lunes, septiembre 10, 2007

ALFONSO DE VALDÉS, autor del Lazarillo de Tormes

ROSA NAVARRO DURÁN, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Barcelona, donde ejerce la docencia desde 1969 como especialista en Literatura de la Edad de Oro, ha conmocionado el mundo de las letras con el descubrimiento del autor del Lazarillo. Yo la tuve de profesora en sus inicios y conservo tan buen recuerdo que mi retorno a la Universidad (2004-2005) se ha debido, en buena medida, al deseo de reencontrarme con ella y con las personas de su Departamento que gozan de un merecido prestigio en la Facultad de Filología Hispánica de dicha Universidad. De todas sus obras, hoy sólo voy a referirme a la que le ha dado más notoriedad. Me refiero a Alfonso de Valdés, autor del “Lazarillo de Tormes, Gredos, 2003.

Obra anónima, así nos lo han enseñado durante más de 500 años, ha recobrado la autoría gracias a las investigaciones llevadas a cabo por Rosa Navarro durante varios años.

Alfonso de Valdés escribió La vida de Lázaro de Tormes, y de sus fortunas y adversidades. Nacido en Cuenca hacia 1490. Su madre era judía y su abuela paterna también. Fue secretario de cartas latinas de Carlos V, además del mejor prosista de la primera mitad del XVI y uno de los valedores de Erasmo en España. Tuvo que pasar mucho tiempo, sin embargo, para que se le reconociera la autoría del Diálogo de las cosas acaecidas en Roma y del Mercurio y Carón - en donde pone de manifiesto la necesidad de reforma que tenía la Iglesia y en los que defiende la figura de Carlos V frente a sus enemigos: el Papa, y los reyes de Francia e Inglaterra. (Supongo que el hipotético lector de este texto se irá dando cuenta de las razones que aconsejaron a Alfonso de Valdés para no figurar como autor de tales libros...) Ha habido que esperar al año 2003 para que esta extraordinaria catedrática de literatura española le devuelva su más célebre creación. Ahora no hay Inquisición o si la hay no ejerce tanto...

Si releemos el prólogo de cualquier edición de El Lazarillo observaremos que quien habla es el autor, que cita a los clásicos y promete cosas “por ventura nunca oídas ni vistas”. Al llegar al último párrafo: ya no es Alfonso de Valdés, sino Lázaro, quien “suplica a Vuestra Merced”. Este desorden no es casual: entre el final del prólogo y el comienzo del relato hubo un resumen del argumento de la obra que dejaba clara su intención: criticar la hipocresía de la Iglesia. Sólo con esta página arrancada pudo el texto viajar de Italia a España, donde los tipógrafos hicieron de las suyas. Hay que situar su escritura más de veinte años antes: hacia 1530. La espléndida obra inició un género, la novela picaresca. Es lo que se nos ha explicado siempre. Pero no es una novela ni su protagonista es un pícaro. Lázaro es un mozo de muchos amos. Rosa Navarro demuestra cómo el texto del Lazarillo que nos ha llegado, en las cuatro impresiones conservadas de 1554, está mutilado; se oculta así en parte el sentido esencial de la obra. Si la mira­da no se dirige al muchacho, a Lázaro, sino a los amos -sin nombre- que lo maltratan, que lo matan de hambre, que estafan o que aparentan lo que no son, la interpretación cambia, ¿no?

No hay más que leer cuidadosamente para ver que el objetivo del relato de Lázaro no es su propia vida, sino el comportamiento de sus amos. Él es víctima de la crueldad del ciego, que vive de unas oraciones en las que no cree; de la mezquindad del clérigo de Maqueda, que lo mata de hambre y no comparte con él lo que le dan como ofrenda en la iglesia; de la explotación del capellán, que obliga a Lázaro a vender agua y le exige treinta maravedíes (es decir, lo vende todos los días por la cantidad que le dieron a Judas por vender a Cristo), etc. Cuenta su vida cuando es pregonero de Toledo y está casado con la criada del arcipreste de San Salvador, de la que malas lenguas dicen que es algo más que su criada. Todo ello no está escondido, está bien visible en el texto. Aparece nítida una inteligentísima sátira erasmista.

