viernes, octubre 12, 2007

HACE 150 AÑOS: MADME BOVARY (1857-2007)


En mi reencuentro con la Universidad, tras 35 años de ausencia, estoy cursando, entre otras, la asignatura Literatura Española: Realismo y Naturalismo y desde la primera clase, recuerdos y pasiones literarias casi olvidadas han retornado a mi memoria y a mis afectos con tal pasión renovada que no tiene nada que envidiar a la que viví en los llamados años mozos...Heroínas literarias insignes como Emma Bovary, Anna Karenina, Ana Ozores, Fortunata e Isidora Rufete aparecen ante mis ojos y ocupan mi pensamiento como si el tiempo se hubiese detenido allá por los años 70. Quizás soy yo el que se quedó postrado, pero tales personajes, y es lo que pretendía expresar, no han perdido vigencia ni categoría de heroínas. Aunque son protagonistas de novelas modernas realistas, sus vidas están marcadas por el bebedizo envenenado del romanticismo. Emma y Ana son lectoras de novelas románticas que pintaban amores y sentimientos totalmente ajenos a la realidad. Fortunata e Isidora fueron víctimas de donjuanes de relativa estopa que llenaron su calenturienta imaginación de sueños y fantasías imposibles. Anna, también soñadora de quimeras.

En este año 2007 se debería haber celebrado el 150 aniversario de Madame Bovary. La obra se publicó por entregas en “La Revue de Paris” (1856) y desde el primer momento escandalizó. La protagonista, mujer de conducta libre, violentaba las costumbres establecidas. Flaubert, uno de mis escritores preferidos, fue procesado por inmoralidad. Afortunadamente pudo demostrar que el narrador no tiene que identificarse con el personaje de ficción ni suscribir sus ideas, aunque éste represente un problema social reflejado en una noticia periodística. Además, el suicidio de Emma al final de la obra podía interpretarse como una condena por su conducta adúltera...En otro momento, sin embargo, Flaubert acabará expresando confidencialmente la famosa frase: “¡Madame Bovary, soy yo”!

En el fondo, Flaubert incorpora la temática de la vida burguesa provinciana. Critica su modelo educativo y sus costumbres. Las clases medias aparecen retratadas con ironía, sobre todo, su egoísmo y su doblez. La rutina, el aburrimiento y la mediocridad de uno de estos personajes –Charles Bovary, doctor rural- llevará a Emma Bovary a aborrecerlo y a desear otra cosa. Sin embargo, los sucesivos amantes, en los que cree encontrar el ideal anhelado, acabarán en insatisfacciones totales que acentuarán su malestar y la incapacitarán para llevar las riendas de su atribulada vida.

La técnica narrativa, la originalidad formal, el uso del punto de vista, la maestría y la autenticidad con que se expresan los distintos personajes dan al texto un aire coral y dramático. La presentación de los mismos como individuos, pero dentro de un contexto social determinado, es otra de las innovaciones que incorpora Flaubert a su obra.

Emma Bovary es, en el fondo, una víctima de un sistema de valores burgueses y cristianos que vigilan su conducta y cuando ésta altera el orden establecido es castigada psicológicamente por ello. El resultado de este castigo suele ser el suicido. Gustave Flaubert, antiburgués declarado, crea a una heroína que se convierte en símbolo de todas las mujeres que pasaron por trances similares bajo la hegemonía de dicha condición social. Lamentablemente, tras 150 años, la prensa sigue dando noticias sobre abusos físicos y psicológicos de mujeres que hacen de Emma un símbolo que no ha perdido vigencia.

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