Transmitir normas y reglas académicas sobre el lenguaje, además de pesado, provoca actitudes encontradas, pero casi siempre predomina el rechazo. Es muy habitual recurrir al consabido argumento de que atentan nuestra libertad de expresión y de que carecen de lógica para justificar tales actitudes de desacato...
Hoy, sin embargo, quiero abordar un tema lingüístico muy abierto a la participación activa y creativa de todos los hablantes, pero que apenas se practica. Me refiero a las onomatopeyas. Los que tenemos la fortuna de recibir comentarios de María (EL SACO DE MIS PENSAMIENTOS) ya estamos acostumbrados a recibir sus "Muaaaaaaaaaaaaakss !!!" (1) que, todo sea dicho de paso, nos colman de satisfacción. A ver si cunde el ejemplo...
La onomatopeya, como es bien sabido, es la imitación o recreación de un sonido para designarlo o referirse a él. Ejemplos clásicos: “guau guau”, “tic – tac”, “riiiing”, etc.
Uno de los recuerdos más gratos que conservo en la memoria es el de haber impartido una clase en un aula de niños de 3 a 4 años (niñ@s, para Cristal). Resulta que el Parvulario de mi colegio se había quedado en cuadro porque la mayoría de las maestras habían enfermado de gripe a dos días de iniciarse las vacaciones de Navidad. Los profesores de las demás etapas nos repartimos las sustituciones en función de nuestras horas de guardia. Pasar de BUP-COU a Eduación Infantil fue una experiencia tan grata como inolvidable. Al menos, para mí... Me dijeron que les enseñara vocabulario de las cosas y seres de su entorno más próximo. Se me ocurrió que trabajar de forma lúdica con las onomatopeyas podía responder a este objetivo.
Tras preguntarles si tenían animalitos en casa, les animé a que dijesen el nombre de los mismos e imitasen los sonidos que emitían. La propuesta fue tan bien acogida que enseguida se montó un auténtico “guirigay” coral. A duras penas conseguí distribuir el uso de la palabra pues todos tenían a algo o a alguien para imitar: perros, gatos, canarios, peces, hámsters, loros, pollitos, cerdos... Una auténtica granja. Pero lo más divertido fue cuando algunos, por iniciativa propia, pasaron a reproducir señales acústicas asociadas a los padres, abuelos, hermanos... Tuve que reconducir el tema hacia objetos domésticos, tales como el despetador, la batidora, el teléfono, etc. Las imitaciones que hicieron de algunos familiares son tan irreproducibles que harían sonrojar a los protagonistas de las mismas y pusieron de manifiesto algo ya sabido: los mayores olvidamos que los niños asimilan y reproducen lo que ven y escuchan... Tras aquella experiencia, harto divertida, cuando coincidía con alguno de aquellos parvulitos en el ámbito escolar, me saludaban con alguna que otra onomatopeya.
Muchos consideran que hacer uso de las onomatopeyas
resulta un tanto infantil. Nada más incierto.
Grandes escritores, sobre
todo poetas, han echado mano de estos recursos para lograr efectos sonoros de
gran belleza. Por eso, en las clases de literatura procede abordar el tema de las onomatopeyas, puesto que se trata de figuras retóricas muy expresivas. Me viene a la memoria la conocida de Garcilaso de la Vega: “En el silencio solo se escuchaba un susurro de abejas que sonaba”. Genial aliteración de las “eses”, ¿no?
No resisto la tentación de citar esta otra de A. Machado:
No resisto la tentación de citar esta otra de A. Machado:
"Rechinó en
la vieja cancela mi llave;
con agrio ruido abrióse la puerta
de hierro mohoso, y al cerrarse grave
golpeó el silencio de la tarde muerta"
golpeó el silencio de la tarde muerta"
Existen onomatopeyas en todos los idiomas aunque generalmente difieren de uno a otro, a veces radicalmente, ya que la mayoría de los sonidos no se pueden articular fonéticamente.

En esta Página Web hallaréis ejemplos divertidos de onomatopeyas de animales. No te la pierdas, además de aprender idiomas podrás observar la crisis del gallo español: ha perdido la cresta, el orgullo y el tono musical...Intuyo que la crisis también le está afectando...

En esta Página Web hallaréis ejemplos divertidos de onomatopeyas de animales. No te la pierdas, además de aprender idiomas podrás observar la crisis del gallo español: ha perdido la cresta, el orgullo y el tono musical...Intuyo que la crisis también le está afectando...
Según dicen, el idioma japonés es posiblemente la lengua más rica en onomatopeyas, ya que éstas se encuentran incorporadas en el habla cotidiana y son utilizadas tanto para describir sonidos como figuras o para enriquecer acciones. Para referirse al acto de caminar existen alrededor de diecisiete onomatopeyas diferentes para describir esta acción según lleven a cabo esa acción unos u otros...
Podría extenderme mucho más sobre este tema, pero lo dejo abierto por si alguien se anima a hacer aportaciones. De niños, todos hemos disfrutado con los cómics (antes, tebeos), dibujos animados, etc. En estos géneros, las onomatopeyas alcanzan gran protagonismo. De mayores, sin embargo, parecemos haberlas olvidado...Lamentablemente.
(1).- Traducción libre: “Beso largo, apretado y
cálido”









































