una nueva edición de la obra. Así, si la última edición impresa es la 23ª, la actual versión en línea puede ser considerada la 23.1. La obra está disponible gratuitamente en la web de la academia con el patrocinio de la Obra Social La Caixa. El año pasado el diccionario en línea recibió 600 millones de consultas, y en el 2017 se espera superar ampliamente los mil millones.
En su intervención, Paz Battaner ha recordado que «la RAE ha actualizado su Diccionario desde 1780. Por tanto, el que hoy presentamos, es un trabajo que viene condicionado por la actividad normal de funcionamiento de la corporación». La novedad de esta versión es que «una vez digitalizado el DLE, estas actualizaciones se harán de manera continua».
Más allá de la posibilidad de que anualmente vayan incorporándose en línea versiones 23.2 o sucesivas, la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) han iniciado la redacción de la 24ª edición del diccionario, que renovará completamente su estructura y, ha indicado Villanueva, "será digital desde su misma concepción".