miércoles, junio 08, 2011

El encuentro azaroso con un viejo amigo convertido en un ... (EDUARD MÁRQUEZ)



 

De los tres libros que me trajo Sant Jordi, 2011 – Los enamoramientos de Javier Marías, El cementerio de Praga de Umberto Eco y El último día antes de mañana de Eduard Márquez -  comencé por el último por razones afectivas personales. El autor, Eduard Márquez (1960), al que ya dediqué una entrada  en esta bitácora, fue durante años compañero de trabajo y animador inteligente y jocoso de los viajes cotidianos sobre las “cuatro ruedas”. Un buen día abandonó la docencia, para la que estaba muy dotado (1), y se dedicó a escribir. Acertó de pleno. Sus libros de poesía, narraciones para niños y sus novelas, además de los reconocimientos en forma de galardones que ha recibido, dan testimonio de ello.

Paso por encima del comienzo estremecedor de la novela y por los distintos aspectos existenciales y autobiográficos de la misma, fruto de la experiencia de una generación que, por medio del protagonista de esta obra, reclama el derecho a exprimir su memoria que rompiendo el transcurrir lineal del tiempo irá vomitando de forma desordenada y convulsiva, sólo en apariencia, vivencias dolorosas y traumáticas para defenderse de las heridas lacerantes que han dejado. O, al menos, para restañarlas...

Sólo quiero hacer referencia a un episodio real reflejado en esta novela que alcanza la categoría de sobresaliente en cuanto a significación y leiv motiv desencadenante de episodios dramáticos... El encuentro azaroso con un viejo amigo de la niñez y juventud convertido en un mendigo:

Roberto está sentado en el Portal del Ángel con una lata para las monedas entre las piernas. Toca una armónica y tiene a su lado un carro de súper repleto de cartones y de bolsas de plástico. De la cadena que debería servir para engancharlo a otros carros, cuelga una cámara fotográfica de juguete de un naranja chillón. A pesar de los veinte años que han pasado, es el mismo Roberto de siempre”

“Pienso que debería acercarme, hablar con él, intentar responder un montón de preguntas pendientes. Quizá, incluso, pedir perdón”.

“Pero no me atrevo”

 

“No”

 

No he tenido una experiencia de esta guisa en toda mi vida, pero no dejo de pensar en cuál sería mi reacción si se  produjese...


(1).- Sigue ejerciendo la docencia  en la  Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès  (un centro de formación cuya finalidad es la enseñanza del arte y los oficios de la palabra)

 

26 comentarios:

  1. Muy bueno todo, traer a tu blog un buen escritor y además, recrear la historia del amigo vuelto mendigo.
    Felicitaciones y un abrazo desde el sur

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  2. Siempre estás rodeado de gente creativa e interesante, Luis, mis felicitaciones.
    No he vivido en primera persona esa situación pero si le ha pasado a alguien muy cercano. Creo que por mucho que se haya literaturizado románticamente la vida del clochard, del homeless, del vagabundo, es una situación realmente triste y dramática que nos hacer reparar en que hay algo más allá de nuestras cómodas prisiones cotidianas, tan tranquilizadoras casi siempre.

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  3. Pues yo si la tuve. Mi compañero de la infancia es un gorrilla yonki... que se veía venir: es cierto, pero duele. No sé, cómo ni porqué, si te das cuenta no lo veo desde octavo de EGB, pero me hizo sentir triste y no supe reaccionar. No supe si acercarme o echar a correr, si decirle algo o callarme. El tipo a pesar de su aspecto y de tener un brazo lastimado conservaba su altanería y supongo que su orgullo (al menos en ese momento).
    No, no supe reaccionar

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  4. Se me ha puesto un nudo en el estómago al leer la experiencia de tu amigo Eduard, Luís Antonio...

    Nunca he vivido tampoco una situación similar, pero sí que me encontrado a amigos, con los que había perdido el contacto, que no los he podido reconocer como tales, pues al contrario que Roberto, "que era el Roberto de siempre", en este caso no se parecían a la imagen que guardaba de ellos.

    Me ha parecido muy interesante tu entrada y también quiero añadir que, de los libros que citas, ya me he leído "Los enamoramientos" de Marías y, como siempre me ha gustado mucho, pues a pesar de no estar de acuerdo con sus opiniones como columnista, me parece un excelente escritor.

    Tomo nota de la de tu amigo Eduard Márquez para leerla con mucho interés.

    Un fuerte y cariñoso abrazo.

