viernes, agosto 31, 2007

UMBRAL: ESTILO SEDUCTOR Y NARCISISTA CONSUMADO


EL DIARIO DE TERUEL
Miércoles, 29 de agosto de 2007

TRIBUNA ABIERTA
Umbral: estilo seductor y narcisista consumado
Luis Antonio Pérez Cerra *

Umbral utiliza dos materiales fundamentales para la creación literaria: por un lado, su propia biografía, que transforma a su antojo –el de un consumado narcisista- y el lenguaje, dominado por una concepción muy rigurosa del estilo, que para él es una especie de actividad lúdica que conduce al arte, arte personal. El estilo es la seducción: “La seducción es más importante que la persuasión. Y más eficaz. La seducción no es el amor, sino lo único que está por encima del amor”. ("El fulgor de África").

Autor prolífico, ha escrito miles de artículos y más de un centenar de libros, mucho de ellos novelas, pero en todos prácticamente él es el principal personaje y único argumento consistente. Anna Caballé, autora de una profunda y original tesis doctoral sobre este autor (Francisco Umbral: el frío de una vida), se pregunta de dónde proviene esa necesidad obsesiva de reflejarse en la escritura exhibiendo sus heridas. Algunos pueden pensar que dicha obsesión responde a la necesidad de autobiografiarse, género en el que Umbral es un auténtico especialista, pero la autobiografía exige intención veraz y hechos, y tanto lo uno como lo otro escasean en sus escritos.

Umbral se camufla bajo aspectos variopintos que enmascaran su propia identidad y que parecen juegos que pretenden fundir y confundir a los lectores: el escritor burgués, el dandi, el quinqui vestido por Pierre Cardin, el comunista fashion, el articulista canalla, el hijo de una familia republicana, el discípulo aventajado de Gómez de la Serna y antes de Mariano José de Larra... Da la sensación de que pretende ser mitificado y aceptado como tal. Y la verdad es que lo ha conseguido. Son muchos los umbralistas que le profesan una fe inquebrantable y le rinden culto y pleitesía. Lo irracional de tal vasallaje les trae al pairo. Han quedado subyugados por ese estilo seductor y personalísimo que tan prodigiosamente domina Francisco Umbral. Es un gran fabulador de sí mismo, de su entorno y hasta de la Historia. Es tan lograda su capacidad de seducir que yo también, lo confieso, he pasado por ese trance de sometimiento pasivo y comprendo a los que permanecen en él, pero, espero, sea de forma circunstancial. El distanciamiento, la actitud reflexiva y el deseo de entendimiento ayudan a superar esa especie de encantamiento. Esta ha sido mi experiencia que utilizo a manera de aviso para navegantes... En el fondo, lo que siento hoy por Umbral, al margen de la pena sincera por su muerte reciente, se acerca más a la ternura que a la admiración incondicional ya que, intuyo, se trata de un hombre solitario, bastante a la deriva, muy vanidoso, y en lucha continuada con los mismos fantasmas que él se ha creado.Otra fórmula, también acuñada por él, certeramente señalada por Eduardo Martínez Rico ("La narrativa de Francisco Umbral 1965-2001") y que nos ayuda a comprender el estilo de Umbral es “la rosa y el látigo”. En estos dos polos, en la alternancia, simultaneidad y contraste de estos dos polos, entendidos de una manera muy amplia sitúa Umbral buena parte de su secreto literario, estilístico. Este combinar realismo con fantasía, lirismo con prosaísmo, elogios con injurias o insultos, vida y muerte, los términos más contrapuestos, buscando nuevos términos a los que oponerse, y con los que enriquecerse, es un rasgo esencial de toda la obra umbraliana. Él mismo lo reconoce cuando contesta a Ángel Antonio Herrera, quien le acusa de recurrir incluso a las calumnias sin medida: “Lirismo, sí, pero ahora vamos a decir una cosa concreta, y a ser posible negativa, y el retrato cobrará más fuerza”.

En lo que respecta a su obra, el caso de Umbral es fascinante, porque no sólo no hay consenso sino que las posiciones están totalmente enfrentadas: mientras para unos es el mejor prosista del siglo XX, para otros no deja de ser un escritor costumbrista antiburgués de periódicos. Para los interesados en escudriñar en la complejidad del ser humano, Umbral es una auténtica mina. Nadie ha descendido como él a sus demonios interiores dejándose llevar por los impulsos de sus emociones. Junto a esto, y por lo mismo, hay algo de salvaje y heterodoxia descontrolada en sus libros que provocan, repito, sentimientos encontrados: seducción y repulsa.En cuanto a los temas, aparte de Valladolid que le reporta recuerdos sobre la infancia y la adolescencia, y Madrid que le sugiere libros más volcados en el presente y menos nostálgicos, hay que reseñar también los temas del sexo, de la política, las relaciones sociales, el trabajo literario y periodístico como constantes de su obra en la que su propia persona y su estilo, tan personal que casi resulta intraducible, dan soporte fundamental y sólido.Y para terminar, no puedo evitar hacer alguna referencia a la que muchos consideran su mejor libro y obra maestra: Mortal y rosa. Aunque está escrita en presente se trata de un relato que vuelve una y otra vez al pasado, a su propio pasado, sus orígenes, literarios, profesionales, vitales, el pasado de sus amigos, de la vida española que él contempla desde su atalaya literaria. Es un libro de desesperación, doloroso, íntimo y un tanto panfletario contra el dolor y el absurdo de la muerte. Escribió este libro a raíz de la muerte de su hijo de apenas cinco años, pero me parece –y lo digo titubeando- que este no fue sino un pretexto para expresar inquietudes y tormentos de carácter más filosófico que humano.
* Licenciado en Filología Hispánica

6 comentarios:

  1. Querido Luís:
    Permíteme que continúe la polémica y te exponga
    algunas razones por las que me ha impactado
    sobremanera el concepto de narcisista y como lo usas.

