jueves, abril 17, 2008

CANTANDO BAJO LA LLUVIA, POR FIN, EN BARCELONA






Por fin llueve sobre la ciudad. Pongo mis geranios y mis cactus antirradiaciones de ordenador en el borde de la terraza para que hagan acopio del preciado líquido. Los pobres cactus, de tanto absorber ondas electromagnéticas a palo seco, deben estar al borde del estallido nuclear. Y tampoco es eso. Espero que llueva “rico” como dicen los latinoamericanos y acaben todas esas manifestaciones de insolidaridad entre comunidades más o menos sedientas. ¡Vaya país, este! Nunca se había hablado tanto de solidaridad, de valores cívicos y todo eso. ¿Para qué? Mera palabrería fútil... Pero llegado el momento, nada de nada. Ojalá llueva de lo lindo en esta envejecida piel de toro, salpicada de costras seculares guerracivilistas, para que el tema de los trasvases pase al olvido de una vez y oculte nuestras vergüenzas. Tengo ganas de que se desvelen las balanzas fiscales para saber quiénes son de verdad solidarios y quiénes se benefician de ello.
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Volvamos a lo que procede y pelillos a la mar: Hoy llueve sobre la ciudad y esto es todo un acontecimiento digno del mayor encomio. Me apresuro y tomo en el recibidor el más pequeño de los paraguas. Es un plegable chino que no me costó más de tres euros. Así podré palpar y disfrutar de la ansiada lluvia. El paraguas, sin haberlo usado, parece que haya soportado el mayor de los tifones. Es una caricatura enana y achinada de un paragüitas minusválido y famélico. Tanto tiempo sin usarlo, que ha perdido la poca personalidad paragüil que tenía. Desvencijado como pocos no sirve más que para dar a tu imagen un aire ridículo y patético de payaso en busca de empleo. Caminando por la acera, sorteo, con envidia mal disimulada, otros paraguas señoriales y altivos sin poder evitar alguna que otra colisión. Mi radiografía de paraguas sufre las consecuencias. Creo que me miran con cierta sorna. No es para menos, pero yo me mojo más que ellos. Nos falta práctica vial bajo la lluvia, después de tanto tiempo sin hacer ejercicio con aceras y asfaltos encharcados. Si celebráramos más procesiones en la ciudad condal y más fiestas nacionales como Dios manda, quizás el cielo sería más pródigo. Pero claro, tan agnósticos y tan antitaurinos, ¿qué podemos esperar? Pues eso, una pertinaz sequía. Hay que recuperar las esencias patrias, construir más pantanos y dejar de una puñetera vez la ancestral manía de inundar las huertas como si fuéramos hijos de la Gran Bretaña.
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Con la lluvia, con esta pantomima de paraguas y con las neuronas reblandecidas se me va un tanto la “olla”. Y no soy el único, pues observo a la gente y la veo un tanto desquiciada. El riego celestial, tan esquivo en los últimos años, provoca un tráfico espeso en la calzada y un trasiego nervioso por las aceras. Reprocho a un taxi negro y amarillo que se salte el semáforo y el desalmado e ingrato conductor me obsequia con una alusión a mi familia más estimada, que no viene al caso. A partir de ahora haré la vista gorda. Allá los infractores. Ojalá los pillen y les resten puntos del carné si es que aún les quedan...
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Tras el furtivo ojeo de la prensa tapada con un plástico en el quiosco de la Plaza Molina, siento deseos de emular a Gene Kelly bailando claqué en Cantando bajo la lluvia.(1) Es probablemente el más mítico de los musicales de Hollywood y de los pocos que me han gustado. Cuando sea mayor me gustaría bailar como este actor, pero en lugar de hacerlo con Debbie Reynolds que siempre me ha parecido un tanto sosa y ñoña, preferiría tener de pareja a Vanessa Incontrada. ¿La conocen? No lo sabía, pero estoy descubriendo que la lluvia, además de calmar la sed, también agudiza la capacidad de fantasear a ritmo de claqué. Para ello, para que el sonido sea propio, es necesario que los charcos tengan cierta consistencia. La lluvia tiene también sus secuelas: hoy, cosa que ignoraba, he descubierto que tengo un agujero en la suela del zapato...

(1) La lluvia artificial de esta película, que se aprecia en la famosa escena del baile, no es agua, es una solución salina ligeramente mezclada con leche para que pudiera ser captada perfectamente por la cámara. Curioso, ¿no?

3 comentarios:

  1. Si que llovió sí, y esperemos que siga lloviendo.

    Que nos hace falta este agua tan deseada. Aunque sea una lucha entre la lluvia y el Sol que sale de vez en cuando.

    "Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva..."


    Venus

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