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  5. Hay algo conmovedor en la figura de los vagabundos. Forman parte de nuestra tradición. A la vez tan desvalidos y a la vez tan ajenos, en otra dimensión. Verse arrojado a la calle por tantos y diferentes motivos supone a la vez verse desahuciado por las mentes bienpensantes que sólo volverán a considerarlo si logra salir de ese infierno personal y volver a redimirse. Hace unas semanas leí que un famoso presentador televisivo americano, con una voz muy conocida y bien timbrada, por diversas circunstancias se había convertido en homeless, situación donde alguien lo reconoció. Es un descenso al infierno que, no obstante, vendría bien como experiencia durante algún tiempo a muchos de nosotros y sobre todo a triunfadores, banqueros y especuladores, que verían la vida desde otro ángulo. Y no te digo que no me gustaría ver a Emilio Botín con un cartón de vino don Simón tirado en la entrada en el metro. Quizás entonces me empezaría a suscitar algún interés. Curiosamente nuestra mayor belleza se da en la derrota, en la decadencia, en el dolor... pero esto no suele considerarse.

    He leído un par de libros de Javier Marías (de los considerados mejores) y llegué a la conclusión de que su voz narrativa, lo que me cuenta, no logra interesarme. Algunos lo llaman Javier Manías. Sus columnas monomaníacas lo muestran como un pedantillo que me cansa, aunque lo suelo leer para ver qué se le ha ocurrido esta semana.

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  6. Pues no me he encontrado nunca en una situación así, de forma que no sé lo que haría. Pero sí me pregunto muchas, pero muchas veces qué habría sido de determinadas personas si su vida hubiese sido diferente.

    Tomo nota de los libros.

    Un abrazo.

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  7. Tomo nota del libro de tu amigo, Luis. Intentaré hacerme con él.
    Respecto a la escena que nos has traído, yo sí viví hace unos años una situación parecida.
    Era una chica que había estudiado en mi colegio (compartimos desde párvulos hasta 8º de EGB). Nunca habíamos sido especialmente amigas, pero compartir tantos años hace que recuerdes perfectamente a la gente que estudiaba contigo... Me crucé con ella por casualidad, en el centro, y gracias a que tengo una memoria fantástica, la reconocí. Porque si no fuera por esa capacidad mía de no olvidar una cara por mucho tiempo que pase, estaba completamente irreconocible. Aún teniendo la misma edad, parecía muchísimo más mayor que yo... En cuanto la reconocí no dudé un momento en acercarme a ella y hablarle... La llamé por su nombre (y apellido... recuerdo de memoria casi toda la lista del colegio) y me miró (era ella)... La hablé, la intenté hacer recordar... le di detalles para facilitárselo... No hubo manera. No recordaba nada de aquella infancia/pubertad que compartimos.... Las drogas y el alcohol habían matado su capacidad de recordar.... Fue tristísimo para mí. Supongo que para ella no supuso nada... Ni siquiera se acordaría de ese encuentro 10 minutos más tarde...

    Un beso, Luis

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  8. "... a pesar de los 20 años que han pasado, es el mismo Roberto de siempre..."

    En esa frase, tal vez esté la clave, si se debiera buscar una clave, ya que si no la buscamos ¿qué sentido tendrían estos ejercicios de comunicación a los que nos abrazamos?

    ¿Quién es el mismo Roberto de siempre?

    ¿Lo sabe el escritor? ¿lo sabía el niño que fue su compañero?

    Existen pocas certezas en este planeta, azuzado siempre por una marea de infinitas dudas sin resolver, pero si hay una a la que tal vez podríamos dar categoría de certeza absoluta, esa sería que nunca entenderemos a nadie, ni nunca nadie nos entenderá a nosotros.

    No estamos diseñados para ello.

    Caer en la exclusión es lo más fácil del mundo, si no hay alguien lo suficientemente importante que tire del excluido.

    Basta que las reglas del juego harten a ese individuo, y se aparte de esa senda de comodidad y funcionalidad que nos exige la supervivencia.

    Ser funcional, ser útil, estar integrado, ¡Contar para la sociedad!

    Parecen eslóganes de manual. Tan absurdos como inevitables.

    Si le impresionó al escritor ese encuentro, podía haberse dirigido a él, sin ni siquiera identificarse.

    Es cierto que los indigentes callejeros emiten una extraña dignidad, que acompleja e inhibe de acercárseles, sobre todo los músicos que tocan en el Metro o en la calle.

    Tienen un halo extraño, que tal vez sea solo estético, y por dentro sean tan merluzos como somos los demás, pero cohiben un poco. Al menos a mí.

    Estupenda entrada, Luis Antonio, siempre tocando todas las teclas.

    Saludos.

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  9. Me has impresionado.
    Gracias por compartir un placer descubrirte.
    Saludos.

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  10. Me apunto la sugerencia. Le alabo la valentía de dejar el trabajo para dedicarse a la escritura.