    Para mi el narcisismo como calificativo general no es
    ni bueno ni malo y menos aplicándoselo a un artista.
    Todos somos narcisistas en algún grado y si no lo
    somos más, es quizá, porque no nos hacen el caso que
    nos gustaría. El narcisismo es un fenómeno saludable.
    Nos ayuda a sobrevivir. A Umbral quizá le haya ayudado
    a no suicidarse. La diferencia entre el narcisismo
    saludable y dañino es cuestión de grado. ¿Pero quién
    es capaz de medir ese grado?.
    Según el Doctor Vaknin el narcisismo dañino y su forma
    extrema DPN (Desorden Patólogico Narcisista), se
    caracteriza por su falta extrema de empatía (interés
    por otros). El narcisista considera y trata a otros
    como objetos para ser explotados.
    Entre este tipo de narcisistas están: Gengis Khan,
    Napoleón, Hitler, Stalin, Mussolini, Polpot, Saddam
    Hussein, Idi Amin, etc., etc.
    No creo que Umbral pertenezca a esta ralea.

    Releyendo algunos artículos de Umbral he encontrado el
    que se publicó en "el Mundo" el 25 de marzo de 2003
    "La niña de Basora" seguramente lo leerías en su día.
    No obstante te lo remito para que lo recuerdes. A mí
    me hace olvidar, hasta los desacuerdos que he tenido
    con él, en algunas frases lapidarias o de crítica
    exhacerbada.

    Creo que es obvio que se le puede perdonar cualquier
    egocentrismo que haya tenido en su obra y que quizá
    buena parte de ella y no mala, se ha debido a esta
    característica suya.

    Para mí, y perdona si no estás de acuerdo conmigo, el
    egocentrismo en su obra literaria es pura anécdota y
    bastante inherente a su condición de escritor. En todo
    caso se lo han permitido los lector

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  2. Hola Luis, no tengo suficientes argumentos para opinar sobre la vida y obra de Umbral. Pero tu artículo me parece muy bueno y me parece que este fragmento que recojo de tu opinión "En el fondo, lo que siento hoy por Umbral, al margen de la pena sincera por su muerte reciente, se acerca más a la ternura que a la admiración incondicional ya que, intuyo, se trata de un hombre solitario, bastante a la deriva, muy vanidoso, y en lucha continuada con los mismos fantasmas que él se ha creado" es lo que yo también pienso de él.

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  3. Ángel de S.M.12:33 a. m.

    Está muy bien y tiene cierto tufillo a seguidor arrepentido. Salvo alguna cacofonía (mira el texto), el artículo se ajusta a la norma y su contenido, a mi corto entender, es objetivo y correcto. Nunca me gustó Francisco Umbral. Lo consideré un poco fantasma: engreído, petulante... Pero si a ti te gustó en algún momento, me parece estupendo.

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  4. Estoy´de acuerdo con casi todas las reflexiones que viertes en tu escrito. Umbral no era un personaje que me cayera especialmente simpático, aunque reconozco que era un articulista fenomenal.

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  5. Jesús F.8:14 p. m.

    Apreciado Luis,regreso a Barcelona y encuentro tu artículo en el correo. Una alegría sincera. Pensaba contactar contigo para comunicarte que ese mismo día 29, y en Andorra - fuimos al ciclo de teatro que hacen los finales de verano con Angel/Angela; Mariano e Ina (algunas obras extraordinarias)- había leido con progresivo deleite y encantamiento tu artículo sobre Umbral. Tanto por tu conocimiento del mismo como por la profundidad y claridad del juicio expuesto. Por lo que deduzco del mismo hice bien en dejar de leerlo hace unos 15 años o más cuando abandonó las páginas del PAIS. Anteriormente había leído sus columnas con fidelidad y algunos de los artículos sobre literatura o historia de la literatura que iba sacando.No recuerdo haber leído libros suyos. Me cansó mucho el uso profuso de las barras (/) y sus "ventoleras " ideológicas. Posteriormente me dio pena la noticia del Premio Cervantes en boca de alguien como Pedro J. por quien no siento la mínima simpatía ni respeto.

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  6. Anónimo8:43 p. m.

    Querido Luís. ¡Ole tus eggs! Me encanta lo que escribes. Todo (lo poco) lo que he podido leer me gusta. ¿Por qué no me haces llegar alguna cosa más?. Hace mucho tiempo me lo prometiste.

    En cuanto a Umbral no puedo opinar sobre su calidad literaria ni humana porque:

    1º No tengo la suficiente formación para hacerlo.

    2º Nunca he podido terminar un libro suyo. Lo he intentado con cuatro o cinco novelas suyas.

    3º Solamente le vi una vez hace muchos años. Quizás más de veinte. Fue un vuelo Madrid-Barcelona y su actitud durante todo el viaje era para sentir vengüenza ajena. Trataba de ligar con una azafata, llamándola a voz en grito. Haciendo aspavientos para darse notoriedad... Daba la impresión de que estaba diciendo "eh, que soy Paco Umbral. En fin penoso.

    4º Nunca he leído un artículo suyo. Sólo de ver su nombre en el encabezamiento, pasaba de página.


    Es una opinión muy, muy personal. Lo siento por mí. Me hubiese gustado verle como tú le veías y ahora le ves.

    José María

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