jueves, octubre 02, 2008

"YO VIVO EN PAZ CON LOS HOMBRES Y EN GUERRA CON MIS ENTRAÑAS"

Esta idea siempre me ha rondado por la cabeza y mira por dónde resulta que ya la formuló Antonio Machado en sus Proverbios y Cantares.

No sé si en general a casi todo el mundo le pasa lo mismo, pero yo me tengo que esforzar mucho para encontrar a una sola persona a la que odie. Para ser sincero, tengo que reconocer algo de fobia hacia algún político –ahora afortunadamente en el dique seco-, algún voceras mediático, a los comerciales que llaman en horas intempestivas y poco más. Hasta no hace mucho odiaba –y de qué manera- al perro de mis vecinos. Se llama “Trotsky” y durante años he tenido que soportar sus ladridos lastimeros en horas que tanto el cuerpo como el espíritu reclaman paz y sosiego. Pero, tras meditar al respecto, he llegado a la conclusión de que él es inocente. Los culpables son los dueños que lo tienen encerrado, olvidado y no han sabido o no han querido educarlo. Se lo regalaron a su hija para unos Reyes y la ilusión le duró poco más de una semana. Y ahí está dando guerra desde entonces. Quince años, aproximadamente. ¿Viven mucho los perros? Aunque antes del advenimiento del susodicho “can” había una relación cordial con sus dueños, luego ha habido algún que otro “rifirafe”, pero incruento, por supuesto. Ahora, se podría decir que nos ignoramos mutuamente. “Buenos días”,Vaya con el tiempecito” en el rellano o en el ascensor y poco más. El balance no puede ser más positivo: estoy bastante en paz con los hombres y mujeres de mi entorno. Igual que Don Antonio Machado.

No puedo decir lo mismo de mis entrañas. Y si "entrañas" es metáfora de conciencia, alma, corazón, sentimientos, demonios interiores, etc., como interpreto yo, la guerra es crónica y a veces despiadada. Con todos mantengo alguna que otra contienda ocasional, pero es mi propia conciencia la que me tiene en estado permanente de posición de combate. Es tremendamente obstinada, implacable y exigente. Nunca está satisfecha con lo que hago o dejo de hacer. Me quita el sueño y ella tampoco debe dormir mucho –cosa que no me consuela- porque no me deja en paz ni a sol ni a sombra. Sólo logro darle esquinazo haciendo cosas que acaparen todas mis energías y capacidades. En esas circunstancias, aunque acabe exhausto, consigo librarme u olvidarme coyunturalmente de ella.

Mi reflexión es muy simple: Si esto es así y mi experiencia es la más común del conjunto de los mortales, ¿por qué hacemos la guerra a los hombres? Bastante tenemos ya con la que libramos con las “entrañas”. ¿no?

6 comentarios:

  1. Yo creo que los que hacen la guerra con otros hombres huyen de sus entrañas. Siempre se habla de las naciones que entran en guerras contra otras potencias para aliviar los conflictos internos, quizás esa sea la explicación última de ese extraño comportamiento humano.

    ResponderEliminar
  2. Estoy de acuerdo con la primera idea, pero respecto a la segunda: ¿Entran en guerra las naciones o sus dirigentes? Esa es la cuestión, Dr. Krapp

    ResponderEliminar
  3. Excelente blog!!

    Un lujo tus ideas,

    y qué bien expuestas!


    ♥♥♥besos♥♥♥

    ResponderEliminar
  4. Los dirigentes se arrogan el derecho de actuar en nombre de las naciones aunque luego son los primeros en eludior sus responsabilidades cuando las consecuencias son desastrosas para sus territorios.

    ResponderEliminar
  5. Pero los mismos dirigentes no eluden arrogarse todo el mérito del éxito -si lo hubiere-, aunque se hayan limitado a contemplar la acción desde la poltrona...! Gentuza ¡

    ResponderEliminar
  6. Gracias,Mía. Eres muy generosa. Te devolveré la visita.

    ResponderEliminar