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  11. Aunque no seamos conscientes, nadie está tan lejos de una situación así... yo sí lo he vivido en primera persona y así lo reflejé en una antigua entrada basada en ese recuerdo, que probablemente recordarás:
    un cafe

    Ese suceso, cambió bastante mi visión sobre ese ¿colectivo?. Pero ya antes de ello, la "buena gente" de la calle, me merecía todo el respeto del mundo... y siempre me ha intrigado saber cuando y porqué se produce ese último click que hace que abandones la dimensión en que vives. Todo un enigma... En fin!

    Abrazos.

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  12. Luis, estos encuentros van dejando de ser azarosos para ser casi habituales.
    Claro, que para verlos todo depende de por donde uno se mueva.

    Hacerlos literatura me parece formidable.
    Leeré "EL último día.." que nos recomiendas.Después de leer las críticas me parece interesante. Gracias, Luis, por la recomendación.

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  13. A enletrasarte:

    Bienvenido y muchas gracias por tus palabras.
    Un cordial saludo desde Barcelona

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  14. A Dr. Krapp:

    Bello y conmovedor comentario el tuyo, amigo Krapp

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  15. A ANABEL:

    Comprendo los sentimientos que expresas y que dicen mucho y bueno de tu corazón.

    Me alegra muchísimo saber de ti...después de tanto tiempo

    Un fuerte abrazo

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  16. A CRISTAL:

    Pues el comienzo de la novela agudizará el nudo del que me hablas...

    Estoy leyendo “ Los enamoramientos”, pero no me acaba de entusiasmar ni muchísimo menos. Lo bueno de las columnas de Javier Marías que también sigo con interés es que nunca te dejan indiferente. Y eso tiene mucho mérito.

    Un fuerte abrazo, Cristal

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  17. A Joselu:

    Tienes mucha razón en la sensación que producen estas personas de estar “ajenas, en otra dimensión”.

    Si se entera el Sr. Botín de la consideración en que lo tienes...no sé si te concederá un crédito.

    Javir Marías es pedante, chulo y reiterativo en sus obras, pero escribe muy bien. Y sus columnas no dejan indiferente

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  18. A Angie:

    Sé, al menos, de una persona de esas que ha tomado la decisión de automarginarse del mundo convencional sin que haya causas o carencias materiales que lo expliquen...Supongo que las habrá de otro estilo.

    Un abrazo

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  19. Yo tampoco he tenido una experiencia así en mi vida, y si la tuviera, me acercaría sin dudarlo ni un momento, sobre todo si lleva esa cámara de fotos de juguete para echarnos unas fotos juntos.
    Tiene buena pinta el libro, lo tendré en cuenta para leer en un futuro.
    Besoss!

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  20. A NOVICIA DALILA:

    ¡ Vaya experiencia penosa la que tuviste con esa chica...! Yo, insisto, en el supuesto de que tuviera que afrontar una experiencia de ese tipo ignoro qué es lo que haría. Prefiero que la vida no me depare un encuentro de esos...

    Feliz finde y un abrazo

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  21. A ATALAYA:

    Eres muy observadora y el detalle que indicas tiene bastante relevancia en la trama argumental.
    El protagonista de la narración que se encuentra con Roberto duda, no sabe si acercarse o no a él... le gustaría hacerle preguntas pendientes, quizá pedirle perdón... Pero no se atreve. Prefiere tomar la calle Condal y alejarse de él. Son muchos los recuerdos que le atenazan a partir de ese encuentro a pesar de los veinte años transcurridos...

    Tienes razón cuando dices que sobran motivos para excluirse de un entorno tan hostil. Sobre todo en la circunstancia que nos envuelve actualmente... Supongo que lo digno en estos casos no sería la integración forzada ni la exclusión, sino la lucha, pero quién tiene madera de héroe, ¿verdad?

    Gracias por tu comentario que, como siempre, es analítico, profundo e inquietante. No deja indiferente al lector aunque a veces lo desborde...

    Un abrazo

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  22. A Sudeste:

    Bienvenido y un saludo cordial

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  23. A Pedro Ojeda Escudero:

    Romper con los convencionalismos y salir del redil requiere mucho valor. Estoy convencido de que Eduard acertó. Sólo hay que ver su historia literario...

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  24. A cristal00k:

    He releído tu entrada, titulada "un cafe", y ha vuelto a impresionarme. No sé hasta qué punto los mismos protagonistas tiene claro el porqué de semejante decisión. Suponiendo que sea una decisión personal y no una circunstancia que les echa a la calle sin más...

    Abrazos

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  25. Al doctorvitamorte:

    Cada vez hay más gente tirada en la calle. Tienes razón, pero confío en no hallar a ningún conocido, aunque todos puedan levantarnos desasosiegos internos...

    Un abrazo

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  26. A VANESSA:

    Tu salida, ante una circunstancia de ese tipo, resulta como mínimo desconcertante...

    Un abrazo

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