sábado, diciembre 08, 2007

THÉRÉSE RAQUIN: MIEDO, SORPRESA Y COMPASIÓN.

Esta tarde insípida de otoño, de mañana gris y de tarde precozmente oscura, me he sentado ante la entrada blanca de este blog y me he puesto -sin saber por qué- a rememorar nombres e historias de personajes literarios femeninos que me han dejado huella o, al menos, el recuerdo de sus nombres. Y no puedo quejarme. He aquí una muestra sin orden ni concierto: Ana Karenina, Ana Ozores, Penélope (la de La Odisea), Teresa Raquin, Eugenia Grandet, Jane Eyre, Carmen, Emma Bovary, Lolita, Moll Flanders, Tristana, Yerma, Celestina, María Estuardo, Pepita Jiménez, Bernarda Alba, Fortunata, Altisidora...Creo que podría incrementar la lista, pero ya está bien. Casi todos los personajes vivieron de forma poco convencional, pertenecen a novelas ya clásicas que leí hace años y dejaron rastro indeleble en mi memoria. Las últimas lecturas más contemporáneas apenas me conmueven. Por eso las olvido. Ningún personaje actual tiene las dimensiones pasionales y trágicas que puedan hacer sombra a cualquiera de los citados.

Hacia estos personajes experimento diversos sentimientos: admiración, seducción, amor, compasión, solidaridad, comprensión, temor, complicidad... Ningún tipo de manía ni de animadversión.

Pero desde hace unos días, la figura de Thérése Raquin –así se escribe en francés, ¿no?- me atormenta un tanto. Adelanto algo, Teresa –en castellano, es más fácil- me da miedo, casi pavor, pero me inspira sobre todo compasión. Es bien sabido que se trata de un personaje de Emile Zola (1840-1902) que da título a su primera novela importante. En ella aplica el método científico y provocó una auténtica histeria colectiva entre los críticos literarios de la época.

Esta obra nos cuenta como Teresa Raquin es huérfana y vive con su tía la cual tiene una boutique. Teresa tiene un primo enfermizo con el que se casa obligada y sin amor, pero más tarde aparecerá Laurent y entre ellos brotará una pasión incontenida, se ven a escondidas y para acabar con esta clandestinidad deciden matar al marido y lo llevan de paseo en una barca y lo tiran al Sena. El cadáver del marido de Teresa no aparece y van todos lo días a visitar la morgue....Y no explico más para no reventar la novela, pero adelanto que los acontecimientos no menguan...

Teresa sorprende por su capacidad de simulación que hasta asusta. Durante los primeros años de su matrimonio oculta su temperamento apasionado, disimulando sus lágrimas y fingiendo adaptarse al ambiente gris y anodino de su familia. Convive con su primo-marido enfermizo, cuida a su tía-suegra. Carente de vida moral, aparentemente fuerte pero íntimamente débil e irresoluta, aceptó el matrimonio con aquel primo que le repugnaba, porque no sabe mostrarse sincera y buscar su propia alma y su propia existencia, aun a trueque de un acto de rebeldía que le redimirá de aquel largo y odioso engaño.

Cuando aparece Laurent, sus instintos despiertan, la atracción del hombre, el calor fuerte y embriagador de su vida, no tardan en dominarla y en despertar en ella por primera vez, la pasión. Pero también suscitan , como una larga llama inapagable y cruel, la rebelión de Teresa contra todo su pasado de sumisión. Entregada a sus sentidos, por fin despiertos, se mostrará despiadada y furiosamente vengativa. No participará en el asesinato de su marido, pero es madre de la idea, aun sin palabras, con su mera presencia, y asistirá a él sin osar impedirlo. Luego vendrán las pesadillas, el insomnio, los fantasmas poblarán sus días y sus noches, las pasiones apagadas, los remordimientos, locura bajo la mirada acusadora de su tía y suegra que sabe lo ocurrido, pero que la parálisis le impide expresar... El crimen llama al crimen y el abismo al abismo. Sólo hay una solución para salir de aquel tormento y de aquellas miradas acusadoras de los vivos y de los muertos...

¡Cuántos crímenes pasionales presentes en las novelas, dramas o películas! Todos iguales y distintos. Sin embargo, en la relación amorosa se activan elementos ocultos o desconocidos que son sacados a luz por la fuerza arrolladora de las emociones. Pensemos en cuántos crímenes se han cometido en nombre del amor: un ejemplo clásico -no sólo en la literatura de todos los tiempos, sino también en la crónica "negra"- está representado, como en Teresa Raquin, por los amantes que asesinan al cónyuge de uno de ellos. Este caso es tan común y está tan asentado en la conciencia colectiva que se le puede considerar un topos.

Teresa me inspira miedo, sorpresa y compasión. Nunca, indiferencia. Por eso está ahí, en la memoria, que no en los afectos.

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