Podría alargarme muchísimo más, pero no quiero abusar de la confianza del lector. Hago campaña en pro de este descubrimiento porque creo en Rosa Navarro y en el método de investigación que ha llevado a cabo. Tiene seguidores que le han aplaudido –yo me cuento entre los más entusiastas- y también expertos que la ignoran y guardan un silencio, más que discreto, receloso. “Cualquier cambio esencial necesita como mínimo treinta años para asentarse”- dice Rosa.

De momento ya hay profesores que están al corriente de estas novedades y que explican en clase que el Lazarillo tiene autor y ha dejado de ser anónimo. Uno de estos profesores me explicaba, divertido, que un alumno de Secundaria le había contestado de esta guisa: “El Lazarillo es una novela picaresca que ya no lo es y su autor es el anónimo Alfonso de Valdés...” La “empanada” del alumno es evidente, pero tiempo al tiempo...

6 comentarios:

  1. Hola, Luis:
    Me ha encantado esta página en relación con la posible autoría del Lazarillo de Tormes, postulada y muy bien argumentada por Rosa Navarro. Como muy bien dices, se tiene que asentar una propuesta que es, a todas luces, revolucionaria.
    La fotografía de Rosa es perfecta. No ha cambiado mucho de cuando la tuve de profesora allá por los años ochenta.
    Un abrazo,
    José María

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  2. Anónimo11:30 a. m.

    Que sea o no Alfonso de Valdés necesita de muchos más argumentos. Lo que sí está claro es que la Doctora Navarro es una tía que trabaja de lo lindo, y que defiende con brío su argumento. Cuando la escucho en sus estupendas clases, no sólo hay fuerza y convicción en sus exposiciones, lo que sobre todo aparece es una magnífica docente, como pocos catedráticos pueden ostentar en la Facultad. Es, a mi juicio, una fuera de serie, admirada y reclamada por todas las universidades de nuestra España cañí, que no quiere perderse una trabajadora nata, y que se pasa el año dando el zancajo con sus estupendas clases magistrales, una mujer a quien entusiasma la literatura, no sólo por la palabra en sí y por los variantes de estilo, sino por cuanto tienen de testimonio histórico y de conformador de un espíritu único, el nuestro, tan vilipendiado, tan denostado, aunque tengamos unos cuantos premios Nobel.
    Me ha encantado que traigas a colación a la doctora Navarro. Te acabas de poner una medalla en tu blog. Pero no te olvides de otros eximios, como la doctora Trueba, el doctor Gràcia o la doctora Caballé, a quien muy bien mencionas en tu artículo de Umbral, que también son magníficos, con clases únicas y que ningún estudioso se debería perder.
    Un abrazo.
    Ángel

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  3. Fantástica profesora Rosa Navarro. No la conocía hasta hace unos días en una intervención en la UB sobre la influencia de la Biblia en la Literatura Española, en diez minutos me cautivó y emocionó. Segundos después salió corriendo porque decía que ella no podía faltar a sus clases, ¡¡suerte la de sus alumnos!!.

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  4. A LEIRE:

    Ma alegra saber de tu buena impresión sobre Rosa Navarro porque yo le profeso una auténtica devoción desde hace mucho años.

    Gracias por tu visita.

    Te envió un cordial saludo

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  5. Anónimo6:31 p. m.

    rosa fantástica profesora. yo creia que todo lo que usted haci era una bobada pero no hoy me di cuenta que no esto esta super lindo gracias rosa por tus cosas tan marabillosas que nos has enseñado gracias.

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  6. Leí el Lazarillo a los 16 años , luego varias veces en la vida. Compro ejemplares solo por ver la novedad de los prólogos y estudios asociados. Gracias a la red encontré a la profesora Rosa Navarro, felices los que han sido sus alumnos. he encontrado conferencias suyas en la red y sus argumentos y deducciones son un manjar delirante, jugado, lo mejor que producen los seres humanos.
    Salud por este blog, desde Santiago de Chile.

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