lunes, marzo 17, 2008

CONOCÍ DOS CASAS DE VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, EL ESCRITOR INCONFORMISTA Y OLVIDADO


Autor: ALEJANDRO CABEZA (www.alejandrocabeza.com/)



Casa-Museo de la Malvarrosa









Villa de MENTON ((Francia)
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La primera vez que vi el mar fue en la playa de la Malvarrosa de Valencia. Tenía 9 años. Asistí a un campamento del Frente de Juventudes ubicado junto a una mansión blanca que rompía con la uniformidad del paisaje. Se trataba de la Escuela de Flechas Navales. Se hallaba entre naranjos y la playa. Bastantes años después descubriría que dicha casa había sido del escritor, entonces maldito, Vicente Blasco Ibáñez. Construida en 1902, destacaba la gran terraza sostenida por cariátides, abierta al mar. Desde ella, instalado en una soberbia mesa de piedra, dicen, escribió Blasco Ibáñez algunas de sus obras más conocidas. El edificio, restaurado y reconvertido hoy en Casa-Museo alberga recuerdos, objetos personales y obras literarias del escritor valenciano, hijo de comerciantes aragoneses. Un lugar de obligatoria visita para todos los amantes de la literatura.

Blasco Ibáñez (Valencia 1867 – Menton, Francia 1928) estudio algunos cursos de la carrera de Derecho, pero fue novelista, periodista, editor, político republicano radical y empresario.


Sus continuas trifulcas con el Gobierno le provocaron persecución, cárcel y destierro que le obligaron a exiliarse a París donde asimiló el naturalismo francés al entrar en contacto con escritores de la talla de Émile Zola. Fruto de esta influencia surgieron sus novelas regionales como La barraca, Cañas y barro, Arroz y tartana, entre otras. Blasco Ibáñez sabe exponer, contar. Sabe colocar a cosas y seres en sus términos justos y domina la perspectiva en el paisaje. Gracias a él tenemos estas páginas descriptivas de ese trozo espléndido de la naturaleza y el paisaje español que es la tierra valenciana Su escaso bagaje intelectual, cierta zafiedad literaria, sus veleidades políticas radicales y su triunfo económico impidieron que fuese aceptado por los miembros de la Generación del 98, pero su realismo-naturalista y la creatividad desbordante de sus escritos, publicados por su propia editorial, ‘Prometeo’, hicieron de él el escritor más leído y traducido del momento.

Varios años después de la acampada infantil tuve oportunidad de hacer un viaje a Francia e Italia en compañía de Isa, una amiga zaragozana, y dos chicas francesas. Dicha amiga estaba terminando una tesis de licenciatura sobre Blasco Ibáñez al que conocía en toda su polifacética actividad artística y profesional. Uno de los objetivos de aquel viaje era visitar la villa que el escritor valenciano tenía en Menton (Provenza-Alpes-Costa Azul) ciudad francesa muy próxima a Montecarlo y San Remo (Italia). La villa se llamaba “La Fontana Rosa” y, aunque muy abandonada, tenía una vista soberbia sobre el mar de la Costa Azul. Todavía quedaban en sus dependencias bastantes carteles de las películas basadas en sus obras y que le dieron gran notoriedad universal (Sangre y arena, Los cuatro jinetes del Apocalipsis -basada en su libro, con el mismo título, de mayor éxito internacional, escrito en París durante la guerra del 14 y que, por el clima psicológico existente en la Europa de entonces y otras circunstancias de índole editorial, dio, varias vueltas al mundo. Libro al galope, se fue como vino, y hoy no lo lee nadie-, Mare Nostrum, Los enemigos de la mujer, etc.) Recuerdo que la persona que cuidaba de aquella mansión nos explicó que el escritor español era tan respetado en la comarca que los trenes que pasaban por las proximidades evitaban tocar pitidos para no molestarlo. Blasco Ibáñez iba al casino montado en un magnífico automóvil con chófer incluido.  Allí, me explicaba Isa, mantenía una tertulia con miembros relevantes entre los que se encontraba, entre otros, don Jaime, el pretendiente carlista, amigo también de Valle-Inclán. No sé de ningún escritor de la época, ni de ahora, que haya llegado a estos extremos de ostentación.

Sería, precisamente en esta villa, donde finalmente falleció este olvidado valenciano en 1928 a la edad de 61 años, después de haber escrito y vivido numerosas aventuras por todo el mundo. Recuerdo también de aquel viaje que al pasar la frontera hacia San Remo, los carabineros italianos trataban con una familiaridad chocante a las dos amigas francesas del coche y sólo nos pidieron el pasaporte a Isa y a mí, los dos españoles. Sentí envidia de estos países que ya pertenecían a la Unión Europea y permitían franquear la frontera sin apenas trámites. Afortunadamente, desde hace varios años también hemos alcanzado ese reconocimiento de europeos con plenos derechos.

No sé si la historia hace o no justicia a los protagonistas, pero la verdad es que Vicente Blasco Ibáñez, triunfador en su época como pocos, hoy sigue olvidado. Algunas de sus obras fueron transformadas en series televisivas de gran éxito, pero, de nuevo, está prácticamente ignorado, por no decir, proscrito. La Casa-Museo de la Malvarrosa (Valencia), muy distinta de la que conocí en mi infancia, constituye el único reconocimiento palpable que se le profesa hoy en día.

1 comentario:

  1. Enhorabuena, Luis, por tu excepcional síntesis sobre la vida y obra de Vicente Blasco Ibáñez. He leído muchas de sus obras, pero no conocía la existencia de estas dos casas.
    Gracias, además, por la publicidad que haces del libro de mi tesis doctoral.

    Un abrazo,

    José María

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